JURASSIC BAR

Bares a prueba de extinción

Son más viejos que Matusalén, pero tienen una vitalidad a prueba de canas. Las últimas trincheras contra las modas. Jurásicos básicos

Òscar Broc

Bar Mónaco (1973)

VUELVEN LOS 70 Pallars, 164. Tel.: 93 300 17 67 

Simón García dejó Soria para probar suerte en Barcelona en los años 60. Lleva 44 años abriendo la persiana del Mónaco. Es uno de los personajes más queridos del Poble Nou. Conoce a los vecinos, ha vivido las peores épocas. Si Álex de la Iglesia hubiera descubierto su negocio, seguramente habría rodado El bar en él. En esta gruta resuenan los ecos de los últimos 40 años del barrio, es un pedazo de historia que se rebela contra la asepsia hípster a base de conservas populares, quintos baratos, horror vacui, una sala de juegos con futbolín y billar y una decoración asombrosa que no se ha movido de la década de los 70. Entra en el Mónaco y pregunta por doña Gentrificación: ni está, ni se la espera. 

Lleva 40 años abriendo la persiana en el Poble Nou. Una guarida que se mantiene en los 70. JORDI COTRINA 


Gol (1943)

DEPORTE REY  Parlament, 10. Tel.: 93 441 10 60 

Al lado de La Bodega d’en Rafel (otro templo del paleolítico) hay una zona blanda en la que el espacio-tiempo se ralentiza cosa mala. Su nombre nada tiene que ver con el deporte rey. De hecho el deporte rey en esta casa es el desayuno de cucharón y el vermut. Gol es el apellido de la saga familiar que lo regenta desde 1943. Y en este garito formica friendly no están para pamplinas. Sus neveras de madera y sus barriles han absorbido como esponjas la historia de Sant Antoni de los últimos 70 años; son patrimonio del barrio. Y para patrimonio, no del barrio, sino de la humanidad, la cocina casera de la yaya. Callos, capipota, codillo, galta... Lo que el hambre proponga y Gol disponga. Si anunciaran su cierre, los pensionistas y oficinistas del lugar se levantarían en armas.  

  

Hora de desayuno con cucharón en Gol, en Sant Antoni. Lleva más de 70 años abierto. JORDI COTRINA


Marsella (1820)

JÓVENES OCULTOS  Sant Pau, 65. Tel.: 93 442 72 63

El Marsella es la cueva donde confluyen alimañas, rateros, poetas sin blanca, universitarios con hígados de acero, guiris incautos y otras lechuzas del Raval. No por ser el más conocido tiene menos encanto. Lleva anclado en la cara oscura del Chino desde 1820, ha estado a punto de morir más veces que Batman, y su absenta todavía se inflama e ingiere con la excitación de la clandestinidad. Aquí han mamado los grandes: Hemingway, Gaudí, Picasso… Porque en sus buenos tiempos, el Marsella fue el Coachella de la bohemia catalana: una masa beoda de celebrities, sindicalistas, anarquistas y lo que Dios dispusiera. Sus entrañas ambarinas, forradas de madera vieja, mármol amarillento y espejos fosilizados, permanecen intactas desde tiempo ha… y así seguirán cuando seamos pasto de gusanos.   

El Marsella hace 10 años. ALVARO MONGE 

  


La Masia (1952)

BIENVENIDO A CASA Elisabets, 16. Tel.: 93 302 24 30

Un bar de barrio que repele las modas. Un negocio de otros tiempos que ha sobrevivido a diferentes generaciones de la familia Pijoan. Un milagro que el Raval debería preservar cual reliquia sacra… Abierto desde mediados del siglo XX, La Masia resiste la embestida de los nuevos tiempos tirando de encanto, tapas efectivas y  sabrosos platos caseros a precios competitivos. Bravas deliciosas (picantísimas), bacalao de guerrilla, albóndigas potentes, boquerones con salsa picante de traca, caña abundante, vermut popular, calendarios picantes y ambiente de bodega catalana del año de la catapún. ¡Lo tiene todo, diantre!   


Cervantes (1939)

DONDE TODOS SABEN TU NOMBRE Cervantes, 7. Tel.: 93 317 33 84

Por su bocadillo de tortilla con queso mato. Foodporn no, lo siguiente. Las hermanas Esteve heredaron este negocio familiar, inaugurado en 1939 como licorería, y han conseguido que alcance los 80 años con la salud de un adolescente. El Cervantes es garantía de autenticidad, trato cercano, honestidad. Sus bocadillos son históricos, pero aquí manda el menú de mediodía a 12 euros, un menú que alimenta a una clientela mayoritariamente local desde hace mucho tiempo. Cocina casera, sencilla, sabrosa y reconfortante en un bar/casa de comidas que irradia la personalidad de sus dueñas: fuerte, incansable y acogedor. La última trinchera que nos queda en el Gòtic.    

Foto con solera del Cervantes.


La vermuteria del Tano (1927) 

GIPSY KING Bruniquer, 30. Tel.: 93 213 10 58

Los gitanos de la plaza del Raspall eran habituales de esta vermutería. Cuenta la leyenda que fueron ellos quienes le pusieron el nombre en honor al actual propietario, Cayetano Gabernet. Conocido por los antiguos como Can Misèries o Can Llaunes, este rincón histórico, que comenzó siendo una tienda de aceites y vinos, le ha lanzado un órdago a la flecha del tiempo. Pósteres antiguos, una colección de relojes más vieja que las uñas postizas de la Castafiore, mesas de mármol fosilizadas, barriles de vino, una barra cuyo reloj biológico se paró hace 60 años y una fecha de fundación que impone respeto: desde 1927 inyectando felicidad en el sistema circulatorio de la clase obrera de Gràcia.


