Ruta de moda

Joaquín Costa: así es la calle de Barcelona a la que hay que ir

Hay calles que son universos. En los escasos 500 metros de Joaquín Costa puedes encontrar tabernas victorianas, bazares fantásticos, prestigiosas coctelerías y bares de culto

Joaquín Costa a la altura de Two Schmucks, el séptimo mejor bar del mundo, según el último ránking de The World’s 50 Best Bars.

Joaquín Costa a la altura de Two Schmucks, el séptimo mejor bar del mundo, según el último ránking de The World’s 50 Best Bars. / Elisenda Pons

Entregarse al paseo por esta pequeña calle del Raval implica acceder a una encrucijada de atractivas contradicciones: Joaquín Costa es peatonal, pero siempre andas esquivando motos y furgonetas; su historia representa la identidad catalana, pero lleva nombre de intelectual aragonés; aquí se junta el moderneo con lo clásico, la radiación gentrificadora con las costumbres de toda la vida, y la evasión más dislocada con la cruda realidad. Esta callecita es como un zip de Barcelona, porque comprime la multiculturalidad, la fiesta, la bohemia, el comercio y el arte de nuestra ciudad. En esta pasarela internacional encuentras desde tiendas bohemias a peluquerías hípsters o librerías anarcosindicalistas. Puedes sublimar la ruta con uno de los mejores cócteles del planeta, o quemar la noche bailando en el último bar de moda

1. Genuinas tiendas 

Bohemia retro

Fusta’m: refugio retro con artesanía de los 60 y 70.

/ Elisenda Pons

Si dejamos atrás la Ronda de Sant Antoni y nos adentramos en Joaquín Costa por su lado norte, desde la esquina del Teatre Goya, pronto encontramos dos escaparates fascinantes. La luna de Fusta’m (nº 62) atrae al más despistado gracias a su armonía y ecos retro. Dentro podemos contemplar con detenimiento muebles, lámparas y cerámicas de los años 60 y 70, circulando lentamente por un espacio que fascinaría a Stanley Kubrick. Este refugio de lo auténtico es un despliegue de artesanía para amantes de los objetos de otros tiempos. Lídia, la responsable del local, rescata piezas artesanales de Catalunya, Francia y España, y las restaura en su taller. Fusta’m lleva su filosofía más allá del eterno retorno de la estética vintage: apuesta por la cultura del reaprovechamiento sostenible y la necesidad de atender a lo local. 

Un detalle de Fantastik: el templo de lo insólito.

/ Elisenda Pons

Justo al lado –comparten número– se nos disparan las pupilas con una visita a Fantastik (nº 62). Este templo de lo insólito tiene una mareante cantidad de objetos originales provenientes de México, India, China, Marruecos y Rusia, entre otros. Juguetes, menaje, decoración, hay de todo. Puedes decidirte por una rana de hojalata, algún juego de mesa indio, o una máscara de papel. Tesoros multiculturales, coloridos y con historia.   


2. Culto a la barra 

Grandes clásicos

El Berlanga conserva la atmósfera de local de toda la vida. Incluso te regalan alguna tapita.

/ Elisenda Pons

No descubrimos nada si decimos que Joaquín Costa es un vórtice de bares irresistibles. La ceremonia de hincar codo y pedir una cerveza fresquita para relajar mediodías, desatar charlas vespertinas o perderse en la noche tiene verdaderos acólitos en los magnéticos locales de esta calle. Seguramente Bar La Parra (nº 48) es el más sereno y discreto de todos. Un garito de los de siempre, con infinidad de fieles a su resultón menú del mediodía y ese servicio rápido. Que nadie pase sed. El gran clásico es Casa Almirall (33), uno de esos sitios donde las musas salen a tu encuentro antes incluso de atravesar el quicio. La madera se moldea con exquisitez en su puerta modernista. En su distinguido salón cada momento se vuelve dorado. No todos los días te sirven la copa en un bar con más de 150 años de historia.

Cualquier día de la semana mejora con una visita a Bodega Berlanga (39). Es bajar sus tres escalones y el espectáculo está servido. Se montan corrillos en las mesas y sanos apretones en su codiciada barra, desde donde saluda ese personal encantador comandado por Javi y Lorena. El Berlanga conserva la atmósfera de local de toda la vida con aires modernos y rebosa carisma en cada rincón. Incluso te regalan alguna tapita. Aquí la música suena distante y la noche crece palpitando, ingrávida, hipnótica.


3. Algo de comer 

Hambrientos horizontes

The dog is hot: perritos gurmets con opciones veganas.

/ Elisenda Pons

Cuando la gusa ataca, nada como disponer de opciones cercanas. En Joaquín Costa es fácil contentar a la panza sin entretenerse. Eso sí, no esperes manteles de lino ni sobremesas dilatadas. Más allá de las típicas fruterías y colmados abiertos hasta tarde, disponemos de graciosas propuestas como The dog is hot (nº 47): 'hot dogs' gurmets con opciones veganas, pensados para comer en la calle, como los clásicos puestos de perritos calientes de Nueva York. Sin duda, el rey de la calle sigue siendo Bocatas de Sultán (nº 56), un clásico del Raval atómicamente popular gracias a sus cucuruchos de patatas a rebosar de salsa. Todo bien grasiento y baratito.

