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Siete x siete

Los tipos duros usan escáner

Antón Losada

Cualquiera que haya disfrutado de ese viaje alucinante que uno contrata sin saberlo al desplazarse en avión, comprueba que en nuestro orgulloso mundo libre existe un lugar donde rige permanentemente el estado de excepción. Se trata del aeropuerto, ese Guantánamo nuestro de cada día para el viajero accidental. Si las miradas matasen, los controles de seguridad de las terminales aeroportuarias lucirían el ambiente de los velatorios más selectos y concurridos.

Tan estrujados, sobados, colapsados, manoseados, toqueteados, mal mirados, aburridos y registrados nos sentimos, que incluso aguardamos el advenimiento del escáner corporal como una liberación frente al despotismo ilustrado de los expertos en seguridad. Un pequeño paso para la humanidad, pero un gran salto para la comodidad y la dignidad del viajero antes conocido como ciudadano. A semejante renuncia siquiera al mínimo derecho a la elegancia hemos llegado, empujados por esta fe paranoica que se propaga entre nosotros según la cual todos nuestros derechos merecen ser sacrificados en el altar de la diosa seguridad. Ni Montesquieu, ni Hobbes, ni Rousseau: este estado multimedios que cada día inventa otra penalidad por amor al orden lo rige el capricho de los guardias jurados, lo gestiona el mejor postor entre las empresas de seguridad privada.

El mundo arde alrededor de nuestro pequeño búnker del bienestar, pero nos conforta más que nunca la absurda idea de poder apagarlo reteniéndole el pasaporte. Frenarlo con un arco de seguridad y un placaje al hombre. Embotellarlo dentro de un frasco de 100cc. Desnudarlo con un escáner, o derrotarlo enviando más soldados allí donde suceda el siguiente ataque de histeria, en vez de construir más escuelas y hospitales, más inteligencia, más libertad y más democracia. Pero servidor solo es otro progre con buenas intenciones. Otro hippy que ha escuchado demasiado a los Beatles y cree que el flower power puede cambiar el mundo. Menos mal que nos gobiernan la realpolitik y los duros que saben cómo tratar a esa gentuza. De victoria en victoria hasta la derrota final.

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