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FILME PREMONITORIO

'Blade Runner', y el mañana se hizo hoy

La película estrenada en 1982 imaginó un 2019 bastante parecido al actual. ¿Hará lo mismo su secuela?

Nando Salvà

Ryan Gosling, en ’Blade Runner 2049’.

Ryan Gosling, en ’Blade Runner 2049’. / STEPHEN VAUGHAN

Tras años de espera y una sucesión de rumores, 'Blade Runner 2049' llega hoy a los cines. ¿Logrará hacernos olvidar a su predecesora? No tendrá fácil: 'Blade Runner' (1982) sigue siendo considerada una de las obras más revolucionarias de la historia de la ciencia-ficción, en gran medida porque buena parte de lo que imaginó hace 35 años acerca de nuestro presente ha resultado ser profético.

Almas metalizadas

'Blade Runner' imaginó un 2019 en el que la inteligencia artificial ha alcanzado tal grado de desarrollo que los androides son superiores a los humanos, no solo intelectual sino también físicamente. A dos años de ese futuro ficticio de la película, sabemos que en unos años la robótica invadirá muchos sectores profesionales y que, por tanto, muchos empleos quedarán obsoletos. Los expertos auguran que una renta básica universal será la única opción de buena parte de la población para escapar de la pobreza. Stephen Hawking ha llegado a afirmar que la inteligencia artificial "podría significar el fin de la raza humana".

Probablemente ninguno de nosotros esté aún vivo para cuando los robots piensen y sientan como los replicantes de 'Blade Runner' y sean tan indistinguibles de nosotros como ellos. Eso, en todo caso, no significa que no debamos empezar a plantearnos cuestiones éticas acerca de las vidas de estas máquinas -¿en qué casos, por ejemplo, podría estar justificado que una máquina tuviese derecho a matar?- y a regular nuestras relaciones con ellas.

El regreso de Babel

Entre los impagables personajes que habitan 'Blade Runner' se encuentra Gaff (Edward James Olmos), el oscuro policía rival de Deckard, que se comunica con una lengua macarrónica conocida como 'interlingua', mezcla de japonés, español, alemán, inglés y otros idiomas extendidos por las calles de Los Ángeles. Su figura ha resultado ser premonitoria de un presente en el que en las grandes ciudades del mundo dialogan entre sí multitudes de culturas, acentos y tradiciones. Asimismo, el retrato que el director Ridley Scott hizo de la urbe como un bazar de influencias asiáticas puede entenderse como un reflejo del miedo con el que Estados Unidos afronta en la actualidad el crecimiento económico de sus rivales, principalmente China. La diferencia está en que, si en los primeros puestos de la lista de las mayores fortunas del mundo en el 2017 hay nombres como el mexicano Carlos Slim y el chino Wang Jianlin, en lo más alto de la pirámide social de 'Blade Runner' solo había hombres blancos.  

Coches voladores en 'Blade Runner'.

Junglas de asfalto

El paisaje urbano diseñado por la película, compuesto por humeantes cocinas callejeras, monumentales rascacielos y mastodónticas pantallas publicitarias, parece haber sido el modelo en el que se inspiraron los arquitectos de las ciudades más ultramodernas del 2017, como por ejemplo Shanghái o Singapur. Cierto que los coches voladores siguen sin circular por nuestros cielos, aunque la compañía eslovaca Aeromobil asegura que a partir del 2020 empezará a comercializar su primer modelo –a precio de oro, por supuesto–. Por lo que respecta al resto de los 'gadgets' que decoran las escenas del filme, como las rudimentarias interfaces informáticas o las cabinas videotelefónicas, pertenecen a un futuro que ya ha sido superado hace tiempo. Aún más anacrónica, eso sí, resulta la cantidad de personajes de la película que fuman constantemente, incluso en espacios públicos cerrados. 

Harrison Ford, en 'Blade Runner'.

La pirámide social

Según 'Blade Runner', el mundo del 2019 es una sociedad partida literalmente en dos, entre los que tienen y los que no, un mundo en el que los ricos viven literalmente encima de los pobres en torres lujosas o emigran a las colonias extraterrestres con sus criados/esclavos, mientras las masas se hacinan a pie de calle. Actualmente, en el planeta hay 62 personas que, juntas, suman la misma riqueza que los 3.000 millones de personas más pobres del mundo. El de 'Blade Runner' es un mundo decrépito en el que el orden social se ha roto y en el que aquellos que la élite considera prescindibles son disparados en plena calle simplemente por intentar vivir como los demás. Es un escenario que resultará tristemente familiar a cualquiera que tenga la costumbre de ver las noticias en este 2017.

Un planeta enfermo

Especies animales extinguidas, lluvia permanente, aire completamente poluto… En 1982, Ridley Scott dio por hecho que cuatro décadas después el planeta estaría en un estado deplorable y, como bien sabemos, no se equivocaba: pese a lo que digan Donald Trump y algún que otro negacionista, el calentamiento global provocado por nuestra adicción a los combustibles fósiles está provocando la fusión de los glaciares y todo un catálogo de desastres naturales y humanos.

Rutger Hauer, en 'Blade Runner'.

El ciberpunk hecho realidad

'Blade Runner' habló de la creación de vidas en laboratorios mucho antes de los avances en la investigación con células madre, la modificación genética y secuenciación del genoma humano. La película se considera obra fundacional del ciberpunk, subgénero de la ciencia-ficción entre cuyos temas de cabecera se encuentra la posibilidad de reemplazar con maquinaria partes de los cuerpos que se nos adjudicaron al nacer, y hace tiempo que eso dejó de ser cosa del futuro. ¿Quién no tiene piezas de plástico o metal incrustadas en el cuerpo? ¿Quién no ha pensado alguna vez en implantarse un hígado de titanio para poder beber whisky sin mesura? Muchos dan por hecho que los humanos estamos cerca de ser inmortales. Pero, ¿no es precisamente nuestra esencia finita lo que nos hace humanos?

Temas: Cine