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'200.000 dones': la gran caza de brujas

Anna Tamayo se desdobla en varios personajes para denunciar el feminicidio

Eduardo de Vicente

’200.000 dones’ nos ofrece una perspectiva diferente de las denominadas brujas.

’200.000 dones’ nos ofrece una perspectiva diferente de las denominadas brujas. / CARLOS MONTILLA

Resulta curioso comprobar cómo recientemente se está reescribiendo la historia de las brujas que tuvo lugar hace nada menos que unos 500 años por medio de distintas creaciones artísticas, desde la película vasca Akelarre, ganadora de cinco Goya, al disco Lilith, de Maria Rodés pasando por el ensayo de Silvia Federici, Caliban i la bruixa o la novela de Irene Solà, Canto jo i la muntanya balla, reconvertida ahora en obra teatral. Y la lectura es muy diferente a la que teníamos asimilada. No eran mujeres malignas que invocaban al diablo, sino víctimas de una época de sometimiento que pagaron con sus vidas por motivos muy distintos bien fueran económicos o sociales. Ahora, la actriz Anna Tamayo (Cándida) vuelve a denunciar este genocidio femenino con 200.000 dones, que puede verse en la Sala Fènix.

Una anciana nos pone en contexto

La escenografía representa una casa rural con mesas, varios muebles y utensilios de madera, unas plantas colgadas y unas cuerdas. El prólogo está presentado por una anciana, Merceditas, una profesora de Historia jubilada que dialoga espontáneamente con el público, trata temas de actualidad como la pandemia y. para relacionarlo con el pasado, nos pide que cerremos los ojos para transportarnos al siglo XIV cuando la peste negra atemorizó a la población, como ahora. Nos explica con la ayuda de unas patatas lo que supuso el feudalismo y cómo las mujeres eran mano de obra cuyo trabajo (forzado) era la maternidad.

La anciana explica el feudalismo recurriendo a unas patatas.

/ CARLOS MONTILLA

Denuncia que, algo más tarde, en los siglos XVI y XVII fueron asesinadas más de 200.000 mujeres bajo la acusación de brujería. Pero es que, nos cuenta, en Catalunya en tan solo cinco años hubo más de 400 ejecuciones y no solo a manos de la Iglesia, sino también con la complicidad de los tribunales civiles. Para ejemplificarlo decide explicarnos un cuento. Este inicio será el único momento de distensión del espectáculo, cuando se escucha alguna risa por la simpatía y naturalidad del personaje. Pero es un espejismo que dura poco. Se acabó el buen rollo.

Nos explica que en Catalunya fueron ajusticiadas más de 400 mujeres en solo cinco años.

/ CARLOS MONTILLA

La curandera y la comadrona

Mientras suenan unas voces maléficas conocemos a Jaumeta, una buena mujer que se dedica a preparar remedios caseros para sus vecinos aunque ahora parece que, con la aparición de los doctores, ya no hacen tanta falta. Acaba de quedarse viuda tras la muerte de su marido durante un gran diluvio y debe hacerse cargo de sus dos hijas. A su esposo difunto le cuenta que vive con miedo porque dicen que en el pueblo hay unas brujas que pactan con el demonio y teme salir de casa. Además, las autoridades han pedido la colaboración de los habitantes para denunciar comportamientos sospechosos y sospecha que su envidiosa cuñada pretende arrebatarle sus tierras.

Jaumeta es una mujer humilde que prepara remedios caseros para sus vecinos.

/ CARLOS MONTILLA

Unos cantos celestiales sirven para presentar a Joana, una comadrona muy religiosa cuyo interlocutor es Jesús, al que se dirige para explicarle sus problemas. Lamenta la falsa acusación sufrida por una compañera de que entregó un niño al demonio y la prepotente actitud de los inquisidores civiles que las hacen desnudarse para comprobar si tienen marcas del diablo en el cuerpo.

Joana es una comadrona muy religiosa que habla con Jesús,

/ CARLOS MONTILLA

La campesina y las mejores escenas

La última mujer que conoceremos es Felipa, una campesina algo chismosa que no tiene hijos y vende patatas. Comenta con su amiga Ramona los rumores que corren por la localidad y no dejan títere con cabeza. Los cotilleos malintencionados están teniendo trágicas consecuencias. A partir de este momento, una vez realizadas las presentaciones, iremos descubriendo cómo evolucionan sus tres vidas y en lo que derivarán.

Felipa es algo chismosa y critica a sus vecinos frente a Ramona.

/ CARLOS MONTILLA

Este montaje tiene momentos muy angustiosos como el interrogatorio, entre torturas, a uno de los personajes; otros más dulces donde canta a un bebé aunque el mensaje es contundente “si ets dona llesta diran que ets bruixa”. Y no podía faltar el enloquecido aquelarre en el que la protagonista se deja llevar, llega a sus propias conclusiones y acaba reconociendo que “vas fer el que vas poguer, com totes”.

En una de las escenas más tiernas, Anna Tamayo canta una nana a un bebé.

/ CARLOS MONTILLA

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Una actriz versátil para un texto esclarecedor

La obra explota el talento y la versatilidad de Anna Tamayo en un registro muy dramático totalmente opuesto al más gamberro que mostró en la reciente Cándida, aunque en ambas muestra su energía arrolladora (es un huracán, una fuerza de la naturaleza) y sus reivindicaciones femeninas. Juega con los tonos, los acentos y los movimientos para que diferenciemos claramente a los distintos personajes que encarna. Destacan también la iluminación y la ambientación sonora que contribuyen a aumentar el dramatismo.

En la escena del aquelarre, la protagonista muestra su arrolladora energía.

/ CARLOS MONTILLA

El texto, creado junto a la directora Ángela Palacios y la colaboración de Mercè Alegre, es fluido y no deja dudas sobre lo ocurrido. Fueron acusadas sin pruebas, tan solo por unos comentarios insidiosos, las obligaron a inventarse historias y a reconocer su culpabilidad. Estorbaban por motivos muy diferentes, no eran necesarias y en esos años de opresión contra las mujeres se cometió uno de los mayores feminicidios de la historia. Fue la ganadora de la sección oficial del reciente festival CatBaSur y también se llevó el premio del público y no es de extrañar porque es como un puñetazo en el estómago, un grito desesperado de atención. Sí, hoy no las queman en la hoguera ni las ahorcan, pero la violencia machista sigue provocando tragedias. ¡Ni una menos!

Las dos autoras se abrazan el día del estreno al final de la representación.

/ CARLOS MONTILLA

'200.000 dones'

¿Dónde? Sala Fènix (Riereta. 31).

¿Cuándo? de miércoles a domingo, a las 20 horas. Hasta el 9 de mayo.

Precio: de 8 a 16 euros.

Más información: Sala Fènix.

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