Patrimonio con picaporte

Turismo entre portazos: las puertas más bonitas de Barcelona

Las hay misteriosas, seductoras, siniestras, de fábula. Un universo alternativo con bisagras. No pases, no. Esta vez quédate en la puerta

Albert Fernández

Puerta del número 45 de la calle de Francisco Giner en el barrio de Gràcia.

Puerta del número 45 de la calle de Francisco Giner en el barrio de Gràcia. / Jordi Cotrina

Es una cuestión de sensibilidad. Puedes pasarte los días caminando con la nariz pegada al móvil, o haciendo el terrible recuento de mascarillas por las aceras. Pero si levantas la cabeza y te fijas, advertirás la presencia de unos guardianes ausentes que custodian cada uno de tus pasos. Las puertas están siempre allí: esperando para recibirte. Son el principio y el final de tu día, y a menudo convierten las calles en inopinados museos. Las hay misteriosas, seductoras, enormes, diminutas, rectas, curvilíneas, siniestras, coloridas... Te invitamos a descubrir una constelación de umbrales, pomos y bisagras de toda forma y procedencia. Pero pasa, no te quedes en la puerta. 

1. Sueños de hierro forjado 

Marañas metálicas

En Balmes, 109 te topas con este monumental portal metálico.

/ Jordi Cotrina

A veces damos con porterías metálicas de formas tan intrincadas que parecen salidas de un sueño febril. Barcelona ofrece miles de muestras de puertas con tramas de metal enrevesadas e hipnóticas. Impacta la monumental puerta de Balmes, 109. Este gigante de hierro ofrece una estampa onírica, presidida por dos figuras humanas que guardan un escudo donde se dibuja un tiesto, mientras sostienen el crecimiento de una alambicada vegetación. Los hierros se entrecruzan desde el dintel hasta el suelo, guardando el elegante vestíbulo de esta construcción clasicista. Esa quimera de herrumbre tiene continuación en el edificio contiguo (Balmes, 107). Son obras gemelas concebidas por el arquitecto Domènec Sugrañes, discípulo aventajado de Gaudí.

A veces el sueño se convierte en pesadilla: ¿qué oculta el misterio de Rosari, 44? La desvencijada puerta de madera de la Casa Urrutia (antiguo Casino Tres Torres) está protegida por unas coberturas de metal negro con motivos vegetales. La intemperie ha convertido en hollín y polvo el caduco esplendor de esta antigua casa de veraneo. Hoy aparece espectral, y su entrada guarda fantasmas olvidados. 

Hay ejemplos infinitos de herreros inspirados por Morfeo, desde despliegues enmarañados (Mallorca, 283; paseo de Gràcia, 77) y combinaciones con madera (Còrsega, 288; Rambla Catalunya, 106), hasta las forjas insondables a la entrada de edificios populares como la Casa Vicens (Carolines, 20), La Pedrera (paseo de Gràcia, 92), o el Palau Macaya (paseo de Sant Joan, 108).


2. Sorpresa multicolor

Tonos de fábula

Puerta de la calle de Pàdua, 75. Un acceso escarlata de cuento.

/ Elisenda Pons

No sé tú, pero yo cuando encuentro una puerta de un color encendido a pie de calle, instintivamente giro la cabeza y desatiendo conversaciones. A menudo incluso tengo que pararme a contemplarla. Me encanta quedarme embobado pensando qué hay detrás de la llamativa puerta verde de los bajos de Francisco Giner, 45 (en la foto de portada). Es fácil imaginar un pequeño taller de juguetes tras esa graciosa pieza de formas redondeadas en tonos trébol, donde la madera da lugar a diversas formas de vidrio. Pero si ahí podrían habitar elfos, existe otra casa baja de colores imaginativos que parece obra de hadas. La sencilla puerta carmesí y rectangular de esa residencia ubicada en Pàdua, 75, es todo un acceso a la fábula. Sobre la entrada puede leerse la fecha de construcción, con el mismo evocativo esgrafiado floral en tonos rojos sobre fondo verde pálido que rocía toda la fachada. Un cuento escarlata brotando de la urbe gris. 

Las puertas de colores llaman más la atención que el vikingo del asalto al Capitolio porque son una concesión al disparate. Siempre despiertan nuestros sentidos. Si buscas colorido, no te pierdas la finura turquesa del portal de la Casa Puig i Cadafalch (Provença, 231), o la sencilla pestaña violeta que alegra la puerta de Providència, 53.

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3. Pidiendo turno 

Escaparates con clase

Casa Almirall tiene una entrada con lustre. Está en Joaquín Costa, 33.

/ Instagram

Nada como una puerta atractiva para decidirte a entrar en un local. El envoltorio es siempre lo más seductor. Casa Almirall (Joaquín Costa, 33) es uno de esos sitios donde las musas salen a tu encuentro antes incluso de atravesar el quicio. La madera se moldea con exquisitez en su puerta, que nos ofrece un lustroso tirador dorado como anticipo a la gloria que encontraremos en su distinguido salón. 

