27 oct 2020

Ir a contenido

La rueda

¿Por qué comparan con Kosovo?

J.M. Terricabras

Hace poco, el Tribunal Internacional de La Haya dijo que el derecho internacional no puede oponerse a la independencia unilateral proclamada por Kosovo hace unos meses, simplemente porque una declaración de independencia es un acto político, no jurídico. Serbia había pedido un pronunciamiento a este tribunal, quizá porque no se esperaba que fallara en esa dirección.

De inmediato, destacados personajes del Gobierno español –la vicepresidenta, el ministro de Exteriores–, pero también el president Montilla, se han apresurado a decir que Kosovo no tiene nada que ver con Catalunya y que, por tanto, es mejor no fijarse en él. Pero, si de verdad creyeran que los dos casos no tienen nada que ver, seguro que no se darían tanta prisa en compararlos. Cuando hablan de humo, es que ya atisban el fuego. La Casa Blanca también ha dicho algo parecido. Sin embargo, recordemos que en 1999 dijo que Kosovo nunca sería independiente. Y en el 2008 apadrinó la independencia del país. Lo de nunca y siempre en política no significa nada.

Que el Gobierno español, que ha reconocido a todos los estados del mundo, aún no reconozca a Kosovo es llamativo. En realidad, se está entrenando para no reconocer a Catalunya dentro de poco. Pero entonces no podrá invocar tampoco la Constitución española, que dice que el Ejército debe velar, e intervenir, para mantener las fronteras. El Tribunal de La Haya también ha aclarado este punto: las fronteras intocables son las exteriores, porque ningún país debe invadir a otro (¡si no es del eje del mal, claro!), pero, en cambio, la independencia de una zona del país solo remueve las fronteras interiores, no las exteriores. Por otro lado, hoy la independencia no significa crear una frontera nueva, sino convertirse en mayor de edad y poder tomar decisiones por sí mismo.

De momento, nuestro Parlament da una de cal y otra de arena: aprueba una ley de veguerías, que no puede aplicar y que congela, pero al menos prohíbe las corridas de toros. Si todavía no hemos llegado a la mayoría de edad, muchos ya se dan cuenta, de mala gana, que estamos más cerca de ello.