ESTOY EN BERLÍN

La ciudad sin carne

La ecofilosofía vegana ha pasado de ser una alternativa marginal a ir más allá de la tendencia 'hipster' para convertirse en un fenómeno normalizado en la capital alemana

Carles Planas Bou

Decenas de veganos se agolpan en la inauguración del Dandy Diner.

Decenas de veganos se agolpan en la inauguración del Dandy Diner. / XAMAX

El pasado 16 de abril, un sábado por la noche, la policía de Berlín tuvo que desplazar a sus agentes a la concurrida Karl-Marx Strasse. Hasta 800 personas se habían congregado en esta calle de Neukölln, el barrio de moda, desbordando las aceras y dificultando la circulación del tráfico. No era ni una manifestación ni un altercado, sino la fiesta de inauguración de Dandy Diner, el nuevo local vegano de dos populares bloggers berlineses.

¿Habría sido posible este frenesí vegano en otra ciudad? Con alrededor de 45.500 adeptos, un 5% de los 900.000 del país, «Berlín, y de hecho toda Alemania, se ha convertido en la vanguardia del movimiento vegano que se expande por Europa», aseguró Sebastian Joy, vicepresidente de la asociación vegetariana Vebu, a la agencia AFP. Actualmente hay 303 establecimientos vegan y vegetarian friendly en la capital, según recoge el portal Happy Cow, muy por encima de los 188 de París, los 138 de Ámsterdam, los 95 de Barcelona o los 88 de Londres.

La creciente popularización de este fenómeno ha hecho que sea complicado encontrar una carta de menú en la que no figuren productos como el tofu, el seitán o la soja. Eso hace que, escogida capital veggie del 2015, sea la ciudad perfecta para dar el salto. «Berlín me convirtió en vegana», asegura la fotógrafa portuguesa Inês David. Su visita al Veganes Sommerfest, el festival vegano más grande de Europa, en el 2012 le abrió las puertas de un mundo desconocido. Su curiosidad y la influencia de documentales como Earthlings Cowspiracy hicieron el resto.

El fácil acceso a supermercados bio, asegura, también allana el camino. Pero, más allá de la tendencia alimentaria, el veganismo es una filosofía de vida basada en el respeto medioambiental y en contra de la opresión, lo que hace que sea un movimiento mucho más profundo que tan sólo una cuestión alimentaria. Así, también es cada vez más normal ver comercios de ropa, centros de cosmética, peluquerías o estudios de tatuaje en los que se rechazan abiertamente los productos animales.

Esta ola empieza a influenciar a las nuevas generaciones. Ya sea por ética animal, ecológica (muy extendida en Alemania) o por desagrado a la carne, ha pasado de ser una alternativa marginal a un fenómeno hipster y, ahora, una práctica normalizada. Incluso hay abierto un debate social sobre si se debe promulgar el veganismo en las escuelas. Inês tiene claro que es un estilo de vida que quiere promover. Su blog y el libro de recetas veganas que prepara hablan solos. «Mi vida ha cambiado completamente», celebra. «Siento que una parte de mi cerebro se ha desbloqueado».

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