TEATRO

Érase una vez en el Barrio Chino...

Marc Martínez, el 'mataiaies' de 'Nit i dia', ha hecho su obra más personal, en todos los sentidos de la palabra, en lo que es un gran monólogo y crónica sentimental de infancia y adolescencia en el Raval

José Carlos Sorribes

Marc Martínez, en un momento de la obra.

Marc Martínez, en un momento de la obra. / DAVID RUANO

«Soy Marc Martínez Rodríguez y nací el 19 de enero de 1966 en el barri del raval de Barcelona mi madre era peluquera pero quería ser bailaora y mi padre ebanista pero por navidad canta flamenco total que sóc fill de malaguenya i català pero me encanta el sushi...»

Este párrafo fusilado -textual en sus libertades linguísticas y gramaticales- encabeza el autoperfil biográfico en la página web de la Associació d'Actors i Directors Professionals de Catalunya de uno de sus afiliados. Es el de quien puso cara -y qué chunga era- al perturbador personaje del mataiaies en la primera temporada de la aplaudida serie Nit i dia, de TV-3.

Martínez vivió en aquellos meses, con tres décadas de carrera bien pertrechada en su mochila, un redescubrimiento sonado por el gran público, el de la tele. Pero la fama de mataiaies es efímera y la vuelta a la carretera, en este caso al teatro, se ha producido con su proyecto más personal. Lo es porque responde, al pie de la letra (a modo de trailer), al párrafo autobiográfico que abre este texto.

Mal Martínez, humor i hòsties es, además, una pequeña delicatesen de esta temporada teatral. ¿Monólogo? ¿Concierto teatralizado? ¿Crónica personal, sentimental y nostálgica? Todo a la vez. Pero, antes que nada, un cuidado ejercicio teatral a cara descubierta de un actor en la madurez, y en forma a sus 51 tacos, tan lleno de verdad como libre de imposturas.

VIAJE PERSONAL Y COLECTIVO

Martínez ha reabierto el cuaderno de memorias juvenil en un viaje al pasado que lo es tanto personal como colectivo. Y ahí está uno de sus valores. Ese barrio que él retrata, que dibuja con cariño, nos lo ofrece con mirada de gran cronista. Un chaval que reconoce que se movía con el miedo como motor vital. Porque el Raval, el Chino de toda la vida, era en los primeros 80 el mismo laberinto de hoy. Pero entonces por sus callejuelas no se movían tantos turistas en expedición, sino personajes de todo pelaje... que aún siguen ahí. Muchos de ellos, los quinquis de toda la vida.

LO+

La verdad que transmite siempre un ejercicio teatral muy medido e ingenioso.

LO-

Arranca con calma -algo largo el recuerdo al profe pegón- hasta que coge buen ritmo.

Desgrana, y entre sorbos compulsivos de mirindas, las etapas de su infancia adolescencia, incluidas las hostias en su etapa escolar, en el piso superior del Teatre del Raval, donde estrenó la pieza antes de su paso al Regina. Es un álbum, todo un cuento, de recuerdos del que siempre hace partícipe al espectador. Lo consigue con espontaneidad, capacidad comunicativa, buen humor (grande el recuerdo a los bolos con su banda) y armado con un arsenal de instrumentos: guitarra, batería, cajón...

Y es que Martínez luce cada jueves en el Regina, de momento hasta finales de marzo, un catálogo todoterreno con un dos por uno -teatro más música-, que incluye canciones (una playlist con 21 piezas de variados palos) e imitaciones de Rubianes, Flotats, Raphael... Mal Martínez, humor i hòsties, un gran cuento del Barrio Chino. —