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Opinión | Maestro lutier

MAURICIO BERNAL

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David Bagué: «Un buen violín es cuestión de actitud espiritual»

El más internacional y reconocido fabricante de instrumentos de cuerda de España surte desde su taller de Gràcia a algunos de los grandes violinistas de hoy.

Es el lutier de cabecera de Jordi Savall. Y de Abel Tomàs, del Cuarteto Casals. Está en boca de los más grandes, como Ruggiero Ricci y Leonidas Kavakos; que también compran sus instrumentos. Creu de Sant Jordi en el 2003, hasta aquí ha llegado por su disciplina férrea, por su amor al trabajo, por la ilusión. Y, tal vez, porque entiende como pocos su trabajo: porque su taller es de hace dos siglos, es decir de otro mundo, y porque él mismo se transporta cuando trabaja.

–Kavakos, Leonidas Kavakos, el gran concertista... Hace unos años, en Fráncfort, toca un violín mío. Tiene dos. Al final del concierto, Ulrich Edelmann elogia el violín pensando que es unstradivarius. Y Kavakos le dice: «No, es un violín español, lo tengo hace una semana». Y Edelmann responde: «No puede ser». Kavakos se lo muestra y una semana más tarde Edelmann me encarga uno.

–Beneficios del boca a boca.

–Esto es como con los sastres: alguien va por la calle y ve a otro con un traje que le gusta, se lo piensa, al final se atreve y le pregunta dónde lo compró. Esta persona le dice que no lo compró, que se lo hicieron a medida, y al cabo de una semana ve a otra persona con otro traje que le gusta y le pregunta lo mismo, y esta otra persona le dice lo mismo, y él, claro, acaba yendo donde ese sastre.

–Pero siempre hay un primero, ¿no? El que descubre al sastre.

–Sí. En mi caso fue Ruggiero Ricci, el maestro Ricci, él fue el que me descubrió a nivel internacional. Fue el primero que confió, y en ese sentido, para mí, hay un antes y un después.

–Está usted en primera línea de los lutieres contemporáneos. ¿Cómo se hace un buen violín?

–Hay una palabra que sale siempre cuando se habla de violines: secreto. Siempre. ¿Cuál es el secreto?, pregunta la gente. Y, la verdad, más que de un secreto técnico pienso que hay que hablar de una actitud espiritual. No estoy de acuerdo con que para hacer un buen violín se necesite sobre todo un buen material. Se necesita, claro, pero el buen lutier es el que de un material discreto es capaz de sacar un buen instrumento: la obra de arte es la que te hace olvidar el material del que está hecha.

–Hablemos entonces de algo suyo. De eso que le distingue.

–Mi único secreto, por decirlo así, es intentar ponerme en la piel de un artesano del siglo XVIII, en ese estado espiritual que llevó a tantas personas a hacer obras maestras. La tecnología no me interesa, entre otras cosas porque creo que para hacer mi trabajo debo vivir lo más posible como los artesanos de hace 200 años. Necesito este ambiente, los muebles del siglo XVIII, la decoración, este perfume, este olor a trementina; son herramientas. El violín es un instrumento antiguo y creo que lo debo hacer como se hacía antiguamente.

–Se crió en Gràcia, se fue a estudiar a Cremona y volvió a Gràcia. Un barrio de artesanos.

–Un barrio del que yo he aprendido mucho, desde luego. Cuando era niño, Gràcia aglutinaba la mayor cantidad de artesanos de Barcelona. Justo detrás de casa había varios artesanos a los que iba a ver. Había un maestro imaginero, me acuerdo, hacía santos, y la transformación de la madera en escultura a mí me parecía una cosa fascinante. Esta gente no se jubilaba, moría en el banco, trabajando, que es lo que yo pretendo. ¡Qué felicidad, morir aquí!

–Tengo entendido que la decisión la tomó siendo un niño.

–Así fue. Mi padre trajo un violín a casa, a ver si alguien se animaba a tocarlo, y yo acabé desmontándolo. Y allí, con 12 años, me descubrí con la seguridad de un hombre de 90 respecto de lo que quería hacer. Mis padres fueron magníficos, porque dejaron que decidiera. Supongo que vieron algo. En general, en casa había un ambiente favorable. Mis abuelos eran artesanos, y en ese sentido creo que había una predisposición, como cuando uno, por genética, la tiene a padecer ciertas enfermedades. Mi abuelo paterno era herrero de caballos, y el materno era ebanista. No éramos gente ilustrada, éramos gente de contacto con la materia, de trabajar con las manos, lo cual es una forma de intelectualidad. Porque el que es diestro con las manos lo es, sin duda, con el cerebro.

–Y aquí está, compitiendo con Stradivarius.

–Yo no compito con nadie. Si acaso conmigo mismo. Lo cierto es que nos movemos por clichés, y el cliché dice que los mejores instrumentos son los antiguos y la gente quiere escuchar instrumentos antiguos. Es cierto que ese cliché existe porque hay grandes nombres, grandes artistas detrás, pero también es verdad que la lutería está dando un gran salto adelante. Teniendo en cuenta que para tener unstradivariushay que tener cinco pisos en el paseo de Gràcia, mi responsabilidad es dar al músico, sobre todo al músico cotidiano, un instrumento económicamente asequible, y de gran calidad.

–¿Está orgulloso?

–Mire: la península Ibérica nunca fue un centro de construcción de violines. Sí de guitarras; pero esto no es Centroeuropa. Así que conseguir que instrumentos hechos en Barcelona sean queridos en todo el mundo para mí es un gran logro.