RINCONES SIN TOQUE DE QUEDA

Un paseo entre fantasmas por Barcelona

Preparaos para lidiar con brujos, almas en pena y seres de ultratumba. No es el Congreso de los Diputados. Son calles encantadas. Aquí se intuye movimiento aun después de las diez de la noche. Parece que las multas no llegan al Más Allá

Òscar Broc

En el techo del Pont del Bisbe hay una calavera atravesada por una daga. Dicen que si se extrae del cráneo, Barcelona se sumirá en el caos.

En el techo del Pont del Bisbe hay una calavera atravesada por una daga. Dicen que si se extrae del cráneo, Barcelona se sumirá en el caos. / JOAN CORTADELLAS

A los débiles de espíritu les aconsejo que se lo piensen dos veces: todavía están a tiempo de dejar de leer. A los que decidan participar en este trayecto macabro, debo advertirles: no va a ser una procesión agradable. En vísperas del Día de Muertos, este guía contrahecho os descubrirá, candil en mano, las travesías más inquietantes de la Barcelona oculta. Preparaos para lidiar con brujos, exorcistas, asesinos, almas en pena y seres de ultratumba… No hablo del Congreso de los Diputados, esto es un 'tour' siniestro por algunas de las calles más misteriosas de la ciudad. El coronavirus no entiende de fronteras, de acuerdo, pero los fantasmas no entienden de toque de queda.    

1. La leyenda del puente 

Calavera callejera

En el Puente del Bisbe hay una calavera atravesada por una daga / JOAN CORTADELLAS

En la calle del Bisbe, vigilada por un ejército de gárgolas macabras, descansa un cráneo atravesado por una daga que ha suscitado incontables leyendas. Hay que levantar la vista, pues se halla en la parte inferior del Puente del Bisbe, observando con sus cuencas vacías a los paseantes. Nadie sabe por qué el arquitecto Joan Rubió lo puso ahí. Doctos ocultistas aseguran que la calavera es humana y el día que alguien le extraiga la daga, la ciudad de Barcelona se sumirá en el caos. Otros dicen que si pasas por debajo del puente caminando de espaldas y sin dejar de mirar el cráneo, se te concederá un deseo. Los más agoreros juran que con solo mirarlo te caerá una maldición de la que solo podrás librarte frotando el caparazón de una tortuga mágica que hay en el buzón modernista de la Casa de l’Ardiaca. Qué complicado todo.

Bisbe / Santa Llúcia. Gòtic (Ciutat Vella).


2. La Casa del Alquimista

Horror en el Call

En Arc de Sant Ramon está la casa maldita del alquimista / JOAN CORTADELLAS

Dicen que el Call está surcado por una red secreta de túneles construida por los judíos. Dicen… Estamos en un laberinto empapado de magia que tiene en el Arc de Sant Ramon del Call una de sus travesías más espeluznantes. En el número 8 está la Casa del Alquimista. Cuenta la leyenda que un cristiano despechado le pidió al alquimista que allí vivía un veneno para matar a su examante, una chica judía. El alquimista le consiguió una flor envenenada ¡sin saber que la víctima era su propia hija! El brujo, enloquecido por la culpa, maldijo la casa para que nadie pudiera vivir en paz en ella. Algunas noches, los lamentos de su hija recorren la calle como un escalofrío: el toque de queda no cuenta para el Más Allá. 

Arc de Sant Ramon del Call. Gòtic (Ciutat Vella).


3. Pesadilla en Estruc St.

La calle de los horrores

Estruc es el Port Aventura del ocultismo: está llena de símbolos / FERRAN SENDRA

El Port Aventura del ocultismo barcelonés. Explica el escritor Xavier Theros que en Estruc se produjo uno de los asesinatos más estremecedores de la Barcelona de principios del XX: un demente apodado El Cigarrito decapitó a un matrimonio y su retoña, y estuvo conviviendo con los cadáveres hasta que el hedor le delató y decidió suicidarse soltándose un hachazo en la cara. En esta calle hay símbolos masónicos en las placas de los números y muchas vibraciones del pasado, pues su historia está ligada a extraños crímenes de sangre y a la 'pedra escurçonera', un remedio contra las mordeduras de serpiente. En el siglo XV aquí vivió el astrólogo judío Astruc Sacanera; de hecho, en ambos extremos de la travesía hay dos murales cabalísticos erigidos en su honor. Haces una ouija en esta calle y los fantasmas tienen que pedir tanda.

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Estruc. Gòtic (Ciutat Vella).


