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Yo qué sé...

¿Y si un jugador del Barça se casase con uno del Madrid?

Xavier Sardà

¿Puede darse hoy en día una relación de amor tan conflictiva como la de Romeo y Julieta? Si pensamos un minuto, la respuesta es que no. Ni una pareja del PP y el PSOE, ni un madrileño y una catalana independentista, ni payo y gitana... Pero si pensamos dos minutos, se hace la luz. ¿Qué pasaría si se enamorasen un jugador del Barça y uno del Madrid?. Imaginemos el drama de Shakespeare, con leves cambios.

Jugador del Madrid (J. M.): «¿Por qué no reniegas del nombre de tu equipo? Y si no tienes valor para tanto, ámame y no me tendré por madridista».

Jugador del Barça (J. B.): «¿Qué hago, seguir oyéndole o hablar?»

J. M.: «No eres tú mi enemigo. Es el nombre del Barça que lleva tu equipo. ¿Por qué no tomas otro equipo? La rosa no dejaría de ser rosa y de esparcir su aroma aunque fuese de otro equipo. Deja tu equipo, que no es cosa sustancial, y a cambio de tu equipo toma toda mi alma».

J. B.: «Si de tu alma me apodero, llámame tu amante y creeré que he fichado de nuevo y he perdido el equipo del Barça».

J. M.: «¿Cómo has llegado hasta aquí y para qué? Aquí podrías tropezar con la muerte siendo quien eres, si alguno de los socios te hallase».

J. B.: «Más homicidas son tus ojos, Dios mío, que los bates de béisbol de 20 socios tuyos...»

J. M.: «Yo daría una Liga para que no te descubrieran».

J. B.: «Júrote, amado mío, por la Liga...»

J. M.: «No jures por la Liga, que en su rápido movimiento cambia de aspecto cada semana. No vayas a imitar su inconstancia».

J. B.: «¿Pues por quién juraré?»

J. M.: «No jures. Aunque me llene de alegría el verte, no quiero esta noche oír tales promesas. Son como el rayo (no el vallecano) que se extingue apenas aparece. Aléjate ahora. Quizá cuando vuelvas haya llegado a abrirse, animado por las brisas del estío, el capullo de esta flor·». (sic)

Fin.

¿Os imagináis? Claro, Romeo y Julieta mueren, pero ¿y si estos jugadores no muriesen y además se casasen? ¿Qué pasaría con las respectivas aficiones? ¿Tendrían una alegría por la felicidad de los contrayentes o les maldecirían para siempre por traidores?

Es más: ¿qué pensarían los gais del Barça y del Madrid? ¿Qué puede más: el orgullo gay o el orgullo culé? ¿Os imagináis el próximo encuentro Madrid-Barça? Un leve error, una jugada torpe... y la catarsis.

Bromas aparte, en un mundo en el que la homosexualidad tiende por suerte a su normalización, observemos que hay tabús más profundos. ¿Qué futuro tendrían estos jugadores? Una relación de amor podría ponernos en evidencia porque atenta contra los sentimientos del colectivo. Su amor sería una afrenta a la teatral rivalidad deportiva y a su simbología de lucha sin cuartel.

No te digo ya si los jugadores son portero y delantero. Llega el instante atómico del penalti y lo tiene que chutar el jugador enamorado. En la portería, su amor. ¿Hay que marcar?

Yo qué sé...