LA NUEVA NORMALIDAD DE COPAS

De fiesta en Barcelona: el tardeo es la nueva noche

Para hacer ronda de bares, hay que dejar atrás el mito del tardón ibérico, cambiar los husos horarios y abrazar la puntualidad del viejo continente. Se imponen las juergas a la europea

Albert Fernández

En Iôsif han adelantado los horarios precovid para poder cerrar a la hora gubernamental cantando el ‘Bella ciao’.

En Iôsif han adelantado los horarios precovid para poder cerrar a la hora gubernamental cantando el ‘Bella ciao’. / FERRAN NADEU

Vas tarde. Te gusta llegar a las fiestas cuando todo el mundo lleva ya un rato entonado, darlo todo hasta el final y volver a casa a las tantas para dormirte con restos de chips en las comisuras. Pero toca sacudirse toda esa pachorra mediterránea y volverla disciplina europea. Si los bares cierran antes, habrá que aplicarse cierta puntualidad inglesa, alcanzar ritmos de metrónomo alemán y bañar nuestros tragos en conocimiento helenístico. Solo así podremos desembarcar a tiempo en esas barras que retuercen las agujas del reloj para garantizarnos la fiesta.

En Iôsif (Margarit, 27) te cambian literalmente la hora. Este garito de imaginería soviética decidió girarlo todo con sus Martes de Gattopardo: adelantan dos horas y media el horario de la vieja normalidad y te invitan a empezar antes el festival para así poder cerrar a la hora gubernamental cantando el 'Bella ciao' con aires trasnochados. Raúl Muniente, propietario de este revolucionario local de Poble-sec, cuenta que, con las discotecas cerradas, los domingos en Iôsif se animan, porque el personal llega con fuerza para la cumbia que suena desde la hora del vermut. Aquí se aspira a que la gente pique algunas tapas antes de entregarse al tardeo bolchevique. Eso sí, parece que, estando sentada, la parroquia renuncia un poco a ligar.

De cervezas en el Iôsif. / FERRAN NADEU

Un enclave ideal para celebrar ritos nórdicos es Ølgod Craft Beer Bar (Hospital, 74). Este local a medio camino entre la imaginería vikinga y la pulcritud de los mejores pubs alemanes es ideal para mantener a raya los nerviosismos sanitarios: la distancia está garantizada con sus mesas fijadas a la pared. Sus cervezas artesanales traen ecos de 'El anillo de los Nibelungos' a tu cabeza, aunque en realidad suenan punteos nerviosos de los Strokes.

Otra cervecería de elaboración finísima con espacio de sobras para no salpicarse gel hidroalcohólico es Garage Beer Co (Consell de Cent, 261). El ambiente reservado del gigantesco pub irlandés Michael Collins (plaza de la Sagrada Família, 4) es ideal para escuchar a tu colega conspiranoico detallarte cómo Miguel Bosé fundó el Club Bilderberg, y en el exquisito bar belga Belchica (Villarroel, 60) puedes enredarte temprano creando nuevas tendencias etílicas: mascarilla abajo, chupito arriba, mascarilla abajo, repites tres veces y te vas calentito a teletrabajar.

Fraternidad de barra

En Gràcia, otro pub con estilillo donde se come y bebe animadamente es Bar Viu (Perla, 26). Desde las seis de la tarde, este es el sitio ideal para darnos una tregua como la que compartieron franceses, ingleses y alemanes en las trincheras aquella Navidad de 1914. Enric Guillén reparte buen rollo desde la barra y promueve fraternidad en su local, porque tiene claras las consecuencias de que se divida a la sociedad, se demonice el ocio nocturno y desaparezcan los locales pequeños en pos de franquicias impersonales.

Curtis Audiophile Cafe. / ELISENDA PONS

Si pasamos lista a nuestros garitos predilectos, reconforta saber que Bar Vinil (Matilde, 2) sigue aportando calidez sin importar la hora, que Cassette Bar (Est, 11) conserva su magnetismo retro, que Curtis Audiophile Cafe (Mallorca, 196) sigue girando vinilos gloriosos, Buenavista Bar (Sant Crist, 23) se las apaña sin sus bingos musicales, y que si llegáis al Raval a la hora de la tarde apropiada, vais a tener el Bar Olimpic (Joaquín Costa, 25) o el Bodega Berlanga (Joaquín Costa, 39) para vosotros solitos. 

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Así que defiende tu bar. Si hablan de restricciones, tú intenta ver el vaso medio lleno; y procura acabarlo con un gesto medido, nada de grandes tragos y gestos cavernícolas pidiendo otra. Espíritu europeo, recuerda. Y si te apetece, espirituosos en la copa. El atardecer es la nueva medianoche.

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