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LA RUTA DE LA BOTA

Las 15 mejores bodegas de Barcelona

Es la última trinchera contra las pamplinas del siglo XXI. Surtidores de cerveza, vermut de la casa, comida casera, mesas de mármol y actitud. Mucha actitud

Òscar Broc

Bodega Carol (Aragón, 558), todo aquí es un puñetazo en la entrepierna del postureo.

Bodega Carol (Aragón, 558), todo aquí es un puñetazo en la entrepierna del postureo. / Carlos Montañes

La bodega es la última trinchera contra las pamplinas del siglo XXI. Repele a 'instagammers'; es ruidosa e incómoda; su clientela no es precisamente 'cool' y apuesta por una gastronomía tradicional y contundente. La bodega es cosa seria, pues preserva un fragmento de la historia de Barcelona y del barrio que le da cobijo. Es un estado de ánimo, pero si tuviera que definirse en varios conceptos lanzados al tuntún sobre el mantel de cuadros, la cosa iría así: veteranía, surtidores de cerveza, vermut de la casa, conservas, comida casera, tapas clásicas, tradición familiar, mesas de mármol, neveras de madera, botas de vino a granel, trato familiar y actitud. Mucha actitud.

1. Cuando haces Clot ya no hay stop

Bodega Carol (Aragó, 558)

Habré explicado doscientas veces mi 'tête à tête' con el bocata de torreznos y huevo frito de la Carol; todos mis amigos saben que viví una epifanía ahí dentro. Tanto es así, que hago viajes astrales a esta bodega del Clot con asiduidad: floto ante su colección de llaveros, acaricio las botas de vino a granel y los generosos vasos de vermut, observo los platos rebosantes de embutidos ibéricos y quesos. Todo en la Carol es un puñetazo en la entrepierna del postureo: berenjenas de Almagro, torreznos de Soria, mojama de Barbate, cecina de León… y colesterol de Barcelona. ¡Que no falte de 'ná'!


2. ¡Viva la Pepa! 

Bodega Josefa (Saragossa, 86)

ricard cugat

El Pepeta’s. La Josefa. Tiene más alias que un rapero, pero lo que le va es el country, como se puede ver en el álbum de fotos familiar en que se han convertido sus paredes. La Josefa es una de las últimas trincheras de la vieja Gràcia. Hacía tres años que no la visitaba y cuando entro me siento como en un episodio de 'Twilight zone': todo está exactamente igual, como si no hubiera pasado ni un segundo desde la última vez que fui. Esas paredes rebozadas de fotos y referencias culés. Esas neveras setenteras. Esas barricas de vino fosilizadas. Esas patatas del tío de la vara. Ese vértigo de estar observando un animal bellísimo al borde de la extinción.


3. La reina de Sants

Bar Bodega Bartolí (Vallespir, 41)

joan puig

Anisados, coñacs, licores. La Bartolí te recibe con estas tres palabras mágicas, el 'Telenotícies migdia' en la tele, manteles de cuadros, botellas de licor del año de la catapún y un aroma de cocina de la yaya que te nubla el cerebro cual opiáceo. En activo desde 1939, con un vermut de la casa artesanal maravilloso, esta bodega familiar es patrimonio histórico de Barcelona. Y su menú mediodía, también: lo cantan a viva voz, a la vieja usanza, y por 13 euros te llenan el plato con pies de cerdo, callos, fricandó, caracoles (la especialidad de la casa) y todo lo necesario para que ese michelín furtivo no pierda la forma. T-e-m-p-l-o.


4. Desde Horta con amor

Bodega Massana (Horta, 1)

Una de las mejores bodegas de la ciudad. Ubicada en Horta, la Massana se abalanza sobre tus sentidos, con unas cubas señoriales, una barra de madera de bar de pueblo, mesas de mármol, vino en porrón y cuatro filetes de anchoa Perelló apoteósicos (con 'chips' artesanales y aceitunas). El vermut artesanal de la casa es tan delicioso que me animo: venga, unos callos. ¡Y qué callos! Detrás de mí, unos señores hablan de la escena de Mickey Rourke y Assumpta Serna en 'Orquídea salvaje'. Una gota cae en mi puchero: es una lágrima de emoción, qué pasa.


