Arte

'Amb veu pròpia: dones cos a cos': mujeres que dibujan a mujeres

El Museu del Còmic de Sant Cugat repasa cómo las historietistas han representado el cuerpo femenino durante el último siglo, un recorrido gráfico para entender el feminismo actual

Sonia Gutiérrez

Las primeras historietistas quedaron relegadas al mundo infantil. Destacan Lola Anglada, que en este ejemplar de 1926 del semanario ‘La Nuri’ explica cómo tienen que comportarse las niñas (derecha); o Abel, el alias masculino que utilizaba Josefina Tanganelli para firmar sus obras, incluida esta portada de 1930 del ‘Virolet’.

Las primeras historietistas quedaron relegadas al mundo infantil. Destacan Lola Anglada, que en este ejemplar de 1926 del semanario ‘La Nuri’ explica cómo tienen que comportarse las niñas (derecha); o Abel, el alias masculino que utilizaba Josefina Tanganelli para firmar sus obras, incluida esta portada de 1930 del ‘Virolet’.

Mujer y cómic: a lo mejor nos vienen a la cabeza Wonder Woman, Tormenta, Catwoman... No, no... esta exposición no va de esto. ¿Purita Campos? ¿Flavita Banana? Ya nos vamos acercando: el Museu del Còmic de Sant Cugat dedica una exposición a cómo las mujeres han dibujado a las mujeres desde principios del siglo XX hasta hoy. 'Amb veu pròpia: dones cos a cos' reúne obras de unas 40 artistas, un recorrido gráfico para entender los cambios sociales que nos han llevado hasta el punto actual. El feminismo es una larga lucha por la igualdad que también se observa en la historieta.

Esther, de Purita Campos (izquierda), y Mary Noticias, de Carme Barbarà, representan una época en que dominaba un estereotipo de la mujer según el orden patriarcal. Fueron dibujantes que, pese a tener su voz silenciada, dignificaron el pequeño espacio que les asignaron, ganándose el cariño de legiones de lectoras.

'Amb veu pròpia: dones cos a cos'

Museu del Còmic
Plaza de Pep Ventura, 1.
Sant Cugat del Vallès
Horario: De martes a viernes, de 16.00 a 20.00 horas; sábado, de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 20.00. Domingo, de 10.00 a 14.00. Hasta el 7 de junio.
Precio: 7 €

«Esta muestra refleja cómo las mujeres han dibujado su propio cuerpo, es un diálogo entre autoras antiguas y modernas, y cada época está contextualizada», explica su comisaria, la dibujante Marika Vila. La autora de 'Mata Hari' había comisariado 'El cuerpo como conflicto, dentro de Feminismos!', en el CCCB, que es el germen de la exposición actual. La representación del cuerpo femenino dice mucho sobre la época que a cada dibujante le tocó vivir. 

Cuerpos ocultos bajo los vestidos

Por ejemplo, durante el franquismo, el cómic femenino pintaba un estereotipo de mujer preocupada por la casa, la pareja, las compras... y sus cuerpos «no existían»: se ocultaban bajo los vestidos, explica Marika. «No es que las mujeres no tuvieran nada que decir, sino que no tenían espacio, el espacio que decían que era de ellas era impuesto», recalca. Es la época de Carme Barbarà y Rosa Galcerán, entre otras.

Con la Transición, llegaron también las vanguardias feministas. Un grupo de autoras optaron por combatir los estereotipos que las ataban. La representación del cuerpo femenino formaba también parte de esa transgresión, como se aprecia en las obras de Marika Vila, comisaria de la muestra (izquierda) y Ana Miralles (derecha.).

La ruptura vino en los años 70. Algunas dibujantes, entre las que figura Marika, se rebelaron contra la visión patriarcal. «El cambio se nota en la expresión del cuerpo: se rompe el modelo de una sola mujer y salen las mujeres». Surge el cómic para adultos, la pluralidad, el erotismo. Las herederas de esa época transgresora forman la nueva generación de dibujantes (Antonia SantolayaRaquel Riba Rossy...). «Ellas tienen un referente en nosotras y a nosotras nos anima saber que están ahí», dice Marika, orgullosa. La lucha sigue, pero no faltan guerreras.

Jóvenes dibujantes reivindican su empoderamiento y aprovechan las nuevas tecnologías y las redes sociales para ofrecer un discurso propio y alternativo. Cuerpos femeninos tan diversos como los de Raquel Riba Rossy (derecha) o Antonia Santolaya (izquierda). Ahora hay tantos tipos de mujeres como manos que las dibujan.

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