Raïm (1886)

COMO UNA CUBA Progrés, 48

En la Gràcia más inhóspita se alza un santuario cubano… ¿O es una bodega catalana? Ambas cosas. El Raïm comenzó siendo un comedor para los trabajadores de la fábrica que había en la calle Siracusa. El primer registro que existe del local data de 1886, pero el edificio es mucho más antiguo. Se transformó en una bodega-vermutería (en la foto vemos a su antigua propietaria, la señora Nuri), para después adoptar el aspecto de un bar cubano pre-revolución. Las paredes están forradas de fotografías que evocan la isla caribeña, y de la barra de mármol despegan unos mojitos que están para mojar pan. La combinación de combustión cubana y nostalgia retro catalana hace de esta pieza conservada en ámbar uno de los viajes en el tiempo más calientes de la noche de Gràcia. ¡Asúcar! Lo siento, me he dejado llevar… 


Canigó (1922)

GRÀCIA SEPIA Verdi, 2. Tel.: 93 213 30 49

Cuando entras en el Canigó, la nostalgia te acaricia la cara como un croché enloquecido de Mike Tyson. Cada vez que lo visito, me siento igual que cuando era pequeño y entraba en el café del pueblo. La madera envejecida, el peso de la historia, el aroma torrefacto, las mesas de mármol… El Canigó ha sido un impecable mirador a las entrañas de Gràcia desde 1922 y todavía hoy es uno de los establecimientos más concurridos. Su terraza en la plaza de la Revolució tiene gran parte de culpa. Tres generaciones han servido cafés, vermuts, cervezas, tapas y comida al otro lado de esta trinchera en perpetua lucha contra esa tontería llamada «paso del tiempo», como el rostro de Isabel Preysler.  

Canigó en sus inicios.  


Versalles (1915)

EL REY DE SANT ANDREU  Gran de Sant Andreu, 255. Tel.: 93 179 49 07

Cuando veas la barra afarolada de este bar, con sus musas de hierro, y toneladas de madera noble, te preguntarás si te han traído a Sant Andreu en un Delorean. La del Versalles quizás es la barra-mostrador más bonita de Barcelona, un recuerdo de la historia que se ha escrito en sus adentros. El sótano sirvió de refugio durante los bombardeos de Sant Andreu en la guerra civil. La familia fundadora, los Heredero –que hace tiempo traspasaron el negocio–, son un saga ilustre del barrio. El Versalles despierta tanta adhesión que cuando estuvo a punto de ser sustituido por una entidad bancaria, la clientela se movilizó con pancartas y el bar allí se quedó. Este sitio tiene un libro.  

El Versalles, en sepia. 


Les gens que j’aime (1967)

TERCIOPELO Y TAROT València, 286. Tel.: 93 215 68 79

A este bar polvoriento acudían los modernos de Barcelona en los años sesenta a beberse hasta el agua de los floreros. La gauche divine se relamía de gusto con el interiorismo de Joaquín Gallardo. Les gens que j’aime parece un decorado lynchiano; es un sótano misterioso, mágico; el terciopelo y la madera vieja dan sentido a una decoración imposible. Sus veteranas sesiones de tarot y quiromancia, amén de sus cócteles populares, son los reclamos más celebrados. Y en noviembre cumple 40 años sin intención alguna de caer en la crisis de la mediana edad. Si un día ves al enano de Twin Peaks hablando al revés en el lavabo, actúa con naturalidad: todo es posible en este lugar. 

Les gens que j'aime. 


Casa Almirall (1860)

TIEMPOS MODERNISTAS Joaquín Costa, 33. Tel.: 93 318 99 17

Un bastión modernista anclado en el barullo de Joaquín Costa, una calle que parece estar viva y muta. Casa Almirall, fundada por Manel Almirall en 1860, sobrevive a los cambios. Su interior es una fotografía gastada de la Barcelona mágica de finales del XIX. La puerta de la entrada, el mostrador, las lámparas y la barra marmórea son un salto vertiginoso al pasado. La tenue iluminación victoriana perla un interiorismo centenario, más alineado con las levitas y los anteojos añejos que con las camisas de franela y las gafas de pasta hípsters. Aferrarte a una copa de absenta es asignatura obligatoria en este local legendario, dominado por la mujer de hierro de la barra: dicen que esta musa lleva ahí más de 100 añazos contemplando cogorzas.  

Foto de época de Casa Almirall. 


Cafè del Centre (1874)

LOS INMORTALES Girona, 69. Tel.: 93 488 11 01

Imagino un desfile de fantasmas cada vez que se se baja la persiana del Cafè del Centre. Literatos poetas, taquígrafos, taxistas..., las almas de las incontables generaciones de barceloneses que han pisado sus ajadas baldosas durante sus 140 años de historia. Pocas cosas tienen pinta de ser nuevas en esta trinchera sepia que comenzó siendo un casino. Hay muebles que resisten desde tiempos inmemoriales. Las mesas y azulejos son más antiguos que algunas pirámides. Quizás por eso este santuario ha contado con adeptos ilustres, como Ovidi Montllor o el gran Francisco Ibáñez. Seguro que habéis estado en él, aunque no lo conozcáis: ha sido escenario de videoclips, anuncios, películas y series. No hay atrezo que lo supere.

El Cafè del Centre, hace 16 años. 


Y PARA REMATAR... A solas con Trix

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