ESCAPADA

Ruta gastronómica por Aragón

Visitamos los establecimientos más interesantes de Zaragoza, Huesca y Teruel

Ferran Imedio

Casa Lac, el restaurante más antiguo de Zaragoza (1825).

Casa Lac, el restaurante más antiguo de Zaragoza (1825). / FERRAN IMEDIO

Aragón no es la primera opción para un escapada gastronómica. Antes aparecen el País Vasco y Catalunya, por ejemplo, y Madrid, y la Comunidad Valenciana también. Pero que no tenga la fama gourmet no significa que no se pueda disfrutar de lo lindo de unos días de comidas por todo lo alto. No será por producto: jamón y trufa de Teruel, quesos de los Pirineos oscenses o del pueblo turolense de Tronchón, ternasco, cebolla de Fuentes de Ebro, patata agria de la sierra de Albarracín, tomate rosa de Barbastro, borraja, longaniza de Graus, aceite de la DO Moncayo.... Si se te ha hecho la boca agua a estas alturas, sigue leyendo.

Zaragoza 'gastro', por El Tubo

El epicentro gastronómico de la capital aragonesa es El Tubo, una zona con unas pocas calles estrechas repleta de restaurantes (¡hay más de una cincuentena!). Lo habitual es hacer ruta de local en local. Una tapa aquí, otra allá... Y así hasta saciar el hambre y las ganas de socializar.

En cualquier visita gastro a Zaragoza, no hay que perderse Casa Lac (Mártires, 12), que presume de tener la primera licencia de restaurante de España (1825) y ser el más antiguo de la ciudad. Se nota en su decoración de aspecto decimonónico y señorial. La carta que ha ideado el chef Ricardo Gil es una oda a las verduras, en las que se puede profundizar todavía más si pides el menú temático. Para comer, penca de acelga rellena de jamón ibérico y 'velouté' de hongos, y duquesa de patata y borraja con quinoa.

Más juvenil y movido es El Méli del Tubo (Libertad, 12), que llena su local de gente ávida de probar sus divertidas tapas, muchas de ellas ganadoras de concursos de la ciudad, como el Cave Ovum (pasta 'brick' rellena de huevo, salteado de setas con salsa carbonara y torrezno), que en el 2014 fue elegida la mejor tapa mediterránea de Zaragoza, la segunda mejor de Aragón y una de las 50 mejores de España en el concurso nacional celebrado en Valladolid.

El Méli del Tubo. 

Quien quiera ternasco, ternasco tendrá, y de sobras, en La Ternasca (Estébanes, 9), donde cocinan la carne estrella aragonesa de mil y una maneras: churrasquito, en callos, en arroces, guisado, en un revuelto meloso con coco y 'foie', en croquetas… ¡incluso laqueado!

Los fans de la cocina nikkei tendrán una epifanía en el pequeño Uasabi (Cuatro de Agosto, 18) cuando prueben su mezcla de producto local como borraja, ternasco y cebolla de Fuentes con recetas japonesas. Ejemplos: borraja en tempura con mayonesa de soja, 'maki' de borraja y cebolla de Fuentes en tempura con ternasco.  

Fuera de El Tubo, tres propuestas más, una salada y dos dulces. La salada: el restaurante River Hall (avenida de José Atarés, 7), cuya terraza y sala acristalada ofrecen unas maravillosas vistas del Ebro y de El Pilar. Buen producto autóctono y muchas ganas de jugar con el comensal a base de trampantojos, como las piedras del Ebro que en realidad -atención, 'spoiler'- es un queso.

Las visitas dulces son la pastelería La flor de almíbar (Don Jaime I, 21), que mantiene la lujosa marquetería desde que abrió, en 1856, y que es lugar de peregrinaje por sus frutas de Aragón (fruta confitada como melocotón, albaricoque, pera, ciruela, naranja, cereza cubierta con chocolate), y Mi habitación favorita (Espoz y Mina, 33), una coqueta cafetería que hace sus propios pasteles, elabora unas originales mermeladas (limón y ron, naranja con vermut, pomelo con jengibre, clementina con clavo, tomate y chile...) que han ganado premios internacionales y sirve café de especialidad.

