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Pequeño observatorio // JOSEP MARIA Espinàs

Gandhi, rebelde y pacífico

JOSEP MARIA Espinàs

El mahatma Gandhi murió cuando yo tenía 20 años. Me parece imposible que haga tanto tiempo, quizá porque Gandhi fue un personaje extraordinario que nos ha quedado muy vivo en la memoria. Es natural que las generaciones posteriores a la mía tengan una visión más fríamente histórica que apasionante.

Un hombre muy delgado, unos huesos tapados a medias por una especie de sábana blanca, la cabeza rapada, unas gafas redondas y elementales. Una figura frágil, la de un hombre pobre que camina con la cabeza echada hacia adelante.

Ghandi se convirtió en el líder --el padre de una India nueva y posible, gran alma, que es lo que significa la palabra mahatma-- del movimiento de independencia de la India. Un lí- der que tenía una actitud pública absolutamente opuesta a la de personajes como Adolf Hitler o Benito Mussolini, que practicaban la soberbia personal, la actitud de estatua. Gandhi parecía un ser infeliz. Pero un infeliz peligroso, como tenía muy claro el integrista que le acabó asesinando.

No sé si la doctrina Gandhi era muy defendible: conservar la artesanía y rechazar el maquinismo y las innovaciones técnicas, incluso las más elementales. Era antimoderno. Predicaba que cada cual se tejiera la ropa que iba a llevar. Si tuvo tantos y tantos seguidores, no creo que fuera por esta actitud.

Lo que consiguió reunir a una multitud de devotos fue, me parece, que Gandhi no aspiraba a obtener ningún poder ni a ningún progreso económico. Era una persona austera, muchos le consideraban una especie de santo.

Su gran proyecto fue plantear la independencia de la India, entonces territorio británico, a través de la desobediencia civil, una expresión que ha hecho fortuna.

El pacifismo como arma de defensa de un derecho. Gandhi se convirtió en un apóstol y reunió a millones de devotos. Inquietos, los britá- nicos lo encarcelaron. Pero no tardaron en liberarlo. (Entre paréntesis diré que me parece que Gran Bretaña mostró una gran inteligencia ante la evolución de la India, porque renunció a la ocupación en un clima de respeto e incluso de amistad. Todavía hoy son visibles las positivas consecuencias que ha tenido esta sabia decisión).

La India actual no es como la ha- bía soñado Gandhi. No han desaparecido los extremismos. Pero hace 60 años, un hombre esquelético envuelto en una sábana blanca hizo historia.