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Opinión | Siete x siete

JOAN OLLÉ

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Todo un lujo

Cuentan que cuandoBruniySarkozyse conocieron, este lucía un aparatoso Rolex en su antebrazo, y la actual primera dama le advirtió muy seriamente de que, o se quitaba de inmediato aquella horterada de encima o no volverían a verse en la vida. Hoy el presidente mide su tiempo en la esfera de un muy exclusivoPatek Philippeque la cantante aristócrata encargó para él.

Si buscamos en el diccionario la palabra lujo, vemos que significa ostentación de riqueza y, etimológicamente, tiene mucho que ver con la lujuria. Y la verdad es que jode ver cómo algunos se corren de gusto exhibiendo altivamente prendas y objetos que, por su estratosférico precio, les separan del común de los mortales; tal vez no saben apreciar el valor de lo que llevan encima, pero el nombre del creador en el bolso o el bolsillito de la camisa habla por ellos de su cuenta corriente, aupándoles al paraíso de la distinción.

En el otro platillo de la balanza estaría la elegancia, virtud que consiste en saber elegir (eligere) y leer (legere). Al elegante no le hace falta pasar por el vulgar trámite del exceso de dinero para rechazar con toda naturalidad lo feo y ordinario y optar por la armonía, lejos de todo contraste violento como abrocharse una máquina de guerra a la muñeca.

Quizá la auténtica riqueza, el lujo al alcance de todos, sea disponer de criterio: saber elegir un vino por sus cualidades y no por su precio, leer lo que nos enriquecerá a nosotros y no a las editoriales, maravillarse ante una excelente aceituna a pesar de no haberla pagado a precio de caviar... Y tener siempre muy presente que los enemigos de los pobres no son los ricos, sino los miserables.