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Siete x siete

Desde lejos, también es un lugar extraño

Najat El Hachmi

Leyendo la prensa desde las antípodas, por un momento me vi en la situación del personaje de Tom Hanks en La Terminal, que cuando está en el aeropuerto su país desaparece por un golpe de Estado y se queda sin un lugar al que regresar. Solo que al revés, claro. Viendo de lejos el éxito de la manifestación del sábado he pensado que Catalunya plantaba definitivamente al Estado español harta del mal trato al que la somete. Dicen mis amigos independentistas, los que lo son sin ningún tipo de fisuras, que este tipo de cosas ocurren como si nada, de la noche a la mañana. Y solo viendo lo que me llegaba virtualmente la mañana del domingo pensé, ya está, ya ha pasado. Es lo que tiene vivir las cosas desde lejos, que en lugar de sentirlas e interpretarlas por ti mismo te acabas fiando de las impresiones de los que las relatan. Por ello ya me veía como una abuela frustrada no pudiendo contar a mis nietos, dentro de muchos años, qué hacía aquel 10 de julio del 2010 tan importante para Catalunya.

Pero somos un país de paradojas. En un control de aeropuerto donde aleatoriamente soy elegida (qué suerte, otra vez, qué casualidad) para un registro especial, de pronto veo cómo mi pasaporte español me salva de estar más tiempo atrapada en tierra de nadie. «¡Oh! España, muy bueno», me dicen, «¡estarás muy contenta!» Digo que sí para no perder tiempo y decido que aquí obviaré deliberadamente cualquier explicación relacionada con la manifestación. Ni expreso mi incomodidad con el patriotismo rancio que destilan algunos anuncios de la Roja ni explico que una parte de la población está indignada porque los jugadores recibirán una prima de 600.000 euros si ganan. Pero la cantinela de las felicitaciones voy escuchándola por todas partes, exactamente en los mismos lugares donde antes me decían: «¡Barça!», «¡Messi!».

Miro los periódicos del lunes y ya no sé lo que pensar ni sentir: los espacios antes repletos con estelades ahora los ocupan banderas españolas. Del Som una nació al «somos los mejores del mundo». Un SMS de una cadena de perfumerías me despierta de madrugada: «Felicidades, ya somos campeones».

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