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El epílogo

El PSC en la encrucijada

Enric Hernàndez

El PSC se juega estos días algo más que su suerte electoral; de cómo supere el envite del Tribunal Constitucional contra el Estatut depende en gran medida su supervivencia como partido central de Catalunya, ejerza este papel desde el poder o en la oposición.

El president José Montilla afronta en apenas una semana tres match-balls: el pleno del Parlament sobre la sentencia del alto tribunal; la votación en el Congreso de las propuestas de resolución del debate sobre el estado de la nación; y el encuentro (o encuentros) con José Luis Rodríguez Zapatero. Y, para su infortunio, en los tres casos el servicio le corresponde al adversario.

La multitudinaria manifestación del 10-J, más allá de las consignas coreadas, fue expresión de un clamor unitario que devuelve la pelota al tejado de los partidos, conminados a traducirlo en una moción conjunta en defensa del Estatut refrendado en las urnas. La lógica política aconsejaría un acuerdo de mínimos, solo para rescatar los artículos cercenados por el Constitucional, pero la lógica electoral aboca irremisiblemente a una subasta soberanista entre CiU y ERC. Una puja a la que el PSC solo debería sumarse si está dispuesto a romper definitivamente con el PSOE y, de paso, a dilapidar sus ya precarias expectativas electorales.

Porque, obligado a encabezar la respuesta catalana al recorte del Estatut, Montilla ha alzado la voz en términos que, negro sobre blanco, los 25 diputados del PSOE no podrían votar en Madrid, privados como están de libertad de voto. No les falta razón a los consellers del PSC que ayer le pidieron un golpe de autoridad ante Zapatero, pero habría que precisar hasta dónde puede llegar ese órdago. El último, cuando el PSC amenazó con tumbar el presupuesto del Estado si antes no se pactaba la financiación autonómica, pronto se reveló como un pueril farol.

Independencia del PSOE

Ante el mayor desafío desde su fundación, el PSC está en la peor encrucijada: o fuerza a Zapatero a recomponer el Estatut que él ayudó a promulgar, o se suma a la senda soberanista independizándose del PSOE. Y el último, que apague la luz.

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