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'Chernobyl, zona prohibida': todo es silencio

Los fotógrafos Miquel Àngel Pérez, Alex von Podolsky y Quim Tomàs han viajado al escenario de la tragedia nuclear de 1986 para retratar la huella del tiempo en los lugares abandonados

Sonia Gutiérrez

Máscaras de gas que evidencian el peligro al que se expuso la población.

Máscaras de gas que evidencian el peligro al que se expuso la población. / QUIM TOMÀS

En Chernóbil no se oyen los pájaros. Todo es silencio. Lo cuenta Alex von Podolsky, que estuvo allí en el 2017 con Quim Tomàs y Miquel Àngel Pérez. Estos tres fotógrafos viajaron a la zona cero de la tragedia nuclear en busca precisamente de silencio y soledad. Los espacios abandonados ofrecen unas posibilidades fotográficas que no hay en otros lugares, y Pripyat, la ciudad de Ucrania en la que vivían las familias de los trabajadores de la central, es, tres décadas después de la funesta explosión del reactor 4, el abandono absoluto.

Chernobyl, zona prohibida

Galería Ilmondo (Calàbria, 178).
Hasta el 15 de noviembre.
Horario: de martes a viernes, de 11 a 13.30 y de 17 a 20.30 horas. Sábados, de 11 a 13.30 horas.
Precio: Entrada gratis

Antes de que el nombre de Chernóbil sonara a exitosa serie, Podolsky, Tomàs y Pérez se embarcaron en un viaje no exento de riesgos, para el que se prepararon a conciencia (solo se puede ir con autorización). De aquel viaje son las fotos de la exposición 'Chernobyl, zona prohibida' que se exhibe en la Galería Ilmondo.

Un autobús escolar abandonado entre los árboles / QUIM TOMÀS

"Dentro de la desgracia, fotográficamente es una maravilla", explica Von Podolsky. Ciertamente, las imágenes que captaron Pérez con su Hasselblad analógica, Tomàs con su Fuji y Von Podolsky con su Nikon son conmovedoras. Una incubadora llena de polvo, un campamento para niños sin niños, las mangueras de los liquidadores... todo en gris y marrón, como si el color no tuviera permiso para entrar, salvo una pintura alegre, ya fuera de contexto, en una escuela, o el verde de la naturaleza.

Porque no todo es muerte, recalca Von Podolsky. La invisible contaminación radiactiva se palpa a cada paso, pero la vegetación avanza. Al ver las imágenes, imposible no tomar conciencia de lo que no debe volver a ocurrir. Y el silencio sigue, ahora al otro lado de las fotos, en la persona que las mira.

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