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A TODO GAS

Un café para aparcar (un rato) la moto

No hay motero que no haya oído hablar del Ace Cafe London. Barcelona, el reino de las motos, ya tiene el suyo

David Torras

Las concentraciones de coches clásicos y motos forman parte del paisaje del Ace Cafe.

Las concentraciones de coches clásicos y motos forman parte del paisaje del Ace Cafe.

Cuando la historia echó a rodar, en 1938, nadie imaginaba que la ruta sería tan larga y que, en medio de unos cuantos accidentes, aquella cafetería se mantendría en pie y seguiría oliendo a goma y a gasolina, convertida en un templo de peregrinación para una secta indestructible que solo tiene un mandamiento: amarás a tu moto sobre todas las cosas.

El Ace Cafe London tiene aires de catedral en ese mundo que vive sobre dos ruedas y que en su caso va acompañado por otro amor irrenunciable: el rock and roll.

Ha sobrevivido a casi todo, aunque ha sufrido dos caídas durísimas. La primera bajo las bombas de la segunda guerra mundial, pero volvió a levantarse como tantos y tantos de sus clientes que acababan por los suelos entre apuestas cerveceras. Cuentan que el ritual empezaba echando una moneda en el jukebox y el que daba una vuelta (puestos a imaginar, que sea en una Triumph) antes de que acabara la canción ganaba.

Ese cóctel de motos y rock sirvió de plataforma para muchos pilotos y unas cuantas bandas de música. A finales de los 60 llegó otro revolcón. Tardó más de tres décadas en recuperarse, aunque sus feligreses siempre le tuvieron presente en sus oraciones.

En 1994, más de 7.000 motos y 12.000 personas se citaron para honrar a esa catedral el día en que llevaba 25 años cerrada. Pero el Ace Cafe de Londres volvió a ponerse en marcha. Y ese rugido acaba de llegar a Barcelona.

PUNTO DE ENCUENTRO

Es domingo por la mañana y el silencio de la Zona Franca queda interrumpido por un sonido inconfundible. Las Harley tienen lenguaje propio y hay quienes están convencidos de que hablan entre ellas. Y ahí están, en un desfile desde primera hora, encantadas de exhibirse unas al lado de otras, en el enorme aparcamiento del Ace Cafe Barcelona (en total son más de 4.700 m2), mientras sus amos andan de cháchara con los colegas entre birras (hay una amplia selección junto a una carta mediterránea con alguna referencia a la cocina tradicional inglesa) y vermuts. Casi todos se conocen, hermanados por lo que más que una afición es una forma de vida.

Ahí está Salva, con la cazadora de cuero de su club, los Jaguars, del que forma parte desde hace 28 años. La ruta de hoy es a Tarragona y han decidido pasarse antes por el Ace Cafe del que tanto se habla en el mundillo. «Las motos son mi vida», dice, mientras anda explicando sus recuerdos de un día que tiene fresco en la memoria y que hoy revive: «Cuando entré en el Ace Cafe de Londres se me puso el vello de punta. Era la meca de los moteros rockers y notas que ahí dentro hay mucha historia. Esto no es lo mismo, pero puede ser un buen punto de encuentro para quedar».

Además del desfile de motos, hoy hay concentración de coches clásicos, otra de sus debilidades. Y después hay carrera, el Gran Premio de Le Mans, que seguirán en dos grandes pantallas.

GASOLINA POR LAS VENAS

El camino hasta aquí no ha sido fácil para quienes se han embarcado en esta aventura, un grupo de socios catalanes, convencidos de que Barcelona merecía entrar en el reducido círculo de los Ace Cafe. «Nos pusimos en contacto con los propietarios de la marca en Londres y, después de meses de conversaciones, planes de negocio y estudios de mercado, conseguimos la licencia para España y Andorra», explica Fernando Sánchez-Crespo, que refuerza la idea de que el local está dirigido a todos aquellos a los que «les corre la gasolina por las venas».

Y son muchos. Barcelona tiene el título de ser la ciudad europea con más motos por habitante: 203.000 en total. Muchas de ellas estarán encantadas de que las dejen un rato aparcadas en el Ace Cafe. Y que las miren. Y que no dejen de hablar de ellas mientras cuentan batallitas entre cervezas.