Esta representación es una ruina

¿Qué hacer hoy, 3 de noviembre, en Barcelona?

Últimos días de la alocada 'La función que sale mal'

Cinco de los actores en una de las primeras escenas.

Cinco de los actores en una de las primeras escenas. / SOM PRODUCE

La mayor pesadilla de un actor de teatro debe ser que falle algo durante la representación o se le olvide el texto. Los accidentes que les pueden suceder son de diferentes tipos pero imaginemos que, durante un estreno, coincidieran todos ellos. Algo así es lo que ocurre en La función que sale mal, una alocada comedia sobre las bambalinas del teatro (en la línea de los trabajos de Michael Frayn como Pel davant i pel darrera) escrita por Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields que ha triunfado en Nueva York y Londres y que agota sus últimos días en el Teatre Coliseum, donde podrá verse solo hasta el 14 de noviembre y vale la pena aprovecharlo porque es un festival de carcajadas como pocas veces habremos visto.

El escenario representa el comedor de una mansión noble con una larga chaise longue en el centro. El amplio ventanal está tapado por una cortina roja y también hay un gran reloj de pie, una chimenea y una puerta. En las paredes hay colgados un escudo de armas y un retrato de un perro. A la derecha se encuentra la biblioteca y, en la parte superior hay una habitación con una mesa y una silla, un globo terráqueo y una planta. Cuando entramos vemos que ya hay un par de regidores en escena repasando los últimos detalles. Como si fuera una obra de La Cubana, conviene llegar antes de lo previsto para comprobar sus evoluciones.

Aspecto general del escenario donde transcurre esta comedia.

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Un crimen y los sospechosos

El director aparece en escena para explicarnos que vamos a ver la representación de Asesinato en la mansión Haversham, a cargo de un club de teatro universitario que, por fin, ha conseguido encontrar una obra para que pueda ser representada por todos sus miembros. Especialmente divertido es el tramo donde recuerda las adaptaciones de títulos populares para adaptarlos a su escueta compañía. Paralelamente, uno de los regidores se instala en un rincón del anfiteatro e irá interrumpiendo la acción hablando con el público y con los actores.

El director de la compañía teatral interpretará al inspector Carter.

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La trama, que parece rememorar las novelas de misterio de Agatha Christie, se inicia con la aparición del anfitrión, el señor Haversham, que está aparentemente muerto y estirado en el sofá. Su mejor amigo y hermano de su novia y el mayordomo lo descubren justo el día en el que va a hacer la fiesta de compromiso. Su prometida, Florence, con una voz muy aguda, y el hermano del difunto, Peter, son otros de los asistentes, a los que se unirá el inspector Carter que será el encargado de llevar a cabo la investigación y que habla a toda velocidad hasta el punto de que, a veces, casi ni se le entiende. Todos ellos, deliberadamente sobreactuados.

El cadáver se mueve a veces, este muerto está muy vivo.

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Los imprevistos y los actores

Los pasos siguientes serán buscar pistas e interrogar a los invitados ya que todos ellos pueden ser sospechosos del crimen. Así explicado todo parece normal, ¿no? Pero, claro, nada sale como estaba previsto, los actores pisan continuamente al que hace de muerto, que parece estar muy vivo, los elementos de atrezzo no están donde deberían, el que hace de mayordomo tiene lapsus de memoria, otros entran a destiempo y todo se convierte en un despropósito monumental. Todo lo que podía salir mal, sale mal.

Los imprevistos se suceden durante toda la representación.

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Recomendamos asistir con niños porque, aunque puedan perderse en la trama (los adultos también suelen desorientarse, es lo de menos), asisten a un auténtico recital de sucesos imprevistos, porrazos y caídas que les parece estar viendo en vivo y en directo el espacio No te la fotis del programa Zona Zapping y lloran de risa. Paralelamente, algunos sufrimos un poco por los actores ya que, en realidad, todo tiene que estar sincronizado como un mecanismo de relojería para evitar que se produzca un accidente real. Y es que es tanta la acumulación de gags peligrosos (portazos en la cara, pisos que se caen, etcétera) que resulta muy meritoria la dirección.

A los niños les encanta la sucesión de porrazos que contiene.

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Un final disparatado

También hay reemplazos obligados de última hora, actores que doblan papeles y se nota mucho, peleas, improvisación y un sinfín de desórdenes que provocan que también los actores puedan reírse en el escenario porque no aguantan tal cantidad de barbaridades y, lógicamente, si se les escapa alguna sonrisa inadecuada, es la obra ideal para hacerlo. Por si fuera poco, el desenlace del caso es, consecuentemente, un auténtico disparate que jamás se le habría ocurrido firmar a la escritora británica. Una función que no puede salir mal porque tiene todos los ingredientes para hacer pasar un rato inolvidable a los espectadores, que no paran de retorcerse en la butaca durante hora y media.

El reloj de pie tiene un papel importante en la trama.

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'La función que sale mal'

¿Dónde? Teatre Coliseum (Gran Vía de les Corts Catalanes, 595).

¿Cuándo? de miércoles a viernes (20 h.), sábados (17 y 20 h.) y domingos (17 horas).

Precio: de 15 a 25 euros.

Más información: Teatre Coliseum.

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