Fat Schmuck abre su espatarrante terraza en la plaza d’Emili Vendrell para practicar el food porn a base de hamburguesas, hip hop y ambiente cosmopolita. Para mordiscos más frugales, justo delante, Komo en Kasa (Joaquín Costa, 3) se apuesta en su particular esquinita para servir sin descanso sus populares combos take away, con empanadas, quiches y ensaladas. Tranqui, que no te vas a quedar con hambre: ahí tienes pizza y pasta en Made in Sicily (nº 28) o Pizza Raval (18), pitas y kebabs en Bismillah Kebabish (22), o el turbo-pollo-frito de Firdaus’s Fried Chicken (43), entre muchos otros. Ñam.


4. Sorbos selectos 

El cóctel y lo ‘cool’

Barra de la coctelería Two Schmucks.

/ Elisenda Pons

Hay más formas de ponerse fino en nuestra callecita. Tienes café refinado de poso internacional en ÖSS Kaffe Barcelona (nº 26), aunque tal como te brillan las pupilas esta tarde lo mejor es que nos regalemos un cóctel. En Joaquín Costa se encuentra el séptimo mejor bar del mundo, según el ránking 2022 de The World’s 50 Best Bars. Se trata de Two Schmucks (nº 52), hiperfamosa coctelería donde las neblinas de whisky y esa carta mutante de tragos sorprendentes se mezcla con un toque desenfadado. Cuesta tanto encontrar sitio, que hace tiempo que este bar-madre dio lugar a dos más. 

El último de esta tríada de locales imponentes (junto a Fat Schmuck) es Lucky Schmuck (nº 36), la sensación del momento. El tercer bar del imperio Schmuck es un caldo de cultivo para el cachondeo. Hay de todo: karaoke, birras artesanas, una bola de disco, cócteles de tirador, happy hour diario y mucha cabecita girada. 

Bareto Olímpic: nostalgia con coctelería de lujo.

/ Elisenda Pons

Eso sí, el clásico imbatible para homenajearse con un buen Moscow Mule o el cóctel que les da nombre es Negroni Cocktail Bar (nº46). Su sobria decoración de tonos oscuros atraviesa décadas de noches vaporosas. Carnal Cocktail Bar (nº 12) es una bulliciosa selva tropical de vasos brindando, iluminación chic y terraza interior y Bareto Olímpic (nº 25) refunda el Bar Olímpic para convertirlo en una gloriosa coctelería con atributos de garito carajillero. Camareros con pajarita, baldosas de los años 70, ambientación de tebeo de Bruguera y cócteles hechos con brandy y Licor 43 a gogó. Acaba de ganar el premio Food & Drink de 'Time Out' al mejor bar.


5. De todo y más 

Lo que necesites

Más allá de los habituales bazares, alguna sastrería, tienda de ropa y la clásica ferretería, por este corredor de fantasía encontramos todo tipo de servicios. Si quieres lucir un moderno mullet o rizos deconstruidos, acude a la peluquería 'slow' Rulo (nº 52). Para regalos nostálgicos, hay un peculiar establecimiento que vende antiguas revistas y diarios llamado A La Premsa d’Aquell Dia (nº 44). En la perfumería de autor Les Topettes (nº 33) puedes encontrar jabones, colonias y velas con aromas sorprendentes. Casi al final de la calle se encuentra la librería anarcosindicalista La Rosa de Foc (nº 34), en la sede de la CNT Catalunya. Tienes hasta una tienda de pinturas para grafitis que lleva por nombre Andén Pinturas (1B), e incluso un sitio donde hacen gafas de sol vintage y artesanales, Wilde Sunglasses (2). ¿Quién da más? 


6. Bailoteo sin tregua 

Viaje al fin de la noche

33/45 Bar & Gallery.


/ Elisenda Pons

Tú ya lo sabes: en Joaquín Costa los días son movidos y bulliciosos, pero las noches crepitan hasta hacernos perder la chaveta. Echar la tarde en 33/45 Bar & Gallery (nº 4) significa sumergirse en un multiverso de sonidos, sabores y gentes. Te dan las 3 de la madrugada y no te has enterado. El local rebosa carisma, buen ambiente y gente guapa. Proponen sesiones de dj largas, para gozar con un buen tardeo. Su salón lounge 33/45 te hace sentir como en casa, y las caderas bambolean que da gusto. Junto a su hermano, el cercano 45/33 (Riera Alta, 4), tenemos la mejor dupla de locales del Raval.

Betty Ford’s.

/ Elisenda Pons

Si te va la cosa retro y concurrida, en el gastropub Betty Ford’s (Joaquín Costa, 56) la cosa se anima hasta niveles tórridos desde media tarde, y si quieres mambo, ya sabes lo que vas a encontrar en Pantera Mambo (nº 39), a tope de micheladas y tremendos fake-karaokes.

La cristalera de La Cobra

/ Elisenda Pons

Eso sí, si ya te las sabes todas y necesitas una fiesta diferente, cruza la negra cortina y adéntrate en La Cobra (nº 47). Este bar victoriano de paredes oscuras, con siniestras estampas de niños licántropos decorando sus paredes, más un rincón-altar dedicado a Edgar Allan Poe te llevará a alcanzar las más altas dosis de vampirismo.

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