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La larga batalla emprendida desde Catalunya para conseguir la renovación de un Tribunal Constitucional (TC) «deslegitimado moralmente», en palabras delpresident Montilla, dio ayer un paso más, aunque es pronto para pensar que el objetivo está próximo. El PSOE y el grupo de la Entesa presentarán hoy ante la Junta de Portavoces del Senado la petición para que el presidente de la Cámara convoque la Comisión de Nombramientos con objeto de sustituir a los cuatro magistrados del TC (sobre 12) cuyo mandato ha caducado.

El desbloqueo de una situación que dura ya dos años se produce gracias a que la portavoz del PSOE en el Senado, Carmela Silva, expresara la voluntad socialista de hacer todo lo posible para renovar el TC y asegurara que su partido aceptaría los dos nombres propuestos en su día por el PP (Francisco José Hernando y Enrique López) y rechazados por el PSOE por su acreditado partidismo.

¿Significa esto que el camino para que el Senado elija a los nuevos magistrados está expedito? No totalmente. Por una parte, la número tres del PSOE, Leire Pajín, no fue tan explícita sobre si los socialistas admiten ahora a Hernando y López. Mucho más reticente fue, por otra parte, la reacción del PP. Tanto la secretaria general, Dolores de Cospedal, como la dirigente catalana, Alicia Sánchez-Camacho, ven en el desbloqueo una maniobra del PSOE para retrasar la sentencia sobre el Estatut, aunque, en teoría, los populares no se opongan de entrada a la renovación. Pero su deseo, aseguran, es que el TC dicte ya la sentencia que lleva pendiente casi cuatro años.

Como hemos reclamado sin cesar desde estas páginas, la renovación del Constitucional no solo es necesaria, sino urgente. Ello no quiere decir que el TC actual no pueda emitir la sentencia sobre el Estatut, pero sería mucho más adecuado que un fallo tan controvertido que no dejará a nadie indiferente fuera dictado por un organismo con todos sus miembros en pleno ejercicio de sus funciones, sin ausencias y sin sus mandatos prolongados artificialmente.

Ojalá que la vía abierta ayer en el Senado para lograr el desbloqueo de los nombramientos se concrete y que sea el inicio de la renovación total del TC (otros cuatro magistrados deberían renovarse en noviembre). Sería una nueva decepción que todo acabara en otro episodio de la lucha partidista que libran el PP y el PSOE ante un país que asiste, asombrado, al deterioro de sus instituciones.