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En sede vacante

La telaraña de Mourinho

Josep Maria Fonalleras

Ya es oficial. Un señor que trabajó de traductor en la organización deportiva del Barça pasará a ser el máximo responsable del equipo rival, el más rival de todos. La trayectoria de este personaje es bastante singular. Sin una carrera como jugador que le avalara, sin un pedigrí futbolístico más allá de ser hijo de un portero de segunda categoría, sin formar parte de ninguna mitología local, logró que un equipo menor como era el Oporto ganara una Copa de Europa, con lo que fue cimentando una fama que le ha llevado a ser el mejor entrenador del mundo, de forma oficial, en dos temporadas, a lo largo del siglo XXI. Se llama José Mourinho, como muchos de ustedes ya saben, y se ha hecho famoso no solo por su habilidad a la hora de confeccionar equipos solventes y poderosos, sino por una especie de fanfarronería que rompe con las convenciones del entrenador políticamente correcto. Una forma de ser que enardece a los aficionados de los equipos que dirige y que provoca una especie de odio visceral en todos los demás. Él mismo, cuando llegó a Inglaterra para seguir con su racha victoriosa, se hizo llamar «Special One», precisamente para dejar claro que no era arrogante.

Es muy interesante estudiar la evolución de este chico que se sentaba con toda modestia junto a Bobby Robson para hacerle de intérprete cuando el sir británico trabajó en el banquillo del Barça y que después, al cabo de los años, no compareció en la ceremonia fúnebre de quien fue su maestro, el hombre que le sirvió de trampolín. Es interesante porque nos habla de una historia de ambición desmedida, de un ego fulminante, de una apariencia fría y calculadora, de una especie de témpano de hielo embutido en la figura de un individuo que ha creado una mitología de la nada. Tendremos que tomar mucha tila para no caer en su estrategia de araña.

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