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TEATRO

Clase magistral de Lola Herrera en el Goya

La actriz regresa al monólogo de 'Cinco horas con Mario', el consagrado montaje a partir de la novela de Delibes

José Carlos Sorribes

Al interpretar a Menchu, Lola Herrera siempre ha mantenido una relación de amor-odio con el personaje. 

Al interpretar a Menchu, Lola Herrera siempre ha mantenido una relación de amor-odio con el personaje.  / DANIEL DICENTA HERRERA

Cuarenta años y como el primer día. O mejor. Lola Herrera, una actriz de 84 años, sí 84, está dando un clase magistral de interpretación estas semanas en el Teatre Goya. Sin alardes, sin imposturas, sin barroquismos, con toda la naturalidad que da el saber pisar un escenario. Y una voz tan nítida y convincente, que por sí sola nos conduce al pequeño mundo de Carmen Sotillo, una mujer de la España de 1966 que acaba de perder de forma inesperada a su marido, Mario, y se despide de él en la intimidad del velatorio. Lo hace interpelándole sobre secretos, sueños frustrados e ilusiones perdidas que nunca le había contado, pero que él seguramente conocía.

Cinco horas con Mario

Teatre Goya
Autor: Miguel Delibes
Adaptación: Miguel Delibes, Josefina Molina y José Sámano
Dirección: Josefina Molina
Intérprete: Lola Herrera
Hasta el 20 de octubre
A partir de 24 €

Lola Herrera ha regresado de nuevo a 'Cinco horas con Mario', la obra a partir de  la novela de Miguel Delibes –que participó en la adaptación– y que dirigió Josefina Molina. Dos mujeres, mano a mano, para levantar un monólogo teatral con la misma potencia y altura del original narrativo. Herrera fue Carmen Sotillo, Menchu, en diversas etapas desde 1979 y hasta el 2005. Natalia Millán retomó el insigne personaje cinco años después. Volvió a él la protagonista original el pasado año en una gira que ha llegado al Goya, con la platea a tope, y que la ha de llevar después a otros escenarios catalanes.

El público despide en pie a Lola Herrera, que tiene que salir varias veces a saludar. Es un acto de justicia, un reconocimiento a un actriz con tanto recorrido y a un trabajo excelso. Porque Herrera respira siempre el personaje, lo conoce hasta en el mínimo detalle y así se lo transmite al espectador. La dirección de Molina, con la austeridad y sencillez que requiere la situación, colabora en un cuadro sin aristas.

Fascinación y rechazo

«El personaje me producía una extraña mezcla de fascinación y rechazo», ha explicado la actriz, nacida en Valladolid como la Carmen Sotillo de Delibes. Probablemente la misma sensación deba tener el espectador en el viaje a la España franquista de 1966, un país entonces aún sometido con mano de hierro pero que ya iba dejando atrás las enormes privaciones de décadas anteriores.

LO+

La comunión alcanzada entre una gran actriz y su personaje a lo largo de tantos años.

LO-

Como ocurre en los monólogos intimistas, el público más alejado puede perder detalles.

Porque Delibes firma una extraordinaria y crítica foto fija de la España de provincias de aquel tiempo, muy reconocible aún para los espectadores muy veteranos (no son pocos) del Goya y una lección de historia para los jóvenes. Una época en la que mujeres como Menchu soñaban con tener un 600 y debían conformarse con un paseo furtivo en el Tiburón de un viejo amigo. La estancia de la obra en Barcelona ha coincidido con el fallecimiento de su productor, y también adaptador, José Sámano. No podía tener un mejor homenaje.

Temas: Teatro