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Siete x siete

Paga todavía más la culpa

Najat El Hachmi

No hay manera, no aprendo. Siendo tan habitual que noticias de importancia desigual compartan el mismo plano de actualidad, yo no he logrado aún acostumbrarme a que compartan espacio un accidente ferroviario terrible y el compromiso del príncipe de Mónaco. Ya lo sé, ya debería haberme acostumbrado, pero resulta que ese tipo de cosas me cuesta aprenderlas. Del mismo modo que me cuesta asumir el descenso de lo que creía esencia de todos los individuos: la humanidad inherente a la especie y común por encima de orígenes y circunstancias.

Por eso no he podido entender el encarnizamiento mediático contra los muertos que ya no sé cómo pueden pagar más su imprudencia. Qué falta de compasión, qué intelectualización banalizadora tan inmediata del desastre que repite hasta la saciedad la responsabilidad de las víctimas y apenas deja espacio para la compasión. Como si ahora ninguno de nosotros pudiéramos reconocernos en el paso apresurado que arriesga la vida para ganar unos minutos, como si a los 16 años de algunas víctimas todos hubiésemos tenido todo el sentido común del mundo. Me duele que tanta gente solo se centre en la causa de la tragedia, como si eso importara a estas alturas. ¿Que ellos tuviesen la culpa les haría más merecedores de la muerte? Me duele que el cónsul de Ecuador ocupe el espacio mediático que deberían ocupar las víctimas y la pena de los familiares, pero me duele más aún que la réplica dialéctica del conseller Nadal sea un golpe bajo la cintura que recuerda nuestra supuesta superioridad por encima de Ecuador. Como si los trenes mataran allí de otra forma o la imprudencia fuese patrimonio de personas de un solo origen.

Ante todo me duele porque me acuerdo de mí en Canovelles, en Granollers, en Figueres y en tantas estaciones en las que no hay más remedio que pasar por encima de las vías, bien porque el paso no está soterrado bien porque yendo con cochecito o maleta pesada y sin ascensores, no queda otra que arrastrarlos por encima del camino precario de madera. Por desgracia, este país también funciona así.

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