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Dos miradas

¡Yo también estoy malo!

Emma Riverola

Grita el niño tramposo que no quiere ir a clase. O el dirigente del PP que busca votos al precio que sea.

Y en estas que llaman a Sanchez-Schmid, la eurodiputada de Sarkozy. Llega con su estetoscopio a auscultar el pálpito del barrio. La expectación es máxima y el examen, cómo no, confirma el diagnóstico. Sí, efectivamente, detecta problemas con los gitanos rumanos. ¡Bien!, exclama la comitiva del PP. Y se regodea con el éxito de la visita. No habría podido ir mejor. ¡Nosotros también sufrimos el mismo mal que Francia! ¡Adelante! Carguemos las armas de la xenofobia. Recorramos los barrios más problemáticos y recojamos la munición de las quejas y el descontento. ¡Qué más da si eso aviva el incendio! Que estallen los polvorines. Quizá así podremos arrancar algunos votos. Si a Sarkozy le funciona, ¿por qué no al PP?

Es fácil. Fácil y tentador. La crisis galopa. La gente lo pasa mal. Mal de verdad. Algunos barrios se tiñen de pobreza. Generalmente los de mayor inmigración. La pobreza lleva a la impotencia. Y siempre hay quien escoge la delincuencia para sobrevivir. Los que cada día se dejan la piel trabajando por la integración y la inserción laboral en los barrios más conflictivos, lo saben bien. Las ayudas son insuficientes y los ánimos están calientes. Lo suyo sí es difícil. La visita turística de Sánchez-Camacho, no. Tan solo es una cuestión de conciencia. Y de decencia.

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