Mi habitación favorita.


Huesca

La capital merece tres paradas. Una es La confianza (plaza de Luis López Allué, 8), la tienda de ultramarinos en activo más antigua de España. La abrió en 1871 el francés Hilario Vallier y ahora está en manos de los Sanvicente-Villacampa. Más allá del producto que vende (bacalao, chocolates, especias, legumbres), este local que está como cuando lo inauguraron sorprende por el sótano, que guarda una colección de autómatas.

Tatau Bistro (Azara, s/n) también debe estar en la agenda. Es un bar con estrella Michelin no se encuentra todos los días, y este lo es. Al mando de los fogones anda el catalán Tonino Valente, que aprendió, entre otros, de Carles Gaig. Tatuado hasta las cejas (de las paredes cuelgan láminas de tatuaje que recrean conocidas películas), igual prepara menús degustación con joyas como el ravioli de rabo de toro con caviar ruso que te puede servir unas croquetas y una cerveza.

Y no hay que dejar de ir a la pastelería Ascaso (Coso Alto, 9) a por su pastel ruso, el más demandado de la casa, que lleva avellana, almendra, clara de huevo, espuma de praliné.

La Confianza.

Camino de los Pirineos, se puede parar en Senegüé. Allí está Casbas, restaurante-hotel a pie de la carretera N-260 que sirve comida a todas horas. El año pasado fue nombrado Mejor establecimiento de comida familiar de Aragón del 2019 por la Academia Aragonesa de Gastronomía. Imprescindibles el bacalao al ajoarriero, las migas y el solomillo torrefacto con pilpil de hongos.

Y si subes hasta las montañas, puedes descansar en Tramacastilla de Tena, un pueblecito de 150 habitantes con siete restaurantes. Si no sabes donde desayunar, pásate por el Hotel El Privilegio (Zacalera, 1); su chef trabajó en Casa Lucio de Madrid, así que los huevos fritos son memorables. Sin salir del pueblo, puedes visitar la destilería de Partcharan (Chamediana, 1), donde te enseñan cómo elaboran este licor igualito que el pacharán (la diferencia es que por pocos grados no puede llamarse así) y hacer alguna cata.

Tatau Bistro.


Teruel

¿Y Teruel? Sí, también vamos a Teruel, meca de la trufa negra y del jamón. La comarca de Gúdar-Javalambre, al sudeste de la capital de la provincia, es la mayor productora mundial de este hongo. Los pueblos suelen organizar jornadas gastronómicas entre enero y marzo, y casi cada localidad tiene tiendas que lo venden. En diciembre, Sarrión celebra la Feria Internacional de la Trufa. Y en Mora de Rubielos, el complejo La Trufa Negra, que tiene hotel, 'spa' y un restaurante llamado Melanosporum, propone, cada sábado de noviembre a marzo y de mayo a julio, rutas con perros para ir a buscar trufa y comer después un menú con este hongo.

Allí cerca, también en la sierra de Javalambre, están Valdelinares, el pueblo más alto de España (1.692 metros de altitud), y La Puebla de Valverde, que alberga Aire Sano Experience, un centro interactivo dedicado al jamón DO Teruel. No solo lo venden y hacen catas, sino que te enseñan cómo lo producen a través de paneles amenos, concursos tipo 'quiz' y realidad virtual.

Aire Sano Experience.

Ya en la capital, Yain (plaza de la Judería, 9) es otro de los lugares que no deben faltar en una visita gastronómica a Aragón. Lo dirige el sumiller Raúl Igual, que pasó por El Bulli y que fue campeón de España de sumillería en el 2010 y 19º de Europa y 33º del mundo en el 2013. La especialidad de su cocina es el bacalao. Y como apasionado del vino que es, elabora uno él mismo. 

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