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La rueda

Vacaciones fuera de temporada

Najat El Hachmi

Cuántos elogios reciben las vacaciones y los viajes fuera de temporada, cuando el resto del mundo trabaja. Es cierto, los desplazamientos son más cómodos cuando no hay una multitud agarrada a la cinta transportadora, allí donde menos probable es que alguien te meta un codazo para coger su maleta el primero. Es menos estresante no tener que defender tu lugar en la cola del autobús y, una vez dentro, no tener que coincidir con pieles pegajosas y desconocidas. Es agradable subir a un avión medio vacío y que los controles de seguridad te humillen ante una fila más corta de espectadores, y que lo hagan incluso con una sonrisa.

Pero ahora toca pagar la otra cara de la moneda: volver a casa cuando todo el mundo está fuera es confortablemente desolador, como si todo el mundo formara parte de un club que dedica agosto al descanso y a la retirada playera, y los que nos quedamos fuéramos los exiliados, que en lugar de haber marchado del país fuera el país el que nos ha dejado. Recuerdo una sensación parecida cuando en la televisión veo que hablan del Ramadán. Taoufik Cheddadi, con su pedagogía habitual, intenta explicarlo en el canal 3/24. Dice que la fuerza que encuentran los musulmanes para pasar sin comer ni beber desde las cinco de la mañana hasta las nueve de la noche es por la fe en Dios.

Quizá, pero me parece, por lo que observo entre los practicantes, que piensan más en los hombres que en la divinidad. Formar parte de un grupo que pasa hambre y sed al unísono puede ser motor suficiente para aguantar estos días, saber que el esfuerzo no es individual sino colectivo y que esta perseverancia te hará ser reconocido como uno más. Los relatos identitarios mueven montañas y desprenderte de este relato, como de las vacaciones de sol y playa en agosto, es dejar de formar parte de él. Lo cierto es que el Ramadán se hace más pesado aún cuando la sociedad que rodea a los musulmanes no solo no entiende la práctica sino que la considera una muestra de poca integración. Que Abidal y Keita lo cumplan puede que ayude más a entenderlo que el sermón más convincente sobre las libertades religiosas. Al final, el Barça nos lo acaba solucionando todo.

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