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El epílogo

Nosotros decidimos

Enric Hernàndez

Llega la canícula a Catalunya para agravar, si cabe, la calentura causada por el fallo del Tribunal Constitucional contra el Estatut. Solo una semana después de que el alto tribunal dictara sentencia, el país anda ya enredado en sus clásicas cuitas, incapaz siquiera de acordar el lema y la cabecera de la manifestación que, con ínfulas unitarias, se ha convocado para este sábado en defensa de la Carta catalana.

Som una nació, nosaltres decidim. Este es el eslogan que Òmnium Cultural, la entidad convocante, se propone exhibir al frente de la marcha. En puridad, cualquier catalán que en el 2006 refrendase el texto podría adherirse a esta proclama: «somos una nación» --así reza el preámbulo, con o sin valor jurídico-- y «nosotros decidimos», mediante nuestros representantes y en referendo, de qué Estatut queremos dotarnos.

Pero, como desafortunadamente la política corrompe hasta el significado de las palabras, el verbo decidir ha quedado secuestrado por esa suerte de independentismo bajo en calorías que algunos han bautizado como el «derecho a decidir». De ahí que José Montilla rehúse encabezar la marcha tras una pancarta con tal leyenda y exija hacerlo con la senyera; y de ahí, también, que cierto nacionalismo se aferre al discutido lema para desplazar al president de la primera línea de defensa del Estatut que por su cargo le corresponde.

El desliz del Govern

Sabedor de que el fallo del Constitucional era inminente, el Govern tendría que haber pactado los detalles de la protesta antes de que Montilla anunciase solemnemente su participación en la misma. Ese fue su error. Pero ahora CiU y sus sectores afines no deberían aprovechar ese desliz para, tensando la cuerda soberanista, desgastar la figura del president en busca de un puñado de votos.

Si de verdad aspira a salvaguardar el pacto político que alumbró el Estatut, Catalunya debe mantenerse unida en todos los frentes: el Parlament, el Congreso y la calle. Lo que implica renunciar a maximalismos y buscar el mínimo común denominador. Eso, o permitir que de nuevo las urgencias y el afán de poder debiliten al país. Nosotros decidimos.

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