Carta de un DIPLOMÁTICO

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Los medios de información de EEUU han vivido estas fechas pendientes de los triunfos iniciales del Tea Party en las primarias del partido republicano. No es fácil describir al Tea Party, un movimiento -no un partido político- que está, desde la derecha, irritado con los dirigentes actuales, incluso con los del partido republicano al que muchos de sus miembros vienen votando, y exasperado por el crecimiento del Gobierno.

Hay pronósticos de todo tipo sobre su futuro. Los políticos que se sitúan a la derecha del partido republicano o a la izquierda del demócrata no tienen éxito nacional en EEUU, pero figuras destacadas republicanas empiezan a ver con aprensión el avance de esta corriente de pensamiento. No solo disienten de ella sino que ven peligrar sus puestos por el talante actual del electorado.

La política local pura ha acaparado la atención. Surgen, con todo, otras noticias relacionadas con el mundo islámico. El anuncio del pastor de Florida que quería quemar el Corán hizo correr ríos de tinta. Amedrentó a las autoridades de Washington y del mundo creando una situación curiosa: por temor a las represalias del fanatismo musulmán, la hipótesis de un acto aislado de un pastor que tiene 40 feligreses tuvo al mundo y al Ejército estadounidense en vilo. El mundo es una aldea y el fanatismo musulmán, por un acto irrespetuoso de un tipo que no representa a nadie en busca de publicidad, pone al planeta de rodillas.

Ahora viene algo de más calado relacionado con una amenaza islámica más seria para EEUU, la que representa Irán. Washington está a punto de aprobar la mayor venta de armas de su historia. El destinatario es Arabia Saudí y la operación comercial no se entiende sin ver en el fondo la presencia ominosa de Irán. El régimen de Teherán sigue sin dar explicaciones satisfactorias sobre su programa nuclear. Antes toreaba a las seis potencias que pedían aclaraciones, ahora se escabulle también del organismo competente de la ONU, y abundantes especialistas yanquis creen que los ayatolás tendrán la bomba en unos cinco años.

Eso es mentar la bicha en numerosos países árabes, ¡un rival tradicional con el arma nuclear!, y Arabia Saudí, el más rico, quiere tener elementos de defensa o disuasorios. Obama ha de obtener la autorización del Congreso para la operación. Los presidentes republicanos Reagan y Bush padre vieron sus peticiones demoradas y reducidas, pero se cree que esta vez no habrá excesivas dificultades. Israel es menos adverso que en el pasado a esta venta y el lobi judío ha propagado reiteradamente las bravuconadas y sandeces del iraní Ahmadineyad, sus dudas sobre el Holocausto, su afirmación de que Israel sobra en el mapa de Oriente Próximo, etc. Blair, en sus recientes memorias, es categórico: la posguerra de Irak estuvo mal planeada por los aliados, pero se convirtió en una catástrofe por la intervención de Al Qaeda e Irán.

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El paquete comercial que está a punto de cerrarse incluye 84 aviones F-15 y la modernización de otros 70, amén de 70 helicópteros Apache de ataque, 72 Black Hawk de transporte, etc. Hay también algunas unidades navales. La venta tiene el trascendental componente político citado y otro muy jugoso económico: puede ascender a 60,000 millones de dólares. Además, el Pentágono con sus asesores pondrá otro pie en la zona.

Ahmadineyad llega estos días a la ONU a lanzar en la Asamblea anual su soflama visionaria. Puede que sea saludado con el anuncio de la venta del armamento.