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Universos paralelos

Ramón de España

El estreno, el jueves pasado en TV-3, de la primera temporada de Fringe, creada por J. J. Abrams, el papá de Lost, me pilló inmerso en la segunda, recién llegada a casa por cortesía de Amazon. A Fringe nos hemos enganchado todos aquellos que aún echamos de menos a Mulder y Scully, pues no es más que una versión corregida, aumentada y puesta al día de Expediente X; en mi opinión, la segunda serie que más contribuyó a cambiar las ficciones televisivas (convendrán conmigo que la primera fue Twin Peaks, el magnífico delirio de David Lynch y Mark Frost).

Aunque en Fringe suceden muchas cosas insólitas, el centro de la trama es la vieja e indemostrable teoría científica de los universos paralelos, terrorífica donde las haya, sobre todo si en el otro mundo hay un doble de Joan Laporta. La idea de un universo inaccesible en el que todo se parece mucho al nuestro, aunque con diversos grados de evolución, a mí me pone los pelos de punta: ¿Qué habrá sido del otro Ramón? ¿Seguirá vivo? ¿Habrá formado una familia con aquella chica que lo plantó a principios del siglo XXI? ¿Habrá conseguido vender un número razonable de ejemplares de sus libros? ¿Habrá logrado levantar de una maldita vez su segunda película? Y lo que más me preocupa: ¿será más feliz que yo? (vale, eso no cuesta mucho).

De momento, disfruto de los universos paralelos con Fringe. Principalmente porque quien tiene la llave de entrada, el siniestro doctor William Bell, luce los rasgos de Leonard Nimoy, el señor Spock de Star Trek, cuyas esporádicas apariciones recibo en pie y haciendo el saludo de la Confederación de Planetas. De hecho, Fringe es por sí mismo un universo paralelo. En las noches que he pasado en él, no ha podido importarme menos lo que ocurría más allá de mi balcón. Creo que ahí radica la eficacia de estas nuevas ficciones televisivas: mientras estás metido en ellas, el mundo real parece menos importante y, sobre todo, menos estimulante. En pequeñas dosis (un episodio a la semana), apenas te afectan, pero si te tragas 22 seguidos de Fringe, llega un momento en que el doctor Bishop, su hijo Peter y esa especie de Virgen María con una Glock en la mano que es la agente Olivia Dunham se convierten en los miembros más apasionantes de tu familia.

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