4. Entrevista con la vampira

La sombra de Enriqueta   

La vampira del Raval, Enriqueta Martí, es un Hannibal Lecter 'nostrat' del que se han escrito cubos de tinta. Nunca sabremos qué ocurrió realmente con la secuestradora y asesina de niños (los evisceraba para fabricar ungüentos) ni cuáles fueron sus conexiones con la alta sociedad (se la acusó de prostituir menores), pero lo incontestable es que fue detenida en su residencia de la calle de Ponent, ahora Joaquín Costa, un pavoroso entresuelo donde hallaron huesos y restos de niños; botes con sangre, grasa y otros fluidos; y un sospechoso salón con muebles carísimos que no encajaba entre tanta miseria. Dicen que Enriqueta sigue saliendo y entrando del número 29 de Ponent, mientras arrastra un saco que, durante el toque de queda, los vecinos oyen con aterradora claridad.  

Joaquín Costa. El Raval (Ciutat Vella).


5. Exorcismos en la Ribera

El otro padre Karras 

En el número 7 de la calle de Mirallers se hacían exorcismos decimonónicos / RICARD CUGAT

Jacint Verdaguer no solo fue un gran poeta, también ejerció de padre Karras y se las vio con Belcebú. Era frecuente verle en la Casa de la Oración, en el número 7 de la sombría calle de Mirallers. Se trataba de un espacio donde el padre Joaquim Pinyol se partía los piños desposeyendo a las víctimas del Caído, muchas veces con la inestimable ayuda del autor de 'L’Atlàntida', que tomó notas de las aterradoras sesiones que allí acontecieron. Por cierto, Enric Casasses recopiló estos escritos en el libro 'Dimonis' (Verdaguer Edicions). De madrugada, en la calle vacía reverberan los gritos, lamentos y vomitonas de aquellos exorcismos decimonónicos: "Jacint, ¿has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija?". 

Mirallers. Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera (Ciutat Vella).


6. Clases sobrenaturales

Escuela de brujos

La angosta calle de la Neu de Sant Cugat, bautizada con tan curioso nombre porque en otros tiempos en ella se vendía nieve para conservar alimentos, fue una vía entregada al ocultismo. En la Barcelona de finales del XIX abundaban los brujos y hechiceros, y en la Neu de Sant Cugat se hallaba una escuela de brujería de gran prestigio, con una lúgubre rectora que haría que Gandalf se orinase encima. La propietaria de este grotesco instituto de hechicería se llamaba La Seca, por su impactante delgadez, y las malas lenguas aseguraban que era pezuña y carne con el Demonio. Sí, La Seca era un ser abyecto y repugnante, pero de sus clases salieron los mejores brujos de la época. Harry Potter no habría aguantado ni una semana.

La Neu de Sant Cugat. Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera (Ciutat Vella).


7. Botellones sin multas 

Espíritus herreros  

Los espectros de un herrero y su aprendiz tienen por costumbre darse unos buenos paseos nocturnos  por la calle del Portal Nou y alrededores. Al parecer, años ha, el herrero le atravesó el pecho a su alumno con un hierro candente porque creía que quería robarle. Cuando el herrero quiso huir, presa de la locura, se topó con un fantasma con una mancha rojiza en el tórax: el terror paralizó el corazón del asesino, y ahora verdugo y víctima flotan sobre los adoquines de Portal Nou, ajenos al estupor de los muchos vecinos que aseguran haberlos visto a altas horas de la madrugada de botellón sobrenatural sin que ningún guardia urbano les multe. 

Portal Nou. Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera (Ciutat Vella).


8. Guisos de carne humana

Hotel Transilvania

La leyenda cuenta que en un hostal de la calle de la Flor de Lliri cocinaban carne de viajeros / RICARD CUGAT

En la decadente calle de la Flor del Lliri había un célebre hostal con un menú degustación 'real food' que incluía guisos de carne humana. ¿De dónde sacaban la mercancía? La leyenda urbana cuenta que el hostal contaba con una cama diabólica que, accionada por un resorte, se doblaba por la mitad y atrapaba al desdichado viajero, que era debidamente pasado a cuchillo. Pero en esta casa todo se aprovechaba y de los cadáveres salían unas albóndigas que estaban… de muerte. Todavía se aprecian restos del hostal en la calle. Si los miras fijamente, verás las caras compungidas de las víctimas que acabaron flotando en el puchero. Sí a la cocina de proximidad. Sí al kilómetro cero.

La Flor de Lliri. Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera (Ciutat Vella).