San Calentín

Bares para magrearse en Barcelona

Nada tienen de especial dos mujeres que se dan la mano. Aunque en estos bares ideales para magrearse también podréis hacerlo debajo del mantel

Abel Cobos

Les Gens Que J’Aime, coctelería de ambientación modernista y con música chill.

Les Gens Que J’Aime, coctelería de ambientación modernista y con música chill. / ÁLVARO MONGE

Estáis en la cenita de San Valentín. Lleváis toda la noche jugando con los pies bajo la mesa y echándoos miraditas mientras os mordéis el labio. Pagáis la cuenta, salís a la calle, os besáis y, aunque sabéis que acabaréis la noche retozando entre las sábanas, todavía es pronto para ir a casa. Decidís tomar una copa más para continuar jugando a la seducción y así llegar al nivel de excitación de arrancaros la ropa a mordiscos.

Por supuesto, para este cometido no sirve cualquier bar con el que os crucéis. Hay unos elementos clave que determinan el local perfecto para magrearse en una cita: el primero, asientos cómodos. El segundo, que estén al lado y no frente a frente. El tercero, un ambiente romántico o uno que este tan abarrotado que nadie os preste atención. Estos son los ingredientes para conseguir que el «ir a tomar una copa» se convierta en la antesala de esas noches que tantas pensiones alimenticias le han costado a Julio Iglesias. Por suerte, Barcelona es una ciudad grande y tiene muchos bares esperando vuestros besos y toqueteos inocentes. 

Los dos más emblemáticos son Les Gens Que J’Aime (València, 286), una coctelería de ambientación modernista y con música chill, y Tinta Roja (Creu dels Molers, 17), un café-teatro de tango (su nombre sale de una obra de este género) decorado al estilo años 20. Ambos locales cuentan con una luz tenue, música tranquila y una escenografía romántica que los han proclamado como el lugar ideal donde 'rematar' una cita. 

LO+

Poder magrearse sin que se escandalice ningún Flanders.

LO-

Los asientos más íntimos son pocos y están muy codiciados. Tendrás que ir pronto.

Si te encuentras por el Raval, aunque a primera vista no parezca un lugar demasiado romántico -grupos de jóvenes bebiendo, música alta y es un local estrecho que hace esquina, por lo que se ve todo desde todos los ángulos-, el Betty Ford (Joaquín Costa, 56) tiene muchas posibilidades. En el fondo del bar hay unas butacas que, si llegas pronto, te las encontrarás vacías. Ahí, en cuanto llegue el gentío, estaréis protegidos de miraditas furtivas que os impedirían acurrucaros tranquilamente y besaros con más lengua que Shawn Mendes y Camila Cabello. 

Cerca de Tetuan está el Ocio Bar (Sardenya, 202). Aunque este local pueda quedarte un poco 'off-target', ya que va dirigido a la juventud asiática o de ascendencia asiática del barrio Fort Pienc (uno en los que la comunidad china está más asentada y más tejido asociativo y comercial ha construido), tiene algunas zonas con butacas y con cierta intimidad para ir con tu pareja. Además, los precios son baratos y las risas y gritos de los grupos de amigos haciendo botellón te permitirán decirle cosas subidas de tono a tu pareja sin que nadie se escandalice.

Cervezas con lote

O puedes optar por música en vivo, luces románticas y un local que recuerda a los pubs británicos. The Philharmonic (Mallorca, 204) ofrece, además de 'fish and chips', un ambiente ideal para llevar a esa persona a quien solo de mirar a los ojos ya te dan ganas de besarla. Aun así, aquí no hay butacas, así que tampoco podréis espachurraros en un sofá mientras notas su mano subiendo por tu pierna. 

De una estética similar son los Manchester Bar (uno en Valldonzella, 40, y otro en Milans, 5). Lo malo de estos es que la estética es más festiva pero menos cuqui. Lo bueno es que hay butacas y si vuestra relación es más sucia que romántica ya os irá bien para daros el lote mientras tomáis una cerveza. Del mismo estilo, en el Poblenou está Balius (Pujades, 196), que añade jazz a la ecuación. 

El Jardín del Alma. 

Pero si lo tuyo es la naturaleza, el Jardín del Alma, el bar del Hotel Alma (Mallorca, 271), también tiene butacas, mesas y asientos cómodos para una cita. Sin embargo, en este remanso de paz vegetal el ambiente es tranquilo, muy poco festivo, por lo que es recomendable reducir el magreo a hablaros cerquita y besaros comedidamente.

Por último, si sois mujeres (¡u hombres!) que se dan la mano por debajo del mantel, que diría Mecano, bares como La Chapelle (Muntaner, 67), El Cangrejo del Raval (Montserrat, 9) o La Frederica (Salvà, 3) seguro que os servirán (y sin miedo a recibir miradas inquisitivas cargadas de odio homófobo). Porque vivir el magreo sin miedo también es un derecho.