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Dos miradas

Lágrimas de otoño

Emma Riverola

Mira el calendario y baja los párpados. Como si así pudiera borrar la estación. El otoño no es bueno para ella. El viernes tiene cita con la psiquiatra. Mientras tanto, no hace más que mirarse. Mirarse y medirse. Quizá hoy le ha costado un poco más levantarse. Quizá tiene menos apetito. Quizá el nudo de la garganta es un milímetro más estrecho.

Teme que la mente vuelva a ser su prisión. Un laberinto de pasadizos con todas las puertas cerradas. Solo frío. Y oscuridad. Y ese aire viciado, esa asfixia. Un ahogo de lágrimas atragantadas. La opresión de los ojos que la miran sin entender. Y el deseo, de nuevo, de tornarse invisible. De desaparecer para todos. También para los que aún la quieren. Porque hasta el amor le pesa. Un aguijón de tristeza torturando el corazón. No, no quiere que vuelvan las noches oscuras. Cuando solo parecen quedarle fuerzas para musitar un perdón y un adiós.

Ella son muchos. La depresión es un fenómeno creciente. Según la OMS, en el 2020 será la primera causa de discapacidad. A pesar de ello, aún planea cierto estigma sobre esta enfermedad, como si todo aquello que no se ve ni se toca fuera cuestionable. El laberinto existe. La comprensión puede ayudar a hacer más cálidos sus pasadizos. Y la prevención, las terapias y los fármacos derribarán sus muros. Aunque, a veces, el calendario se empecine en teñir los días de gris.

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