Puestos a escoger, si me constipo prefiero llevar mi receta a un local artesano. La Farmàcia Puigoriol (Mallorca, 312) enamora desde su vistoso letrero hasta el último detalle de su puerta modernista. Para la compra, igual: mejor acudir a uno de esos colmados que son patrimonio arquitectónico de la ciudad, como Queviures Múrria (Roger de Llúria, 85). Hacer cola admirando su glorioso frontal con anuncios retro, y agarrar su picaporte al entrar, convierten lo mundano en exquisito.


4. Fantasías sinuosas 

Remolinos y relieves

El gran portón de madera con hierro negro de la Casa Teresa Vallhonrat (París, 204) empequeñece al transeúnte.

/ Jordi Cotrina

A todos nos gustan las curvas. La imaginación se dispara en cuanto damos con sugerentes formas redondeadas. Es difícil contener la perplejidad frente al portal de la Casa Teresa Vallhonrat (París, 204). Su gran portón de madera con hierro negro empequeñece al transeúnte. Esa envergadura hace pensar en reuniones secretas. Puedes ver a Gandalf musitando viejos sortilegios para conseguir acceso. La magia se completa cuando las pupilas pasean por sus adornos arremolinados, toda un acantilado de sinuosidades donde la madera coquetea con los marcos y el metal se ensortija para copular con su propio reflejo en el cristal. Igual de asombrosos son los relieves circulares que presiden la entrada principal de la Casa Comalat (Diagonal, 442). Las dimensiones de su puerta maestra, hecha de rizos de metal y molduras ovoidales se enmarcan en la tremenda cascada de líneas curvas de su extraordinaria fachada. Corta el aliento también su vestíbulo, decorado por más contornos ondulantes en mármol y madera, en un despliegue voluptuoso y magistral. 

Sin tanta fanfarria, producen una simpatía especial esas puertas que se niegan a trazar un ángulo recto, como los portones de madera de Balmes, 159, y la Casa Modest Andreu (Alí Bei, 3), o el risueño agujero hobbit que se vislumbra en la entrada de la estación superior del funicular de Vallvidrera


5. Portales de cine 

A través de la pantalla

En Rambla de Catalunya, 34, se grabó la película '[REC]'.

/ El Periódico

Pon las manos haciendo visera sobre los ojos y asómate a ver lo que hay tras el cristal de la puerta de Rambla de Catalunya, 34. Atrévete. Hoy en día la Casa Argelich suele estar invadida por equipos de rodaje, pero sigue estremeciendo mirar hacia el interior del portal donde aparecen los muertos vivientes de '[REC]', el filme de terror de Jaume Balagueró y Paco Plaza. Yo paso pitando junto a la puerta de esta finca, no sea que salga a recibirme un vecindario de zombis. Mucho más reconfortante resulta curiosear por la fabulosa entrada de Casa Ramos (plaza de Lesseps, 30-32), protagonista en algunos compases de 'Todo sobre mi madre', de Almodóvar. 


6. Abstracciones modernistas 

Mosaicos y vestíbulos

La puerta principal de Diputació, 227, deja intuir un vestíbulo modernista.

/ Jordi Cotrina

Hablar de modernismo en nuestra ciudad no tiene nada de original. Pero la fascinación continúa intacta cuando asistimos al colorido despliegue de vitrales y mosaicos con formas delirantes y aliento naturalista de algunos portales. A menudo debemos acceder al interior de los vestíbulos para encontrar los mejores detalles modernistas. Por ejemplo, en Diputació, 227, una primera puerta discreta da paso a otra genial, engalanada con refinadas hojas geométricas. Igual pasa con la luminiscente floración acristalada que se esconde tras los timbres de La Casa Manuel Felip (Ausiàs Marc, 20). En el recibidor de Aribau, 148, el espectacular verdor vítreo de su recibidor alcanza esponjosidad 'art noveau'


7. Dioses y monstruos 

Criaturas de portal

Puerta con garras en Pi i Margall, 55.

/ Dracselona

Como el abismo de Nietzsche, en ocasiones si miras fijamente a una puerta, la puerta te devuelve la mirada. Contempla por ejemplo el oscuro dragón que pende de una verja siniestra en Pi i Margall, 55. Cuentan que en otro tiempo ese bicho escamoso de mirada estrábica custodiaba el taller y domicilio de un viejo maestro forjador. Aunque a mí su tensa pose y su cohorte de criaturas nauseabundas se me antojan como la antesala a una mansión mística. 

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Sea como sea, ten cuidado. Desde innumerables puertas y dinteles acecha un quieto desfile de monstruosidades del inframundo, mascarones femeninos y pétreos rostros de viejos dioses viciosos.