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En sede vacante

La imagen de Israel

Josep Maria Fonalleras

Podría ser muy bien que el grupo de voluntarios que iban a Gaza en barco llevara un arsenal y muchas ganas de conquistar el territorio cercado a base de fuego y destrucción. Esa flota que calificamos de humanitaria es muy probable que escondiera a un puñado de terroristas dispuestos a todo, hombres sin escrúpulos empeñados en luchar contra el Ejército más democrático del mundo, que todo el día piensa en cuestiones morales. No son palabras mías. Esto del Ejército democrático y de las cuestiones morales lo ha dicho hace poco Bernard-Henri Lévy. De hecho, lo dijo justo antes de que las tropas israelís abordaran al Mavi Marmara. El pensador francés ha lamentado el ataque de ayer. Piensa que se trata de una acción «estúpida» porque dañará la imagen de Israel.

El Ejército democrático, que lucha para evitar que su país caiga en manos de los destructores armados con cuchillos, hondas y palos, no debería cometer estupideces tan evidentes. Tiene derecho a defenderse y a matar a quien sea, en defensa propia, claro está, aunque se halle en aguas internacionales y que navegue bajo la bandera de un país que hasta ayer era más o menos amigo. Tiene derecho a impedir que esa panda de amotinados amenace la seguridad nacional. Pero matar a tantos es estúpido, y quizá su imagen se resentirá. Es el peaje que a veces hay que pagar para poder continuar con las disquisiciones morales. Entre los viajeros de la flota que partió de Turquía está el sueco Henning Mankell,

que todo el mundo sabe que es un individuo peligroso que, además, cuando no prepara invasiones sangrientas, escribe novelas de detectives. Ojo con personajes así. Son la peste. Que todo se aclare pronto para que pueda demostrarse que el ataque fue justo, proporcionado y responsable. Y que el Mavi Marmara era, por descontado, un arma de destrucción masiva.

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