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Yo qué sé...

En la mesa con Felipe

Xavier Sardà

Felipe González continúa siendo personalmente inclasificable. El jueves compartimos mantel y conversación. Magnetiza, pero no solo como expresidente, que los hay que aún hoy se albergan en la medianía. Salpica sus reflexiones sobre la crisis con recuerdos de sus años al frente del Gobierno. Presenta su libro Mi idea de Europa.

Seremos siete. Entre ellos Fuentes y Cuní, como siempre con cara de madrugón obsceno, y el director de esta casa, que vive con la prisa propia de su cargo. Al poco Felipe esgrime un puro que no parará de encenderse y apagarse. Lo coloca en el cenicero en pasmoso equilibrio, lo retoma poco después dándole una calada y lo devuelve a su inestable reposo.

-Pero estos del Fondo Monetario... ¿qué es lo que saben? Se equivocan siempre... Van por ahí como si fuesen infalibles y no dan una. De verdad que no tienen gran idea.

Me pasan la carta de vinos y se la doy.

-No, de esto no sé nada. Un buen priorato, lo que sea.

Se apasiona hablando y sabe cómo convertir un bocado en la pausa perfecta para escuchar una nueva pregunta. Y así administra dos horas de seriedad y humor.

-No, de verdad: si miras el mapa, Europa es pequeña; se trata de que no lo sea también social y económicamente. Lo que se ha hecho hasta ahora en Europa es un milagro, comparándolo con las guerras del siglo XX, pero ahora eso ya no vale. O se va más allá o se nos comen. Si esto va a la recesión o mantenemos un crecimiento muy débil se agravarán los desequilibrios financieros y las deudas serán de órdago.

La cocina de diseño requiere una pericia casi malabar, pero Felipe prestidigita sin perder la concentración.

-Las multinacionales producen hoy en mercados precarios, en cualquier sitio, al mismo tiempo y con salarios miserables... Una vez estaba con Fidel y el camarero me tiró salsa en el pantalón. Al limpiarme con una servilleta me fijé en que Fidel llevaba unas zapatillas Nike, y le dije: «Oye, Fidel, llevas calzado fabricado en el tercer mundo por niños explotados con salarios de vergüenza». Me contestó: «Chico, me duelen los pies, que ya soy viejo...», y me pegó un mitin que aún dura.

Sobre Catalunya habla con delectación. Yo le digo que parece un rockero cuando dice «Bona nit, Barcelona».

-Para nada. Cuando era presidente, el 75% de las peticiones para que acudiese a actos sociales o políticos eran de Catalunya. Era así, os lo aseguro. Ahora estáis en un momento en el que parece que a la gravedad de lo que sucede le añadís conflictos artificiales. Pero bueno... veremos en qué queda todo.

Recuerda que cuando dejó la presidencia se sintió liberado. «¿Sabes lo que es dejar de tener varios teléfonos en la habitación?» Lo peor, el terrorismo.

-A mí me montaron una huelga general de verdad. A los seis meses gané las elecciones.

Recordamos su foto con abrigo negro en la Brunete. Ha llovido mucho. Yo qué sé...

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