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GOLAZO EDITORIAL

Historias de fútbol: de las cracks de Preston al japonés que triunfó en Brasil

El periodista e historiador Toni Padilla cuenta en 'Atlas de una pasión esférica' las gestas de 34 locos del balón

Imma Muñoz

Ilustración de Pep Boatella para la portada de ’Atlas de una pasión esférica’, de Toni Padilla.

Ilustración de Pep Boatella para la portada de ’Atlas de una pasión esférica’, de Toni Padilla. / PEP BOATELLA

Suena el silbato, gira el balón y se para el mundo. Pocos objetos tienen, en la sociedad de hoy, tal capacidad movilizadora. Desmovilizadora, dirán algunos. También. Pero en este 'Atlas de una pasión esférica', el periodista e historiador Toni Padilla se aleja de la mirada que suele caer sobre este deporte (esa que cuenta puntos, millones y zancadillas) para indagar en todo lo inmaterial que cabe en un balón: la tenacidad, el orgullo, el sentimiento de pertenencia, la fe en uno mismo, el amor a un pueblo. Y encuentra historias que los ejemplifican en los seis continentes.

ÁFRICA

La libertad marca un gol

Un continente en permanente carrera de obstáculos propicia muchas historias emocionantes. La del equipo de fútbol de Sierra Leona cuyos jugadores son «goleadores sin botas» por culpa de las minas antipersona y los machetazos de la guerra. La del defensa zaireño que desairó al temible dictador Mobutu Sese Seko. Y, sobre todo, la de los jugadores argelinos, con Rachid Mekhloufi al frente, que formaron una selección, en plena pugna contra una Francia que se negaba a liberar a su colonia, para pasear por los estadios del mundo las ansias de libertad de su país. Renunciaron a la máxima aspiración de un futbolista, triunfar en un Mundial (el de 1958), para luchar en los terrenos de juego por la máxima aspiración de un pueblo: tener un Estado propio. Y golearon. 

AMÉRICA

Un estadio manchado de sangre

Jugadores que se suicidan por perder la titularidad en el club de sus amores, exiliados que hacen del fútbol una lucha, mujeres que desafían un millón de prejuicios para calzarse las botas de tacos y la relación del rey del reggae con el deporte rey centran algunos de los relatos con los que Padilla viaja, agarrado al balón, por el continente americano. Pero hay uno que sobrecoge especialmente: el de la dignidad del chileno Carlos Caszely. Obligado a jugar en el Estadio Nacional de Chile, en Santiago, el partido que clasificaba a su selección para el Mundial de 1974 (lo ganaron por incomparecencia de los soviéticos, que no estaban dispuestos a pisar --y con ello blanquear-- aquel centro de tortura pinochetista), el politizado futbolista se negó a estrechar la mano del dictador cuando este quiso felicitarlos. Años después apoyaría la campaña del no en el referéndum con el que Pinochet pretendía perpetuarse en el poder. Los chilenos aún aplauden el anuncio de televisión que protagonizó.

EUROPA

Y de aquellos polvos...

Las guerras mundiales son fuente de épica inagotable para nuestro continente. También en materia futbolística: partidos entre ejércitos enemigos que son una esperanza para la paz, victorias que resarcen de la humillación nazi, la heroicidad de Leo Harn, un árbitro en la Resistencia holandesa. Y pudieron haber cambiado la realidad del fútbol femenino. Con los hombres en el frente y necesidad de distracción, en 1917 un empresario inglés creó un equipo de fútbol con las obreras de su fábrica. Demostraron que eran tan buenas con los pies como con la cabeza. Llenaron estadios. Bombardearon prejuicios. Pero en 1921, olvidada la contienda, la federación inglesa prohibió a los equipos ceder sus campos para partidos de fútbol femenino. Hasta los años 70. Hay que leer el relato 'Las invencibles de Preston'. Para barrer los lodos de hoy.   

ASIA

El japonés que bailaba samba

A su manera. Como lo hizo todo: fregar suelos en Sao Paulo esperando su oportunidad como futbolista; marcar con un «estilo de juego anárquico» cuando por fin logró que lo fichara un equipo solvente (el Coritiba); promocionar con un baile el fútbol en su país, cuando volvió a lo grande; convertirse en el jugador más veterno de la historia en marcar un gol como profesional, con 50 años. La historia del japonés Kazu Miura es un canto al poder de la perseverancia. 

OCEANÍA Y LA ANTÁRTIDA

Territorios que hay que atreverse a explorar

¿Quién dice que el fútbol anula conciencias, estrecha mundos, venda ojos? A menos que estéis muy puestos en antropología, Padilla os va a hacer un descubrimiento que justifica, por sí solo, una lectura que ya es más que recomendable:la figura de las fa’afafine, personas de un tercer género, biológicamente masculinas pero femeninas en cuanto a roles, que viven sin complicación alguna, según el relato 'El orgullo de la fa'afafine', en la Samoa Americana. Oceanía como vanguardia transgénero. Que ríete tú de la osadía de los miembros del 'Endurance', la historia antártica que cierra el Atlas.