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Dos miradas

Asentamientos divinos

Emma Riverola

Este domingo sabremos si Israel amplía la moratoria sobre la construcción de colonias. EEUU, la UE, la ONU y Rusia presionan para que así sea. Los palestinos ya han anunciado su retirada de las negociaciones de paz en caso contrario. Si Israel cede, los colonos tronarán. Y su clamor podría hacer tambalear al mismo gobierno de Netanyahu.

Desde los años 70, los colonos libran su guerra particular para hacerse con la tierra bíblica. Impelidos por una visión mesiánica, pretenden conquistar la antigua Judea y Samaria a golpe de excavadora y fusil. Dispersan al enemigo minando el territorio de carreteras bajo su control y lo abaten robándole el agua, condenándolo a la miseria.

Los colonos son un enemigo para Palestina, pero también para Israel. El conflicto es largo, complejo y cargado de razones convertidas en sinrazones. Demasiado miedo, demasiado odio, demasiados muertos. Y, en ambos lados, surge la simplicidad del fanatismo. La barbarie del pensamiento sin matices. Sin ningún intento de comprensión.

La sensación de círculo vicioso es evidente. De nuevo, hay conversaciones de paz. Cambian los escenarios. Cambian los líderes. Solo algo evoluciona: el cansancio. El mundo parece harto del conflicto. Los pueblos de Israel y Palestina también están exhaustos por tanta sangre vertida. Quizás ésta sea la única esperanza. Un pacto nacido de un último y desesperado desaliento. Una paz rendida.

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