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La rueda

La bandera de Rafael Casanova

Joaquim Coll

Como cada Diada, este próximo sábado representantes de las instituciones, partidos, sindicatos y entidades de todo tipo desfilarán ante la estatua de Rafael Casanova, conseller en cap durante el sitio borbónico de Barcelona en la guerra de sucesión española del siglo XVIII. Y, como cada año, entre los dedos de la mano izquierda de Casanova, que con una elegante expresión romántica sostiene el pendón de Santa Eulàlia, los independentistas colgarán la noche anterior una bandera estelada de fondo azul, que ondeará durante todo el día 11. Sinceramente, no se entiende que las autoridades permitan, no ahora sino ya desde el restablecimiento del autogobierno, que un símbolo no oficial ocupe una lucida posición simbólica en el acto más importante de la Diada, como mínimo hasta que Pasqual Maragall decidió, acertadamente, completar esta celebración con el homenaje popular a la senyera que se celebra desde el 2004 en el parque de la Ciutadella.

Catalunya solo tiene una bandera, la senyera. La estelada es un símbolo independentista, que tiene todo el derecho a exhibirse en manifestaciones partidistas, pero que no puede convertirse en protagonista de la Diada en nuestros monumentos, plazas, calles o en los balcones de algunos ayuntamientos, que, recordémoslo, también son poderes públicos. La indolencia política de la izquierda catalana en esta cuestión, sumada al miedo a provocar altercados en un día que parece apto para las expresiones más radicales, unido a la complacencia ideológica de la derecha nacionalista hacia el independentismo, ha permitido hasta la fecha la perpetuación de este despropósito. Además, pretender convertir al moderado Rafael Casanova en un precursor de la ruptura con España es ridículo, cuando es sabido que este conflicto dinástico fue esencialmente una guerra civil entre unas tendencias centralizadoras y otras federativas. Parece que este año habrá más mossos alrededor del monumento, al objeto de impedir las tradicionales broncas e insultos a los políticos. Quizá así algunos, mientras depositan las flores, tendrán la calma suficiente para preguntarse cuál es la bandera de Rafael Casanova.

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