Los cambios en el mercado del trabajo

Más empleo y de más calidad

La evolución de la economía global hace precisas unas reformas para poner al día las relaciones laborales

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Son necesarias reformas en el mercado de trabajo. Reformas que deberán orientarse, de forma pactada, en varias direcciones: crear más empleo, mejorando su calidad, e incrementar la productividad y la capacidad de adaptación de empresas y trabajadores.

El derecho al trabajo sigue siendo un principio irrenunciable en las políticas sociales y de progreso. El pleno empleo es el objetivo necesario para la construcción de una sociedad inclusiva en la que los ciudadanos alcancen su emancipación personal y su participación en el progreso colectivo. El trabajo es la primera fuente de los derechos de la ciudadanía, al otorgar libertad individual y seguridad material.

ES ALGO incuestionable que en las últimas décadas el trabajo ha sufrido y ha sido la causa de cambios económicos y sociales de gran calado, generando una estructura social de realidades laborales heterogénea: la incorporación de la mujer al trabajo remunerado, las diferencias entre empleos estables y temporales, una juventud que masivamente padece paro y precariedad, el crecimiento del trabajo autónomo, los empleos a tiempo parcial, la competencia a la baja en salarios a nivel global, la baja productividad de nuestras empresas… Parece razonable que estos cambios deban tener su consecuencia en la normativa y en los acuerdos sociales que rigen el mercado de trabajo.

Hoy la principal urgencia es crear empleo, y para ello es condición necesaria la reactivación de la economía. Como también es prioritario atender a las personas que han perdido su puesto de trabajo, acompañándolas desde los servicios de empleo, con orientación, con formación, en su tránsito hacia nuevas ocupaciones. Y garantizando la protección social a aquellas personas que la necesitan.

La sostenibilidad del futuro crecimiento está en la transformación de nuestro modelo productivo, como ya ha empezado a impulsar el Govern de Catalunya, promoviendo los sectores de alto valor añadido, y acompañando a la modernización de los sectores maduros, como la industria y los servicios tradicionales. Este nuevo modelo requerirá cambios y reformas en las instituciones laborales que estén orientados a mejorar la competitividad, la estabilidad en un entorno flexible y un crecimiento equilibrado. Lo que redundará en el objetivo final de tener empleos de más calidad, con menos temporalidad y dar a las personas más capacidad para emplearse .

Es posible crear más empleo de calidad con un marco normativo adecuado, pero también es imprescindible el incremento de la productividad, que hoy ya no puede equipararse a incrementar el ritmo de trabajo, o a trabajar más horas, sino a trabajar mejor. Una mejora que vendrá dada por la racionalización de horarios, el compromiso con la empresa, nuevos métodos de dirección y organización del trabajo, y con un crecimiento equilibrado de los salarios nominales que tengan relación con los incrementos de productividad.

Por otro lado, será necesaria más flexibilidad pactada en el seno de las empresas, para que estas mejoren su capacidad de adaptación y, en consecuencia, su competitividad. Estaflexibilidad interna significa la posibilidad real de hacer una distribución flexible de la jornada anual, cambios de funciones dentro de la empresa, la retención y captación de personal formado, la suspensión parcial de los contratos o la reducción del tiempo de trabajo y, en caso de agotar la capacidad que da la flexibilidad pactada, el acompañamiento en la salida de la empresa del trabajador y en la búsqueda de un nuevo empleo.

Otra prioridad clave para la competitividad es la formación profesional, que supone la frontera entre el trabajo de calidad y el desempleo o el empleo precario. En los próximos años será necesario impulsar un verdaderocontrato de ciudadanía para la formación,de carácter social e institucional, que reconozca y conceda a la formación a lo largo de la vida para todas las personas la importancia social y económica que tiene. Ello requerirá de un modelo de formación que garantice su extensión y su reconocimiento, que profesionalice, que aporte más valor y conocimiento al trabajo, y que encaje con la demanda de las empresas.

La evolución de la economía global exige poner al día nuestras relaciones laborales para que puedan consolidar y generar más empleo y de más calidad. Los gobiernos de turno podrán decretar las reformas que consideren, pero no será posible aplicar de manera realista ninguna reforma que no cuente con el apoyo de empresarios y sindicatos.

Mejorar la adaptación de los derechos laborales a los tiempos y necesidades actuales ni presupone ni debe suponer empeorar las condiciones laborales, aunque sí regularlas de forma diferente. Las reformas no tienen que ser sinónimo de desregulación, precariedad, exceso de temporalidad, bajo coste y desprofesionalización, sino que deben contribuir a poner las bases para un crecimiento más sólido y equilibrado.

*Secretario de Programas del PSC.

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El artículo también lo firman Francesc Castellana, presidente de la Fundación Utopia, y Eduard Rojo, catedrático de

Derecho del Trabajo