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LA MAR DE BIEN

10 'beach clubs' de visita obligada

Oasis de 5 estrellas. Hamacas, 'dj', cócteles y 'lounges' a ras de mar donde esquivar la canción del verano

Patricia Castán

El Go beach club del Port Fòrum. 

El Go beach club del Port Fòrum.  / XAVIER GONZÁLEZ

Verano. Los termómetros se disparan en la misma medida en que la vestimenta se afloja, los ánimos se relajan para dar paso a los brindis ociosos y crece el apetito de un horizonte azul. Un marco de manual para disfrutar de un beach club donde apurar la dolce vita. La costa catalana exhibe un repertorio apabullante, pero un puñado es obligatorio para el animal de playa, barra y musicón.

En los últimos años se ha multiplicado la oferta de chiringuitos playeros, clubs a ras de mar y vida ociosa con vistas marinas. Las estrictas normativas de muchos municipios catalanes capan algunas ideas, pero el combinado estival que las eleva a categoría de beach clubs pasa sobre todo por un solvente combo que va de la banda sonora a la coctelería, pasando por hamacas, lounges y mesitas marineras. He aquí una selección digna de visita hedonista a menos de una hora y media de Barcelona. 

1. Go Beach Club

LA REINVENCIÓN DEL PORT FÒRUM

Port Esportiu 14P. Port Fòrum (Sant Adrià del Besós)

El club más ambicioso de la temporada viene precedido por una inversión de 3,5 millones de euros para convertir la antigua Capitanía del puerto del Fòrum en un limbo marinero que funciona tanto de día como de noche. Este complejo de ocio va de la A a la Z, con ambiente en primera línea (que no en la orilla), piscina, escenario con aforo para 1.500 personas, perfil arquitectónico premio FAD y un night club interior para que desfilen los mejores dj.

Sin gastronomía no hay paraíso, así que el local cuenta con restaurante entre sus de 4.000 metros cuadrados diseñados para el ocio, con zona a la fresca y a cubierto. Abre de lunes a domingo, sin tregua, en ese territorio por explorar (para muchos) entre el final de Barcelona y Sant Adrià. Si a alguien le da pereza asomarse a ese rincón marítimo, una excusa perfecta en agosto serán las seis fiestas del Circuit Festival (gay) de Matinée. Amén del repertorio de fiestas propias y de las sesiones adictivas de Hotel Cochambre. 


2. Cala Tintorera

UNIVERSO PLAYERO

Moll de Ponent (Vilanova i la Geltrú)

El Moll de Ponent de Vilanova i la Geltrú ha encajado un proyecto que se ha ido asentando en los dos últimos veranos de la mano de La Daurada Group. Una enorme inversión ha dado paso a este universo playero integrado por varias piezas y rematado por una lengua de piedra que literalmente se mete en el mar, conocida como Cala Tintorera, donde se despliegan hamacas, champán, cócteles y música. 

La plataforma tiene un gran ambiente de solaz por la mañana y es un mirador estelar para la puesta de sol al atardecer. Pero la zona ofrece mucho más, ya que integra dos restaurantes anexos, La Daurada (marinero) y La Marabanda (mediterráneo pero especializado en espetos), con sus correspondientes superterrazas en primera línea de mar. Y como guinda, una zona de discoteca y conciertos donde estirar la noche.

El conjunto de este gran blue bar abarca a todos los públicos en las distintas franjas horarias. Algunos se quedan tan boquiabiertos que utilizan la Tintorera como escenario para una boda azul. 


3. El Maravillas

CERCANO Y REVIGORIZANTE

Paseo de la Playa s/n (playa de El Prat de Llobregat)

Quién diría que en El Prat de Llobregat uno se puede marcar una excursión que le haga volar mentalmente mucho más lejos. Primero, porque la playa está en zona de parque natural y sin edificaciones, donde sentir con facilidad la llamada de la desconexión. Luego, porque lo más cercano son arboledas y más allá, el aeropuerto, donde miles de pájaros de acero levantan el vuelo sin tregua a lo lejos. Y, por fin, por su rollo tan informal como cuidado, junto al mar y con unos atardeceres para flipar desde sus hamacas o mesas.

A este container-beach club abierto hace 9 años no le falta una carta informal de bowls, ensaladas, hamburguesas, burratas y otros platos frescos de calidad, y buenos tragos todo el día. Abren hasta medianoche entre semana y hasta las 2 o 3 los findes, cuando entra en escena un coctelero de altura y se programan desde sesiones de dj hasta clases de salsa. Y lo mejor es que sea intergeneracional, con familias, parejas y amigos, sin prejuicios. 


4. Hola!

RINCÓN 10 EN UNA PLAYA SALVAJE

Playa Cap de Grills (Sitges)

Se llama Hola! y cuesta decirle adiós. En este coqueto chiringuito blanco y azul turquesa, las hamacas y lounges fluyen sobre la orilla, en la playa Cap de Grills, junto a Terramar, en Sitges. En sus mesas se puede guardar más la compostura y hacer un buen brindis estival o devorar sus tapas de autor y proximidad. A pie de mar, uno se acurruca en sus sofás y, de viernes a domingo, se deja llevar por sus pinchadiscos y baila sobre la arena, posiblemente una de las sensaciones más vigorizantes que puede experimentar el beachclubero vocacional.


