Ir a contenido

Platja d'Aro añora su glamur

Miquel Fañanàs

Cuando Rocío Jurado fue nombrada Sirena en el transcurso de una fiesta celebrada en el verano de 1986 en el emblemático Hotel Costa Brava, definió el glamur como "una mezcla de arte y buen gusto". Platja d'Aro fue durante muchos años un referente en la avanzadilla de una imparable carrera en pos de la modernidad y de los nuevos aires que en plena dictadura franquista nos llegaban del norte en forma de unos turistas ávidos de sol y playa.

Eran los tiempos en que Lex Barker, el Tarzán por excelencia y su esposa, Carmen Cervera, levantaban exclamaciones de admiración en sus numerosas visitas a la población. Los mismos en que Serrat y Julio Iglesias empezaban sendas carreras cantando en Paladium, mientras Charles Aznavour y Lola Flores demostraban en esta misma sala que por algo ya habían llegado lejos.

Lo de Antonio Gades fue distinto. El ex de Pepa Flores no solo se dedicó a bailar con asiduidad en los locales de Platja d'Aro, sino que decidió montar una pizzería que durante muchos años llevó su nombre. En aquellos tiempos la familia Maragall veraneaba en la torre de Sanmartín que a la sazón era de los Bas, familia que también era propietaria de la mayoría de los terrenos urbanizables que años antes, cuando eran dunas y pinares, habían comprado a precio de saldo.

Efectivamente, a principios del siglo pasado Platja d'Aro era tan poca cosa que ni siquiera tenía nombre. Algunos llamaban a aquellos parajes Platja de Fenals mientras que otros los conocían como los arenales de la Vall d'Aro. El municipio real era Castell d'Aro, en el interior, y su litoral lo constituía un desierto de pinos y arena con algunas casas de payés y la fonda de Can Japet, abierta en 1880 y que milagrosamente ha logrado sobrevivir a tanta especulación desbocada.

En los 60, el alcalde Cargol y algunos empresarios locales con la inestimable colaboración del radiofonista Joan Viñas vendieron la idea del concurso El amor se cita en Playa de Aro, que tuvo un notable eco internacional hasta situarlo en el mapa de los destinos turísticos. Más tarde, en el 73, una discoteca se saltó la censura y se atrevió a ofrecer el primer estriptís integral de España. Ahora, con el cierre del añorado Paladium por un error municipal y sin las míticas salas Maddox y Tiffany's, Platja d'Aro parece haber perdido aquel glamur que le dio justa fama. Jordi Comas, seguramente la persona que más sabe de sus entresijos turísticos, reconoce que efectivamente "ya no está a la vanguardia", pero prefiere adaptar sus lamentos con lágrimas de futuro.

0 Comentarios
cargando