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Siete x siete

Cuando el fútbol no es así

Antón Losada

No sé de fútbol y lo juego fatal. Lo único que sé es que me gusta, que gana quien juega mejor sin balón y que cuando se rebela contra lo que debería ser y sucede lo inesperado compone la metáfora más poderosa de la vida. Mi afición resulta de ver en acción a unos cuantos equipos para el recuerdo. Aquel Brasil majestuoso de Sócrates y Zico, derrotado por la espabilada Italia de Paolo Rossi. El sufrido Superdepor de Arsenio y Fran, perdiendo la Liga con ese penalti que solo Djukic se atrevió a tirar. Aquel iniciático Dream Team, arrasado en la final de Atenas por ese Milan tan perfectamente olvidable. El pulcro Deportivo de Irureta, despiezado por un plomizo Oporto a las puertas de la Champions. Este insobornable Barça de Guardiola, ejecutado al borde del área por el ventajista de Mourinho. Y desde aquel día, también esta España de Vicente del Bosque derrotada por Suiza mientras intentaba encontrar el pase total, la asistencia definitiva. Ganar o perder solo es un resultado. No tiene tanta importancia. Lo que queda es la memoria de cómo jugaban.

Los grandes equipos que hacen verdadero el fútbol acreditan idénticas maneras de entender el juego y entenderse a sí mismos. Son conjuntos que jamás olvidan de dónde vienen, quiénes son y a quién representan. Son fieles a sí mismos y a cuanto acarrean. Para todos ellos, el fútbol sigue siendo un deporte donde gana quien mete más goles, no quien encaja menos. Todos ellos se parecen a la afición que los engrandece porque cada aficionado quiere ser uno de ellos.

El estilo alegre, valiente y solidario de esta selección se parece mucho al país donde a la mayoría nos gusta pensar que vivimos. Pese a tanto ruido y furia como se hace, casi siempre para nada. Con su finura habitual lo resumió Del Bosque tras el choque contra Alemania. «España ha cambiado muchísimo, ahora estamos dentro del mundo, dentro de Europa, y pasan cosas muy buenas dentro de este país». Justo lo contrario de cuanto sostienen los mismos que, banderómetro en mano, predican ahora el patrioterismo del éxito y claman condena contra el indiferente. Ni siquiera de esto que llevamos media vida esperando nos dejan disfrutar en paz.

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