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Ideas // RAMÓN DE ESPAÑA

Eno y Byrne, asociados

RAMÓN DE ESPAÑA

Dadas las escasas satisfacciones que depara al rockero de edad avanzada la industria discográfica --lo reconozco: soy incapaz de apreciar los méritos de los Jonas Brothers--, el regreso de ciertas viejas glorias, de personajes que le alegraron a uno la juventud, es bien recibido. Servidor, sin ir más lejos, está encantado ante la aparición de Everything that happens will happen today (Todo lo que ocurra ocurrirá hoy), segunda colaboración de David Byrne y Brian Eno tras su impresionante álbum de 1981 My life in the bush of ghosts (Mi vida en la maleza de los espíritus), una de esas rarezas adelantadas a su tiempo que, como suele suceder, combinó las críticas entusiastas con el más absoluto desinterés por parte del consumidor.

My life in the bush of ghosts era un disco raro para la época, con su mezcla de ritmos, su gusto por la disonancia y sus excéntricos sampleados. La nueva colaboración entre el visionario emplumado de Roxy Music y el líder de los Talking Heads, por el contrario, se anuncia, simplemente, como una serie de canciones fabricadas por correo electrónico --Eno le enviaba a Byrne las músicas desde Londres y éste les ponía letra y voz en Nueva York-- que remiten a tiempos pasados, cuando Eno fabricaba discos tan hermosos como Another green world o Before and alter science y a Byrne aún no le había dado por los ritmos latinos de su Rei momo. La cosa, francamente, promete.

Y digo que promete porque, dada mi ineptitud para navegar por el ciberespacio, he sido incapaz de descargar el disco en la fuente original (www.everythingthathappens.com), donde está disponible desde el 18 de agosto, y voy a tener que esperar un mes a que aparezca en un formato comprensible para los carcamales como yo (aunque no descarto molestar a mi sobrino para que me eche una manita). De todos modos, mientras contemplo la foto de Byrne (56 años) y Eno (60) en The New York Times ilustrando una entrevista, no puedo evitar pensar que el canoso y el calvorota podrían dirigirse en primera instancia a sus seguidores de toda la vida, cuya habilidad para subir a la red solo es comparable a la de un tenista de la tercera edad.