5. Donde todos conocen tu nombre

Bar Bodega J. Cala (Pere IV, 460)

Lugares como J. Cala, con su imponente colección de barricas de vino a granel, deberían estar más protegidos que las ballenas. Ahí van dos excusas para el desplazamiento hasta este rincón del distrito de Sant Martí: el factor humano (amor puro) y unas anchoas tratadas artesanalmente que pueden competir con las de los mejores restaurantes de pescado de la ciudad. Es una experiencia que engancha. En  J. Cala no hay clientes: hay familia.


6. Sopa de caracol

Bodega Pàdua (Pàdua, 92)

violeta palazón

Pasar por delante de Bodega Pàdua y no hincarse de hinojos antes los caracoles de la casa es un error de bulto. En este negocio familiar con más de 60 años de existencia, el vermut artesanal mana de un barril personalizado, ubicado en la barra. Hay botas milenarias y más cosas, como medio Seat 600 incrustado en la pared del comedor (te juro que lo vi, no me pasé con el 'priorat'). Todo funciona en este refugio del barrio del Putxet: barricas de vino a granel, cocina catalana sabrosa, desayunos labriegos y un 'pack' anticrisis a 3,95 euros con olivas, anchoa, 'chips' y vermut de la casa que está especialmente indicado para los domingos de fin de mes.


7. Malas calles

Bodega d’en Rubén (Robador, 33)

Es a los pijos lo que la citronela a los mosquitos. En Bodega d’en Rubén, el pequeño Nicolás no duraría ni un estornudo. Ubicada en la calle d’en Robador, el Mordor del Raval, puede vanagloriarse de ser uno de los negocios más auténticos que quedan en Ciutat Vella. El gran Rubén (pídele su 'mix' de vermut y verás) es el alcalde de este polvoriento recuadro, con sus barricas, neveras de madera y un curioso letrero que prohíbe cantar. Su clientela es el anticristo de Instagram: habitantes del barrio, gente curtida y humilde, parados, jubilados… Todos arremolinados alrededor de las cañas y los platos de pescadito frito, como si observaran el maletín de 'Pulp fiction'. En los dominios de Rubén encontrarás antes el máster de Casado que un guiri.


8. Golpe en el 'Pequeño Chino'

Bar Bodega Montse (Arc de Sant Agustí, 5)

jonathan grevsen

Cuando vas a la Montse no vas al Raval, vas al Barrio Chino. Parece increíble que en tiempos de gentrificación exista un lugar tan insobornable como este. Telarañas y polvo recubren las interminables colecciones de botellas y las numerosas botas de vino a granel. Hay carteles amarillentos de corridas de toros y unas neveras Camello que deben de tener más años que mi padre. Y se preocupan por tu ahorros: vasos de vino a 80 céntimos y doble filete de anchoa a 2 euros.


9. Los que van a vermutear te saludan

Celler Cal Marino (Margarit, 54)

Este mes celebra nueve años de entrega a la causa bodeguera. He aquí un reducto de autenticidad en territorio del postureo: Poble Sec. Santuario vermutero donde los haya, Cal Marino es un laberinto de platillos, tapas y aperitivos interminable. Todo fluye y todo está de cine. El vino se vive (y bebe) con pasión: a granel o de alguna de las botellas de su imponente bodega. Por cierto, de vez en cuando se celebran animados vermuts musicales, con grupos en vivo, para ahuyentar a tu peor enemiga las mañanas de domingo: doña Resaca.


10. ¡Vamos, Rafa!

