DESDE MUY ADENTRO

Sangrando tinta

'Ausencia de N', de Rafa Moreno, y 'Sin bragas en el cajón', del tándem Sánchez-Arrazola, encaran el desamor con distintas formas de poesía

Al poeta Rafa Moreno el haiku le pareció la mejor forma de modelar tanta emoción.

Al poeta Rafa Moreno el haiku le pareció la mejor forma de modelar tanta emoción. / ALBERT BERTRAN

El haiku (o haikú) es un poema japonés breve formado por 17 sílabas que se distribuyen en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Esa sería la definición enciclopédica, aunque, en realidad, para que el rigor nos permitiera aspirar a entrar en la Británica, tendríamos que hablar no de sílabas sino de moras, que vendrían a equivaler a las sílabas si no fuera por algunas complicaciones métricas. Pero no nos enfangaremos ahora en complejidades lingüísticas, que las puede haber en una estrofa tan simple, porque las que nos interesan aquí son las del alma. ¿Qué es un haiku en manos de Rafa Moreno? La dicha y el dolor, la purpurina y el lodo, el todo y la nada en 17 golpes de voz.

«Diecisiete golpes de voz para explicar qué eres, qué sientes, qué es el otro para ti… y conseguir remover, y removerte, por dentro", define el autor. Diecisiete golpes de voz para encarar una pérdida sentida (vivida) como una sima voraz, 1.037 para hallar un asidero. 'Ausencia de N o 60 haikus para el fin del mundo' (en realidad, 61) no está escrito: está sangrado. Su autor lo vomitó en 10 días de desolación absoluta, 10 días de supuración de heridas, 10 días de buceo por profundidades a las que solo se puede llegar a pulmón. Vomitó, se liberó, y se dijo: aquí está mi dolor en bruto, ahora vamos a trabajarlo.

SÍNTESIS CREATIVA

"Yo siempre he escrito, guiones, claro, pero también poesía, en verso libre, de inspiración romántica. Pero jamás había intentado publicar nada. Cuando me sumergí en este proceso de escritura, pensé que esto sí que iba a editarlo, me propuse que de aquí surgiera un libro. El primero". El haiku le pareció la mejor forma de modelar tanta emoción.

"No concibo ninguna expresión artística que no salga de las tripas. Ninguna, en ninguna disciplina. A cualquier expresión artística que proceda únicamente del trabajo siempre le faltará algo. Estos textos eran todo lo contrario: un vaciado muy intenso. Pero para que tuvieran valor literario había que pulirlos, y decidí hacerlo aplicando algo que he atesorado en muchos años de dedicación al márketing y la publicidad: la síntesis creativa. El haiku era la herramienta perfecta".

'Ausencia de N o 60 haikus para el fin del mundo'

Chiado editorial. 46 páginas. 7€

Esa misma experiencia profesional le decía que si quería que el libro trascendiera, tenía que lograr que funcionara como un artefacto en sí mismo, como objeto, casi. "Hay un término japonés que resume lo que yo pretendo lograr: kansei, que procede de kansensitividad, y seisensibilidad. O sea, hacer que los sentidos (el tacto del libro, su diseño) nos lleguen, y nos lleven, muy adentro".

EL ALMA EN MENOS DE UN PALMO 

El tamaño de bolsillo (el alma en menos de un palmo) y la disposición de los haikus, que funciona como una cuenta atrás (Transcurre igual / el Tiempo que el Olvido: / De atrás hacia ti) pero que también admite la lectura abriendo el (mini)volumen por cualquier página al azar para paladear sonoridades y silencios, son vehículos para ese viaje.

Un viaje en el que el lector encontrará ecos de sufrimientos ajenos que le retumbarán como propios, y en el que Moreno ha fundido su yo con el yo poético. "Creo que el yo y el yo poético somos siempre la misma persona, pero no nos damos permiso para serlo. Yo suelo ser muy pudoroso, pero esta vez me lo he permitido, porque me apetecía desnudarme. Y porque sentía que tenía algo que contar".

¿Quién caracterizaba el márketing y la publicidad como un mundo de gente de calculada superficialidad? ¡Caray con sus plumillas cuando miran adentro!

"CHICAS AL DESNUDO"

De la publicidad proceden las dos mujeres que hay detrás de otro libro frugal pero profundo, de otra mirada al dolor del desamor. La escritora María Isabel Sánchez Vegara convierte en píldoras de versos prosaicos o de prosa versificada (¡a saber!) un paseo desde el yo-voy-a-poder-con-esto hasta el que-te-den, pasando por el ni-contigo-ni-sin-ti y el dame-veneno-que-quiero-morir, y la ilustradora Amaia Arrazola las encapsula en una colección de bragas pintadas que, dependiendo del estado de ánimo, pueden ser picaronas, funcionales o del matapasiones color carne.  

"Corazones rotos, bragas destrozadas y una generación de chicas al desnudo". Así definen sus autoras 'Sin bragas en el cajón', formado por 40 microtextos que Sánchez Vegara había arrinconado, precisamente, en un cajón tras una mala experiencia amorosa y del que escaparon tras un encuentro con Arrazola en las Navidades de hace un año, según explica la ilustradora en el más que recomendable blog donde muestra sus proyectos, que van desde la humildad de estos íntimos pedazos de tela hasta la magnificencia de los tótems con los que singulariza locales y columnas a pie de asfalto.

'Sin bragas en el cajón'

Mª Isabel Sánchez Vegara y Amaia Arrazola

Como en el libro de Moreno, hay una sucesión, un orden, pero uno podría meter la mano y sacar unas bragas al azar, ponérselas y que le quedaran clavadas. Perfectas.

Aunque fuera un hombre, porque todos podemos reconocernos en la cotidianidad de haber estado "entretenida en la cocina. Hasta que aquella cebolla se puso a llorar", haber captado la verdad de un bofetón ("me quité la venda y se me cayeron los ojos") o haber sentido que bastaba una palabra para resumir un millón de emociones, una y para qué más: "hartísima".

De acuerdo, la libertad (¿anarquía?) de la manera de versificar, con la palabra y con la imagen, del tándem Sánchez-Arrazola no tiene nada que ver con la milimetrada métrica de Moreno, pero podemos considerar que estamos, si no ante libros hermanos, al menos primos.

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