5. Tibu-Ron

ADICCIÓN AZUL EN CASTELLDEFELS

Ribera de Sant Pere, 15 (Castelldefels)

El Tibu-Ron Beach Club hace honor a su nombre e hinca el diente al día y la noche. Bajo el sol, sus mesas y parasoles blancos son punto de encuentro para tomar algo o comerse una paella junto a la arena. Según atardece, el espacio se desdobla como afterwork, y más tarde como night club donde la música –tanto en directo como con elenco de dj– se funde con el sonido de las olas. Hay fiestas de jueves a sábado, aunque de lunes a miércoles el escenario es idílico para tomarse un cóctel y perder la mirada en el infinito. Los más exigentes pueden hacer suyas una de las 10 mesas VIP del local, sintiéndose más cerca de Eivissa.


6. Sea Club Alàbriga

UN LIMBO EN LA COSTA BRAVA

Carretera de Sant Pol, 633 (Sant Feliu de Guíxols)

Navegando a la altura de Sant Feliu de Guíxols, uno puede ver un edificio cuyo perfil asemeja a un barco, el lujoso Alàbriga Hotel & Home Suites, que abrió hace un año para añadir alojamiento sibarita a la zona. Si uno fija la mirada en el pequeño oasis que se recorta más allá del recinto, en los terrenos que se asoman al litoral, tendrá ganas de recalar. 

Este espacio abierto al público (no solo a huéspedes) nace con vocación de atraer a gente de la Costa Brava y de Barcelona con una oferta poliédrica que va de unos lounges convertibles en mesa a la hora de comer o cenar con una fantástica piscina asomada al mar. De día se toma el sol, se contempla la playa de S’Agaró o se brinda con cócteles, acallando el estómago con una carta de platos mediterráneos que van de pescados a arroces. Por la noche, es momento de velas, música en vivo y discjockeys de primera fila hasta las dos. 


7. Donzella

UN CLÁSICO PARA ‘CHIRINGUITEAR’

Paseo Marítim, s/n (Badalona)

Este clásico de Badalona, que abarca del chiringuito de paellas al club de playa con sus monísimas casetas de 1929 donde los recatados de la época se calzaban o quitaban el traje de baño, merece una jornada de asueto. Desde la barra uno huele literalmente el mar, y sobre su carismática terraza inferior sitúa los pies descalzos sobre la arena. Hace ya muchos años que unos amigos se reunían para cantar las habaneras que dieron nombre al espacio. 

En 1962, se construyó el edificio La Donzella de la Costa, en cuya parte alta hay un restaurante más moderno y menos informal con el mismo nombre. Atardeceres plácidos, cócteles y música se combinan en su otra terraza más chill out a diario hasta la medianoche y los fines de semana hasta las tres. De viernes a sábado, la banda sonora en directo va de la rumba al rock y, aunque no hay pista, más de un espontáneo menea las caderas en la arena.


8. Salt

EL EDÉN DEL HOTEL W

Paseo del Marenostrum, 19

Los más perezosos del lugar pueden llegar a pie o en bus al espectacular espacio que el hotel Vela desplegó hace unos años, cuando la Nova Bocana era un desierto y los recién llegados eran más aguerridos que los pioneros de la fiebre del oro. Salt se ubica en primera línea de mar en los bajos del hotel con entrada aparte, y se compone de restaurante informal pero también un beach club sobre la arena donde todo es cool y con una atmósfera entre Eivissa y Miami, según la hora del día.

Exhibe fabulosas hamacas (incluso con taquilla incorporada) para emborracharse de sol y hacerse selfis glamurosos ante una de las mejores barras de coctelería de la ciudad. Si la inmersión diurna es completa, procede pedirse una de sus superhamburguesas u otros snacks. Pero el atardecer, ya sin biquini, es otro momento de éxtasis marinero, antes de estirar las veladas en las fiestas nocturnas de la piscina anexa.


9. Nómada Beach Club

‘ECOLIFE’ PARA DESCONECTAR

Playa del Far de Sant Cristòfol (Vilanova i la Geltrú)

Uno de nuestros favoritos es esta original propuesta en la playa del Far de Sant Cristòfol, donde lo mejor de dos mundos se encuentran: o sea, ambiente ultra relajante de chill out de la mano de buenos tragos y actividades saludables. ¿Su objetivo? "Crear momentos memorables para aquellos que quieren alejarse de lo mundano", prometen.

La ubicación lo dice todo, ya que el faro es la luz de los nómadas y San Cristóbal, el patrón de los viajeros. Abarcan la jornada completa, del zumo détox para empezar el día al vermut de mediodía y los platos de kilómetro 0. Lo mismo se puede devorar unas bravas que zamparse una lubina fresca, en horario ininterrumpido. Lo mismo se hace yoga que te dan un masaje o te nutren con açaí. Lo mismo acuden grupos de amigos que familias.

La vida en rosa de este chiringuito boho está muy concienciada con el comercio justo y el respeto medioambiental. Lo exhiben con vasos reutilizables y campañas de recogida de basura en la playa. La oferta va más allá: monólogos los lunes, música de martes a sábado, tanto en directo como con pinchadiscos que traen ritmos de Cuba a África. Se puede hacer noche en su cámping-bungaló El Garrofer, en versión tiendas de safari, lofts de madera o tipis. 


10. Oasis Beach Bar

PARA COMER, BAILAR Y REIR

Carretera de Mataró, 28 (Badalona)

Como broche, un animado beach club en una primera línea marinera que permite casi rozar las olas. Este espacio en blanco y turquesa se pueden hacer muchas más cosas que tomar una buena copa o comer un arrocito.  A tan solo un cuarto de hora de Barcelona, completa su carta -no faltan tapas, frituras, pescados... y repertorio de cócteles- con una programación estival que abarca de las clases de baile (cada martes, salsa y bachata),  a los monólogos de humor (viernes), sin olvidar la música en directo.