La bodega d’en Rafel (Manso, 52)

'Hitazo'. Su popularidad se debe al encanto del señor que le da nombre; su decoración pre-transición, con mármol, barriles y azulejos; sus excelentes tapas ('capipota', ensaladilla rusa y caracoles de zapateado); su ubicación en el centro nervioso del barrio de moda y su atmósfera 'carajillera'. No es extraño ver a momias y yogures pidiendo al unísono unas anchoas y un vermut en la barra. Y no es solo transgeneracional: está tan de moda que deberás recurrir a tu mejor juego de glúteos para abrirte paso los fines de semana.


11. A prueba de guiris

Bodega La Palma (Palma de Sant Just, 7)

cecile carrez

A medio camino entre bodega y restaurante, La Palma es uno de los pocos rincones históricos del Gòtic que los guiris todavía no han convertido en Saloufest. Este espacio octogenario ha pasado por varias manos, pero ha tenido el acierto de preservar su silueta de bodega senil, con mesas de mármol, botas enormes, carteles antiguos y puerta de madera y cristal. Puedes darle a los boquerones y al vermut, pero si la cita es más formal, en la carta encontrarás platos más elaborados a precios más urticantes.


12. Anchoas de nuestras vidas

Celler Ca La Paqui (Sant Joan de Malta, 53)

joan puig

Trabajan las anchoas a mano y las bichas son imperiales. Miguel Ángel Revilla tendría poluciones nocturnas con ellas. ¿Y sus patatas de Olot? Ricas, ricas. Esta bodega es un chute intravenoso de autenticidad. Te cura el postureo a base de tapas caseras, ibéricos, banderillas XL, queso de oveja, molletes de 'pringá', boquerones y anchoas, sí, muchas anchoas.


13. Viejos nuevos tiempos

Bodega Amposta (Amposta, 1)

El ejemplo de que las bodegas pueden tener varias vidas y adaptarse los tiempos que corren sin traicionar su antigüedad. Recién rescatada y renovada de forma exquisita, la nueva Amposta es el híbrido definitivo entre bodega y restaurante. Por una parte, producto supremo y cocina bodeguil de alto nivel a base de platillos y brasa. Por la otra, barricas de vino, cañas sin pasteurizar y un ejército de porrones. Presente versus pasado. La bodega del siglo XXI… con precios del siglo XXI: tu Visa tendrá estigmas.


14. Desayuno con diamantes

Bar Bodega Gol (Parlament, 10)

Lleva en Sant Antoni más tiempo que 'Cuéntame' en la tele. La senectud del barrio venera sus desayunos de cuchara, su inmutabilidad. Cuando entras, se paran los relojes, como en el triángulo de las Bermudas; los ecos del pasado reverberan en cuatro cubas de vino elevadas y en una polvorienta foto de Anita Eckberg, la única divinidad a la que se reza en esta iglesia. En Gol puedes entregarte a un vermut rápido y unas anchoas, pero también a unos platos caseros que resucitarían al doctor Caparrós: codillo, 'escudella', carrillera, 'capipota', 'trinxat'… El último bastión de la Barcelona de Kubala.


15. 'Calvo' a los nuevos tiempos

Bodega Montferry (Violant d'Hongria, 105)

joan puig

La Montferry vive una segunda juventud desde el 2013, aunque su esencia es la de siempre. Botas de vino a granel, neveras de madera, barra metálica, sifones… El amor con el que se ha forjado el negocio impregna joyas como el 'capipota', las croquetas o las albóndigas. Y han llevado el arte del bocata a un nueva dimensión creativa, con ingredientes de cocina casera que combinan con atrevimiento. Cada día se inventan un bocadillo nuevo y van servidos de imaginación: uno de sardinas con mejillones; uno de jamón canario con cheddar y pimientos del Padrón; ¡uno de 'capipota'! Por cierto, si quieres completar la experiencia, pídete el vino en porrón y hazle un calvo a los nuevos tiempos.