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El epílogo

Duele, pero menos

Enric Hernàndez

El mero anuncio de que el Tribunal Constitucional podará algunos artículos del Estatut y reintepretará otros ha sacudido la política catalana. Antes de que se conozcan siquiera los fundamentos jurídicos de la sentencia --el alto tribunal no los desvelará hasta la próxima semana--, el país está en ebullición: abundan las proclamas contra el Estado, se demanda unidad patriótica frente al Constitucional e incluso se ha convocado manifestación unitaria para el 10 de julio.

Entre tanta efervescencia preelectoral, los lectores de EL PERIÓDICO tienen hoy una oportunidad única para formarse criterio propio, pues en un suplemento especial de 16 páginas reproducimos íntegramente los recortes infligidos a14 artículos del Estatut y los fundamentos jurídicos que matizan otros 27 preceptos, incorporados en el borrador definitivo de la sentencia que el tribunal votó y aprobó el pasado lunes.

La lectura del documento, aunque a menudo abstruso, resulta de indudable interés. Los magistrados, de justicia es reconocerlo, han realizado ímprobos esfuerzos por detectar la iniquidad secesionista que, con toda seguridad, debía ocultarse entre las líneas redactadas al alimón por el Parlament y las Cortes, luego refrendadas por los catalanes.

La hermenéutica estatutaria

Pero, como quiera que las más de las veces los fantasmas soberanistas que buscaban en las tripas del Estatut no han comparecido, los jueces anuncian que estarán muy atentos por si algún día se corporeizan.

Y es que el ejercicio de hermenéutica estatutaria protagonizado por el Constitucional es idéntico al que antes realizaron los ponentes de la Carta catalana. El objetivo era idear redacciones de una ambigüedad tal que satisficieran las aspiraciones catalanas y a la vez respetaran los límites de la Carta Magna. En suma, el tribunal ha tardado casi cuatro años en consensuar la misma interpretación del Estatut que los diputados pactaron en apenas seis meses.

Preservado el modelo escolar catalán, solo algún aspecto competencial y la retórica patriotera de la sentencia chirrían a oídos de los catalanes. El recorte duele, pero menos.

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