La entrevista // Josep Manuel Anglada, Escalador y viajero

Josep Manuel Anglada: "Viajar es una enfermedad; no puedo evitarlo"

En 1974 subió al Anapurna y en 1982 participó en la primera expedición catalana al Everest. A sus 74 años, continúa escalando y viajando.

Josep Manuel Anglada.

Josep Manuel Anglada.

XAVIER MORET

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Es en apariencia incombustible. Josep Manuel Anglada (Barcelona, 1933) empezó a viajar en autostop por Italia y el norte de África en los años 50, y sigue en la brecha. Ha participado en numerosas expediciones de escalada por Europa, Asia, África y América, y continúa escalando cuando puede. Los viajes son una pasión que comparte con su esposa. No hay año sin viaje, o sin viajes. Se han comprado recientemente una autocaravana nueva para poder continuar viajando por Europa.

--¿Cómo le vino la fiebre de los viajes y la escalada?

--A los 14 años, en 1947, mi padre me envió a Manchester (Reino Unido) a aprender inglés. Fui en un DC3 que tuvo que hacer escala en Burdeos. Te daban algodón para los oídos. Eran otros tiempos.

--¿Y allí empezó su afición?

--Allí practiqué ciclismo, escalada y espeleología. La montaña siempre me ha gustado. Después fui a estudiar a Stuttgart y entré en contacto con el Club Alpino Alemán. Allí empezó la escalada en serio.

--¿Cuándo regresó a Barcelona?

--En 1953, para hacer el servicio militar. Una vez aquí, empecé a ir a Montserrat, la escuela de escalada de los catalanes.

--¿Continúa escalando?

--Sí, pero con menos riesgo. Tanto mi esposa como yo estamos tocados por la barretina (ríe). Hacemos montaña, escalada, esquí, barrancos... De todos modos, esto ha cambiado mucho. Cuando empecé, nos conocíamos todos.

--¿Siempre le ha gustado viajar?

--En la década de los 50 viajé desde Alemania hasta Italia haciendo autostop, y después visité durante tres meses Argelia, Túnez y Marruecos. Hice muchísimos amigos. En Marruecos me paró un judío de Casablanca y le convencí para que subiéramos juntos al Djebel Toubkal, de 4.165 metros.

--Ahora la montaña está más masificada.

--Antes ibas a hacer una pared y no encontrabas a nadie. Ahora está siempre lleno.

--Esta masificación la cuenta muy bien Jon Krakauer en Mal de altura.

--Un libro muy bueno. El Everest ahora es como el Montblanc. Todos se atreven a subirlo. El otro día leí que este año ya han muerto 45 personas en el Montblanc. Muchas de las muertes son por imprudencia. Al Everest te suben con oxígeno y porteadores pagando 600.000 euros. Krakauer explica que hay gente que no sabe ni calzarse los crampones, pero, claro, subir al Everest significa una promoción brutal.

--Usted lo intentó en 1982. ¿Cómo lo recuerda?

--Fue la primera expedición catalana al Everest. Quisimos ir por una vía difícil y nos quedamos a 350 metros de la cumbre. Solo se había subido una vez por allí. Ahora, por la vía normal, hay cuerdas fijas hasta la misma cumbre.

--Se prepararon a fondo.

--Antes había estado en los Alpes, los Dolomitas, los Andes... En 1969 escalamos en el Hindu Kush. Hicimos un 7.400 metros y nos dijimos: ¿y por qué no unochomil?

--Y atacaron el Everest.

--Antes, en 1974, montamos la primera expedición catalana al Anapurna, en el Himalaya, por una vía nueva. Siempre me ha gustado hacer cosas innovadoras. Antes te pasaba la información algún escalador amigo. Ahora hay guías para todo, pero es más frío.

--En 1982 se quedaron muy cerca de la cumbre del Everest.

--Fuimos por una vía muy larga y muy difícil. Montamos un campamento a 6.000 metros e instalamos un teleférico para poder subir el material para salvar una pared muy vertical. Cuando atacábamos la arista, un terremoto lo destrozó todo. Quedamos dos grupos separados. Tuvimos que encontrar otra vía.

--Todo se complicó.

--En el campamento 2, además, murió uno de los sherpas. Tenía una úlcera de estómago. Tuvimos que bajarlo e incinerarlo. Después atacamos la cumbre, pero hacía un frío terrible: llegamos a los 45 grados bajo cero. No tuvimos más remedio que retroceder.

--¿Siempre ha asociado los viajes con la escalada?

--Me gusta mucho viajar, y siempre procuro ver algo más que montañas. Con mi amigo Lluís Belvis hemos ido a zonas muy interesantes. En el 2004 estuvimos en las fuentes del Mekong (China), y este año he viajado con mi esposa a Birmania, Laos y Camboya.

--¿Por qué viaja?

--Es una enfermedad (ríe). No puedo evitarlo. Siempre lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.

--¿Le atrae África?

--En 1971 participé en una expedición al Kilimanjaro y al Kenya. Me gustan mucho las montañas del Hoggar, en el Sáhara, al sur de Argelia. Estuve allí hace dos años y me gustaría regresar. Es un lugar maravilloso.

--¿No se cansa de viajar?

--Al contrario. Por suerte, aún quedan muchas cosas por ver. Además, siempre puedes regresar y ver algo nuevo. No entiendo a los que tienen prisa cuando viajan. Ver cuatro países en diez días no vale la pena: no ves nada. Es como la montaña: solo lo hacen para poder decir que han estado allí.