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Laura Dixon: «Los expatriados vienen en busca de un sueño»

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Laura Dixon: «Los expatriados vienen en busca de un sueño»

DIEGO CALDERÓN

-¿Sigue calando eso de que Spain is different entre los británicos?

-Sí, pero de diferente manera. En los sesenta, para los británicos España significaba fiesta, flamenco, burros. El programa del franquismo para atraer al turismo británico funcionó. Ahora esa España está en Torremolinos, en Benidorm. Hay otra España, la de Barcelona, que es vista como tolerante, bohemia, y es esta la que buscan los expatriados.

-No me negará que Benidorm es un imán para los ingleses.

-Mire, primero tengo que explicarle algo sobre los expatriados.

-Ilústreme, por favor.

-El expatriado británico pertenece a la clase media y no migra por cuestiones económicas. Sale buscando un sueño, una promesa de felicidad, de algo auténtico. Rechaza Benidorm y Torremolinos porque para la clase media británica ya no son auténticos. Es Barcelona lo que imaginan es auténtico.

-Vamos por partes: el expatriado deja su tierra y vive en otro país.

-Sí, y el que viene a Barcelona o a Sitges, que es donde yo hago mi trabajo de campo, suele tener cuentas pendientes con Gran Bretaña.

-¿Cuentas pendientes?

-Huye de la cultura calvinista del trabajo y del sufrimiento. Quiere alejarse de las obligaciones sociales y construye la fantasía de que en Barcelona todo es diferente.

-¿Y busca la felicidad aquí?

-Sí, Sitges o Barcelona representan para ellos la autenticidad: un lugar con tradición, con señas de identidad y nada conservadoras. Su sueño es tomarse una sangría con un Juan en una terraza. Así se sienten más cosmopolitas, más europeos.

-¿Quieren ser europeos?

-La clase media, sí. Ven en lo europeo lo sofisticado. Mire, con el low cost se ha generado algo interesante: la clase obrera y la clase media se mezclan en Sitges, en Benidorm. Los primeros vienen de vacaciones. Los segundos se establecen aquí.

-¿Y de dónde sacan lo de la autenticidad?

-La gente de 50 o 60 años ha crecido escuchando que España es auténtica. Mi generación lo hace con la idea de que Barcelona es una ciudad tolerante, artística y abierta. Vivir aquí otorga sofisticación. Entonces, la gente quiere formar parte del lugar; no ser un turista.

-¿Encuentran lo que buscan?

-Hay excepciones, pero suele pasar lo contrario. Cuando ven que no pueden integrarse, crean comunidades cerradas de expatriados. Muchos no tuvieron en cuenta que la lengua sería un problema. Otros intentan integrarse, pero no pueden.

-¿No pueden?

-En Sitges, por ejemplo, los ingleses casi siempre se reúnen con ingleses. Hay bares a los que acuden los que son de una misma nacionalidad.

-¿Y qué hacen cuando el sueño se rompe?

-Regresan o se van a otros países. Por ejemplo, a Italia. Cuando se marchan, piensan que es el lugar lo que no funcionó.

-¿Por qué les es tan difícil?

-Por la lengua, por ejemplo. Además, es un sueño, es algo imaginado. ¡Nadie se convierte en otra persona por estar en otro lugar! Es la gente cercana y la familia los que te hacen ser tú mismo.

-Su tesis pone en jaque qué es ser británico.

-Lo que yo propongo es que se debemos reflexionar si el modelo ecónomico, político y social británico hace infelices a las personas. La clase media busca fuera algo que no encuentra en casa.

-Por cierto: ¿cuántos británicos hay en Sitges?

-Unos 2.000. Yo he trabajado con unos 150.

-Sea sincera: vino a Sitges por las playas y el sol.

-[Se ríe] ¡No! Escogí Sitges porque es un compendio de todo lo que busca la clase media. En su imaginario es cosmopolita, abierta, liberal, cultural. Un 20% de la población de la ciudad son vecinos de toda la vida; un 20% son parte de esta comunidad de expatriados y un 60% van y vienen.

-Lo siento pero la palabra expatriado no tiene mucha gracia.

-Pero es así como se definen ellos. Le pondré un ejemplo. Un día un británico me decía que Sitges es muy «cosmopolita»: «Hay expatriados ingleses, holandeses, franceses, inmigrantes paquistanís». Un expatriado nunca se ve como un inmigrante.

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-Y usted se ha sentado en una terraza con Juan.

-[Se ríe] Aún no.