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Una comedia fraternal sobre el 'carpe diem'

El Teatre Gaudí estrena la agridulce 'El temps que conta'

Los tres personajes frente a la urna del padre difunto.

Los tres personajes frente a la urna del padre difunto. / MARTÍ FRADERA

Los seres humanos podemos ser algo engreídos. Nos da la impresión de que viviremos eternamente y siempre habrá una oportunidad para resolver los problemas que se enquistaron. Pero la verdad es que no es así y un golpe del destino puede cambiar nuestros planes de un momento a otro, por eso no hay que dejar pasar ni un solo día sin aprovecharlo (carpe diem, que decían en El club de los poetas muertos) y dejar a un lado las enemistades que no llevan a ninguna parte antes de que sea tarde. Sobre todo ello pretende reflexionar la escritora, directora y actriz Virginia Sánchez Peiró (Elsa Schneider, Des-penjades) en El temps que conta (no es un error ortográfico sino un doble sentido), una comedia agridulce que se ha estrenado en el Teatre Gaudí donde permanecerá hasta el 22 de agosto e incluido en la programación del Grec. ¿Quién dijo que no hay teatro en este mes?

El escenario está ocupado por varios muebles impecablemente blancos, uno tiene un par de cojines encima; otro, unas botellas y vasos o un cenicero para dejar las llaves; cuadros a ambos lados y una mesita de trabajo con la silla, un ordenador, una fotografía y un portalápices. Todo está en su sitio y perfectamente ordenado. El suelo está ocupado por una decena de placas de color azul difuminado y una marrón, en el centro, de madera. Los dos protagonistas aparecen en escena con una urna en la que se encuentran las cenizas del padre.

El reencuentro entre ambos hermanos resulta, en un principio, muy frío.

/ MARTÍ FRADERA

Dos hermanos muy distintos

Aitor (Óscar Jarque, Lo tuyo y lo mío, Separacions) es un ejecutivo agresivo, un implacable especulador de bolsa y lleva a su hermano, Toni (Carlos Martinho, La conferencia de Wansee, Por), que va en una silla de ruedas y vive en un centro especial donde le cuidan ya que padece una extraña enfermedad degenerativa. El primero es frío, insensible y egoísta; pero el otro es muy bromista e irónico y provoca las sonrisas del público con su ingenio. Aitor vive al día sin pensar en el mañana y cometiendo equivocaciones por sus precipitadas decisiones. Toni es consciente de que el tiempo se le acaba.

A diferencia de su hermano, Toni es bromista y muy irónico.

/ MARTÍ FRADERA

Hace muchos años que no se ven, justamente desde que falleció su madre, y Toni pretende aprovechar la oportunidad para ponerse al día con su hermano, pero éste no parece tener mucho interés y está más preocupado por trabajar, ya que es un día laborable. Intenta que hablen sobre la idea que tenían cada uno de ellos de su padre difunto o averiguar quién posa junto a él en el cuadro que hay sobre la mesita, pero Aitor se resiste a darle información. Le llaman varias veces al móvil pero no parece la intención de contestar.

Aitor solo quiere ponerse a trabajar y elude conversar con su hermano.

/ MARTÍ FRADERA

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La expareja y el porro

La situación se anima cuando aparece, por sorpresa, Lidia (Virginia Sánchez Peiró), impulsiva e impetuosa, que ha sido la pareja de Aitor pero que le ha abandonado debido a una infidelidad y llega para recoger sus cosas. Toni intentará sacar provecho de la situación para conseguir más información de su hermano y trazará un plan con la recién llegada para provocarle.

La inesperada aparición de Lidia provocará insospechadas consecuencias.

/ MARTÍ FRADERA

A partir de aquí se inicia un enredo de inesperadas consecuencias con un Toni que finge tantas veces que se encuentra mal para dar pena y conseguir su propósito que ya no sabes cuándo sufre de verdad. Por su parte, Aitor, va desmontando sus defensas y un oportuno porro y una canción de Nirvana le ayudarán a soltarse y mostrarnos su otro lado, de dónde vienen sus inseguridades y su actitud impenetrable.

Una camiseta de Nirvana provocará que afloren sus recuerdos de juventud.

/ MARTÍ FRADERA

Humor y emoción

Al final, ninguno de los personajes será como era al principio. Por fin se han dicho las verdades a la cara, lo que piensan y lo que sienten y ya nada volverá a ser como antes y, probablemente, su futuro y su relación serán mejores. Una obra muy humana, que combina el humor con la emoción, que se deja ver con agrado y que nos estimula a pensar que nuestro tiempo es finito y más vale que lo gastemos en reforzar complicidades, reencuentros, reconciliaciones, que lo positivo prime sobre lo negativo, que el amor se imponga al odio. Porque, como afirma el título, debemos ser conscientes de que el reloj de nuestro tiempo sigue marcando la cuenta atrás. Tic, tac, tic, tac…

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'El temps que conta'

¿Dónde? Teatre Gaudí (Sant Antoni Mª Claret, 120).

¿Cuándo? de jueves a sábado (20.30 h.) y domingo (19 horas). Hasta el 22 de agosto.

Precio: de 10 a 20 euros.

Más información: Teatre Gaudí.

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