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En sede vacante

Resumen y paradigma pretoriano

Josep Maria Fonalleras

El caso Pretoria desvela tantas intimidades, tanta red delictiva, que es difícil elegir un párrafo o una conversación que sirva como resumen de todo. En los más de 10.000 folios se condensan arbitrariedades y prepotencias, tonos ariscos e insultantes, una especie de aureola que rodea a los protagonistas, que se ven capaces de cualquier cosa con tal de mantener el negocio. Esta es, seguramente, la lección más triste de este escenario corrupto. La posibilidad de que toda la pandilla de los Muñoz y compañía hiciesen y deshiciesen a partir de su propio rango o a partir de los contactos que podían llegar a mantener, o que aseguraban que podían establecer con el poder. La presencia de consellers de la Generalitat en estas conversaciones groseras y de tan poca monta moral retrata a los delincuentes, que no a los consellers. Si alguna cosa se demuestra con el sumario es la percepción de Nadal y Castells como muros infranqueables, ajenos a la baja estofa de la que está hecha la conducta de los encausados. La lección más triste, lo repito, es la prepotencia. Hay, en este sentido, un ejemplo que no tiene nada que ver con las operaciones millonarias ni con la ganancia improcedente, ilegal y lastimosa. Es el comentario que Bartomeu Muñoz le hace a Pascual Vela en relación a un concurso para adjudicar plazas en una oposición municipal. Muñoz está interesado en que gane la mujer que cuida a su madre y, ante la dificultad objetiva del proceso, ante el hecho de que puede que la mujer no apruebe el examen de catalán, el exalcalde pontifica, hablando del profesor que corrige las pruebas: «Pero ¿quién le paga? Este tipo querrá seguir dando clases, ¿no?». Me enervan las tramas corruptas, pero casi me indigna más este tono tan mafioso, resumen y paradigma pretoriano. Y Vela contesta: «Dile que se quede tranquila».

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